martes, 14 de noviembre de 2017

HE APRENDIDO A DECIR "NO" ANTES DE NAVIDAD



Mensaje de Navidad 2017
He aprendido a decir “no” antes de Navidad


Por Dr. Juan Aranda Gámiz


Nos balanceamos entre los deseos y las prohibiciones, porque siempre nos ubicamos cercanos a los extremos, ya que los términos "medio" no nos apetecen por insulsos, vagos o inaparentes. Nos estimula un proyecto con falsas promesas y grandes expectativas, acorralado entre limitantes y barreras que se presentan como obstáculos fácilmente franqueables, porque queremos transformar las llamadas de atención en oportunismos.

Y siempre rechazamos la oportunidad de mirarnos hacia adentro y mirarnos en nuestra esencia, donde se escribe lo que fuimos y lo que somos, lo que esperamos de nosotros y lo que añoramos ser, con o sin propuestas de crecimiento a la vista. Y es entonces, cuando nos descubrimos, que llegamos a conocernos en nuestros errores y vacíos, como si se tratase de un edificio en construcción y encontramos que hay más "síes" que "noes".

Con sorpresa sentimos que no hemos pronunciado la palabra "no" cuando quizás fue tan necesario hacerlo

A. No quiero beber una copa más porque tengo que conducir.
B. No me apetece ser millonario en un día, porque quiero estar orgulloso de lo que consigo con humildad
C. No es prudente herir a otro ser humano en su sensibilidad más profunda, porque somos iguales.
D. No es de recibo maltratar psicológicamente a nadie, porque las relaciones no son posesiones.
E. No he nacido para mirarme al espejo y tener que pedirle perdón, todos los días, a mi imagen reflejada
F. No quiero ser un ciudadano rechazado por todos debido a mis actitudes.
G. No dedicaré minutos de mi existencia a una empresa donde se violan los derechos humanos.
H. No me alejaré de la vida en común porque pueda acoger la bonanza de los oportunismos.
I.  No compraré sin preguntarme cómo llegó esto a mis manos.
J.  No me reiré si la risa sirve para menospreciar y alienar a otros vecinos del mundo.
K. No dejaré de gritar ante las injusticias.
L. No seré el que los demás deseen que sea sino el que pueda estar presente ante las necesidades de otros.
LL. No pondré en riesgo la vida de  quienes me rodean.
M. No contribuiré a hacer más daño del que ya está producido.
N. No sentiré el éxito de los demás como el equivalente a mis fracasos.
Ñ. No perderé ni un minuto en resaltar cuán importante es la presencia del otro en mis interrogantes.
O. No lloraré ni rezaré indefinidamente si puedo dar un paso adelante para quitar lágrimas a quien sufre.
P. No caminaré solo si puedo aliviar el peso del camino a quien encuentren mis pasos.
Q. No restaré oportunidades a quienes deseen superarme en su lucha.
R. No ganaré el pan con el sudor del de enfrente.
S. No desperdiciaré si puede ser útil cualquier cosa que pudiese ser aceptada, sin ser limosna.
T. No olvidaré los cimientos que soportan mi existencia
U. No dormiré sin estar dispuesto a soñar con la vida.
V. No dejaré de acariciar todo lo que me da razones para seguir viviendo.
W. No maltrataré el tiempo pasado para que hoy sea el presente de quien desee tener futuro.
X. No me sentiré solo en la soledad.
Y. No viajaré sin mirar y hablarle a la suela de mis zapatos y sus experiencias acumuladas.
Z. No dejaré de escribir y recordar por Navidad.

Que en estas Navidades aprendamos, desde el corazón, a decir "no" para que sintamos el "sí" distinto a una vida que nos espera y que los regalos de Reyes sean las respuestas a nuestro esfuerzo, empeño, compromiso y negación verdadera.

Tu amigo, que nunca te falla, te desea un feliz "NO" por esta Navidad.


JUAN 

lunes, 6 de noviembre de 2017

PASO A PASO

En muchos momentos de nuestra vida queremos llegar al destino sin pensar en lo que dejaremos en el camino, porque la ilusión y la propuesta de vida, en ese momento, es alcanzar -simple y llanamente- nuestro propósito.

En otras ocasiones detenemos nuestra marcha y nos desvanecemos tempranamente, agotamos nuestros deseos sin causa aparente y renunciamos a cualquier intento de alcanzar lo que nos proponemos, abatidos en la cama o en un rincón y llorando nuestro agotamiento temprano.

Somos incapaces de renacer de las cenizas y ahondar en nuestras verdades para dar pasos de gigante y superar las adversidades, fortaleciendo nuestros pasos y dándole brío a nuestros gritos de lucha propositiva.

Por todo ello, tanto por el agobio de lo desconocido como por el ímpetu desmedido, nos sentimos vacíos por no haber aprendido a disfrutar de la tarea constante de avanzar y la ilusión desaparece pronto, los esfuerzos no son aplaudidos y las verdades dejan de construirse día a día.

A veces, agradecemos los vítores que nos brinda la vida por haber alcanzado la "Tierra Prometida" antes de tiempo, a golpe de suerte o fortuna, pero en otros nos cobijamos en los brazos de apoyo de quienes desean impulsarnos para levantarnos del nuevo fracaso al que llegamos predestinados.

Ni el ejemplo se genera por llegar arriba de un rato a otro ni por la capacidad de resignación. La lucha no admite aplausos ni excusas cargadas de tristeza. La lucha diaria, la tenacidad de los empeños imposibles, la soledad de los vaivenes de la vida, el empuje del deseo más ferviente, el sentido de la marcha y el relato de los momentos tensos son los que darán sentido real a cada paso que demos en nuestro proyecto existencial.

No se vive para llegar sino para caminar. El camino está ahí para disfrutarlo y aprender de los senderos y la luz de las mañanas, no para encontrar atajos ni para acercarse a un rincón de sombra, ahogado de desesperación, negándose a caminar.

Los pasos que des, más o menos planificados y organizados, te permitirán sembrar semillas por doquier, arrastradas en la suela de tus zapatos, te curtirán la piel por una luz que te vigila y acompaña, sentirás que cada gota de sudor expresa el tesón y las ilusiones resquebrajadas, añorarás las voces cercanas y te enfrentarás a lo desconocido, hasta que lo hagas parte integral de tu personalidad.

Paso a paso evitarás sorpresas inesperadas y disfrutarás de las certezas que acompañarán a la seguridad de seguir siendo tú mismo, administrando tu propio caminar.

No hay mejor camino que el que se construye, paso a paso, pues sólo está el suelo que te soporta pero el camino lo haces tú.

Tu amigo, que nunca te falla



JUAN 

viernes, 27 de octubre de 2017

¿QUIÉN QUIERE LUZ?




Donde no hay luz jamás habrá verdad.

Donde la verdad esté ausente 
y la insensatez siga presente, 
cualquier color que esté presente
a mi voz la mantendrá ausente

Donde no hay luz jamás habrá verdad


Juan Aranda



Cuando se baja a las entrañas de la Tierra encontramos ambientes -muy obscuros- donde nadie se justifica ni se compromete porque, al no haber luz, es imposible firmar un acuerdo de mínimos y, al salir a la superficie, todo el mundo habla de lo que pasó allí "adentro" y nadie reconocerá su voz.

Hubiese sido lógico que alguien llevase la luz, en forma de palabra, para iluminar a quienes sentían la presencia de la obscuridad y la realidad se hubiese hecho visible, para luego haber podido hablar de ella y de sus protagonistas verdaderos.

Otros, quizás, hubiesen acercado una luz -presente en los gestos- con lo que las actitudes hubiesen aprendido de las almas propositivas y, aunque no se copiasen las herramientas para vivir "a obscuras", hubiésemos estado liderados por un "primer paso" para encontrar la puerta de salida y luego propiciar un abrazo de reencuentro, tan necesario allí abajo y tan verdadero a la luz de los menesteres más elementales.

Algunos, es posible, que fuesen por una vela y con la emblemática imagen de una lágrima suspendida en la cera, hubieran podido ver los claro-obscuros propios en todo ambiente desconocido, para posicionar las miradas y mantener equidistantes los propósitos.

Pudiera haber tenido cabida quien se acercase con candelabro, a la vieja usanza, reflejando en el cobre sus intenciones y en sus múltiples ojos encendidos la predisposición innata a discutir sobre la limpieza de la luz, allá afuera, frente a la quimera de una luz inexistente, aquí abajo.

Y sería un buen propósito, quizás arcaico pero oportuno, cargar leña y encender fuego a través del frotamiento más primitivo, para que a la luz de la hoguera se hubiesen podido discutir los elementos de verdad que llenan las páginas de los pequeños acuerdos, detrás de los que siempre habrá grandes esfuerzos por ceder para ganar y por comprender para construir.

A pesar de todo, lo ideal hubiese sido que alguien hubiese abierto "una rejilla de luz", el mínimo permisible para darse cuenta que hay vida más allá de las sombras y que por esa mirilla hubiéramos podido adivinar los abrazos de reencuentro de quienes confiaron en que no nos íbamos a perder en la obscuridad.

Alguien debería haber dicho que es necesaria la luz, aunque nadie la pidiera, porque lo que quedará para la historia no quedará en la obscuridad y los tropiezos siempre serán menos probables, el aplauso apagaría la luz de las velas encendidas y la luz del día nos hablaría de que nada fue secreto "allá abajo"

Tu amigo, que nunca te falla



JUAN

miércoles, 4 de octubre de 2017

LAS PREPOSICIONES DAN MIEDO


¿Qué hacer cuando nos enfrentamos A una catástrofe que no se había anunciado y comprobamos el sufrimiento DE un pueblo que se retuerce de interrogantes?

¿Qué actitud tomar ANTE el castigo de unos padres que no están BAJO observación y nunca aprendieron la mejor manera DE educar a sus hijos?

¿DESDE dónde vienen los lamentos de niños CON hambre que nadie escucha?

¿CONTRA quién habrá que luchar para que los problemas sigan su curso SIN encontrar víctimas inocentes?

¿HACIA qué punto debemos dirigirnos cuando estamos perdidos?

¿POR qué razón no se llega a un acuerdo por los líderes internacionales si está en juego la paz mundial?

¿CABE detenerse un rato para pensar en mis verdaderas actitudes?

¿DE qué valores estamos hablando si quienes tienen que dar ejemplo se refugian en sus impulsos?

¿EN qué sociedad se ahorran los gestos por miedo a que se copien?

¿ENTRE cuáles alternativas discurre la posibilidad de diálogo para solucionar una temática concreta?

¿HASTA cuándo existirán las diferencias entre grupos sociales?

¿Merece la pena seguir intentándolo PARA que sigan coartando la libertad de tus esfuerzos?

¿Hay tantos sinsentidos o se puntuarán SEGÚN su procedencia?

¿Es probable que se pueda opinar SIN antes haber leído?

¿Será factible acceder a un diálogo sin querer estar SOBRE el planteamiento del otro?

¿Se puede ir siempre TRAS los sueños?


Tu amigo, que nunca te falla




JUAN



sábado, 30 de septiembre de 2017

NO DEBEMOS VIVIR SIN TENSIONES

Nos adueñamos de la paz y pensamos que quienes sufren tienen -o al menos están expuestos a- un mayor nivel de riesgo que quienes se toman la vida con la suficiente calma como para no alborotarse por nada de lo que acontece a su alrededor.

La tensión, entendida como la preocupación constante por algo que nos afecta, directa o indirectamente, es un modo de mantener el estado de alerta, aunque cada quien la manifieste a su antojo. Habrá muchos que salgan corriendo ante las dificultades y escondan la cabeza bajo tierra, esperando que pase el terremoto de acontecimientos que está condicionando su existencia, como también habrá quienes analizan la situación, descubren estrategias, buscan soportes y logran superar todo lo que se presente, venga por donde venga. 

Y es que no hay que temer a las barreras en esta vida, porque nos despiertan el ingenio y nos proponen un análisis real, metódico, singular y propositivo de esas circunstancias que siempre pasan de largo por nuestras vidas pero que, al detenernos por un rato, le empezamos a encontrar el sabor característico y el impacto verdadero que podrían imprimir a nuestras vidas. 

Algunas situaciones que pareciesen cuesta arriba, en un primer momento, cuando se encuentra un soporte -ese alguien dispuesto a acompañarnos para hacerle  un frente común- se descubren modos de enriquecerse con la actitud de los demás y se aprende a ser más fuerte, si cabe.

Las dificultades, asimismo, son necesarias para equilibrar las alegrías y darle un punto "salado" a lo que pareciese ser un toque "dulce" de  los acontecimientos. 

La vida tiene más sentido si nos preparamos para el éxito y el fracaso, pues no todo será transformado en un repique de campanas, que igual tocan para anunciar el nacimiento de Jesús como para una misa de Réquiem. 

No se puede ser conformista si pretendemos vivir en un mundo lleno de conflictos, entre los que habrá algunos que nos afecten y otros que no, pero tampoco podemos ser egoístas y vivir peleando con los nuestros, sino acercarnos a los de los demás para servirles de soporte y hacerle su existir más llevadero en su propia lucha. 

Quien vive sin tensiones está luchando una batalla sin alicientes. Tener la oportunidad de extraer una enseñanza es patrimonio de aquellos que se involucran en un descubrimiento interior frente a las dificultades. 

Al fin y al cabo, hay que agradecer a la vida que nos ponga retos para superarnos y barreras para aprender a franquearlas, porque la vida está plena de actitudes que deben imitarse y sólo debiera hacerse con aquellas que demostraron ser reales, eficaces y verdaderas.

Yo, personalmente, vivo esperando las tensiones que tengan que presentarse y preparándome para aquellas otras en las que pueda participar, con el único propósito de hacer una realidad la propuesta personal de vida de "estar presente en la vida del otro" porque, al fin y al cabo, es el mejor camino par alcanzar el bien común, del que dependerá -a posterior- nuestro propio estado de bienestar. 

Que las tensiones no sirvan de ruptura en las parejas, en las relaciones de amistad o inter-personales, porque en ese espacio es donde se deben encontrar los apoyos para salir "a flote" con el soporte del otro. 

Y, si pensamos mucho más allá, es ideal sentir la necesidad de afrontar para re-enamorarse, seguir conquistando, valorar mucho más a los demás y para conocerse cada día más y mejor, la fuente verdadera de la felicidad plena. 

Tu amigo, que nunca te falla




JUAN  

miércoles, 6 de septiembre de 2017

LA VERDAD DEL PASAPORTE NO ES MENTIRA

Normalmente precisamos un documento, en este caso el pasaporte,  para atravesar las fronteras de un país y adentrarse en un territorio donde precisas estar identificado y haber sido aceptado con las restricciones que marca la legislación vigente en cada territorio.

Cuando lo hacemos y caminamos libremente por las calles de las ciudades o pueblos del país al que llegamos, nos debemos sentir agradecidos por la hospitalidad y aprender a comportarse en el mismo modo debe ser un reto para cualquier turista o ciudadano de ocasión.

El mundo, sin embargo, debiese estar libre de aduanas y permitir la libre circulación para que todos nos sintiésemos cada día más hermanados en palabra y obra, vigilando la integridad patrimonial y de sus ciudadanos, amparando los sueños como recorridos necesarios para un progreso común e impulsando a las generaciones para que aprendan a vivir en comunión, sin envidias ni menosprecio algunos. 

Por todo ello, si aquí abajo utilizamos el pasaporte para conocer y visitar otros lares, es lógico pensar que debiera existir un pasaporte -que nadie dispone- para lograr atravesar la puerta de entrada al cielo y explorar ese sueño que tenemos tan a diario y saludar a los santos y conversar en la misma lengua con ángeles y toda la gente honesta que se adelantó en el camino de ida y que dan vida a un espacio de verdad y paz.

Sin embargo, aprendiendo a ser seres humanos más libres en su movimiento y erradicando las fronteras que ponen nombre a los territorios, los que se defienden con el honor y la sangre derramada de sus conciudadanos, podríamos llegar a pensar que no necesitamos preparar ningún pasaporte para entrar a ese cielo donde todos aspiramos a descansar sin espera. 

Yo, personalmente, quisiera un ambiente cargado de fragilidad y sensibilidad, donde los pecados fuesen las señales de tránsito para poder circular con moderación y respeto, con una misma lengua para que todos fuésemos bilingûes (la lengua nativa y la lengua del cielo) y que fuésemos capaces de llevar a cabo una traducción simultánea. 

Vivo con la ilusión de un niño que sólo requiere una mirada permisiva para reconocer que el paso que va a dar no infringe ninguna norma y que gateando puede llegar lejos, tanto como se lo permita su imaginación, sin perder de referente el apego a la figura de su progenitor.

Y si fuese necesario y requerido el uso de un pasaporte quisiera que en el mío se escribiese:

   -Vengo hasta aquí porque alguien me dió la dirección y el autobús me dejó en la puerta, quisiera que nadie me prohibiese entrar ni salir, en el caso que mis sueños no coincidan con la realidad, porque debe ser democrático explorar y comprobar que también se hace inventario en el cielo y no se ha pasado nada por alto. Agradecido por el recorrido, creo que estoy convencido y me voy a quedar, para lo que voy a tramitar mi carta de naturalización en el cielo.

La opción de vida debe ser también la opción en el más allá, donde se quede quien lo desee, aunque todos nos lo merezcamos, bien sea para descansar o pedir un perdón constante a todos a quienes se les hizo algún daño en este mundo de paso. Cerrar las puertas no es una buena opción en ese pasaporte hipotético que algunos creen que pudiera existir y que yo me resisto a creer.

Yo me imagino un cielo donde haya todas las dimensiones posibles de la palabra "amar", una cruz gigante para que todos podamos adoptar la posición sacrificada y sufrir concediendo perdón, un espacio libre con una calle en un sólo sentido, un camino de peregrinación que no tiene fin y una oficina para recoger el pase hacia la libertad verdadera, aunque algunos la tengan condicionada a un perdón que a algunos les tardará en llegar.

Y si eso fuese así...¿por qué no copiamos del cielo y hacemos lo mismo en este mundo para ir preparados a ese estilo de vida, al que algunos creen que no se adaptarán bien y otros piensan que nunca lo verán porque no consiguieron el pasaporte, en vida?

Tu amigo, que nunca te falla




JUAN 



jueves, 31 de agosto de 2017

¿DÓNDE ESTÁ TU IGLESIA?

Hay muchas personas que se conocen el edificio de su iglesia y acuden en los horarios pre-concertados, porque tienen la imagen de una iglesia que se define por un espacio de oración y silencio, donde el encuentro acerca y las miradas generan complicidad, a fin de escuchar pasivamente un sermón mientras otros se siguen acompañando del desencanto de las maldiciones en su vida.

Hay seres humanos que abren y cierran espacios de diálogo y cercanía, apoyo y soportes para quienes aún no tienen claro el concepto de iglesia y crecen aprendiendo a hacer iglesia, porque nadie se viste de gala ni se lee un evangelio escrito para interpretarlo, comparten una hostia diferente y se escucha la palabra de Dios en boca de quien sufre y no se relata nada más allá de lo que permite el momento.

Hay quien aprovecha para transformar la iglesia en pastoral constante con su ejemplo, sus vivencias, sus mensajes, su propuesta de voz acostumbrada que se sigue -con más desamparo que fe- por quienes creen que vivir puede ser una experiencia válida estando en un proceso continuo de resolución de dudas, a través de la lectura o la participación en grupos de auto-ayuda.

Hay quien desarrolla su actividad, o profesión, haciendo iglesia con sus actitudes válidas y coherentes, su respeto por el bien común y su afán por transmitir las enseñanzas, como un aditivo que acompaña gratis al producto que oferta en el mercado, desde cualquier bien hasta un servicio.

Hay seres humanos que se sacrifican en silencio, sin dolor ni angustia, sin prisas ni pausas, entregando todo lo que pueden y saben para satisfacer las necesidades de los demás y sólo esperan -a cambio- una sonrisa o un abrazo -por necesidad o agradecimiento- y sienten la verdad interior de una iglesia olvidada en ese gesto anónimo.

Hay muchas personas que se conforman con vivir la vida sin anunciarse, pasando desapercibidos en su figura y su presencia, pero tan necesarios en nuestras vidas que los olvidamos frecuentemente y luego se van de este mundo casi sin dejar rastro, aunque sí una huella profunda en el alma y también hacen una iglesia peculiar y diferente, silenciosa y oportuna.

Hay quien reza insistentemente, queriendo atraer la atención del despiste de muchos santos, implorando clemencia y perdón, queriendo alejar castigos y maldiciones, preocupándose de todos los demás en los grandes abismos, cuando sólo la suerte los salvará de su destino incierto y golpean su pecho abogando por sus necesidades no satisfechas, olvidándose luego -y muy pronto- de sus deberes como ciudadanos y sus responsabilidades ante los demás.

Hay seres humanos que se refugian en el liderazgo del bien después de haber estado inundados en el fango del mal y surgen como redentores de una sociedad que creen conocer a la perfección y procuran aplicar medidas preventivas, a partir de la educación franca sobre ese sub-mundo tan peligroso y desenfocado y ahí encuentran los peldaños que deben subir, día a día, para seguir su propio proceso de recuperación, el que consideran su propia iglesia.

Hay muchas personas que creen y aceptan que su iglesia está donde no haya iglesias y que sus pasos los darán donde no encuentren imágenes, que sus lamentos los digieren en silencio por el hartazgo con la vida y porque no han encontrado nunca respuesta a sus plegarias y no desean saber nada de ninguna iglesia.

Hay seres humanos que acuden a la iglesia para confesar sus pecados triviales, porque la monotonía social les arrastra a los vaivenes de los prejuicios y se consideran impíos por vomitar la superficie de todo el mal que llevan dentro y que desconocen, a conciencia, porque en el fondo se consideran de mejor estirpe y condición social.

Hay quien nunca escuchó que hay una iglesia o muchas, que el corazón tiende a palpitar cuando encuentras la tuya y que el conocerla le devuelve el sentido a tu vida y para ellos, para que aprendan a enamorarse de la vida que les llene, he escrito estos párrafos cargados de la Eucaristía de la vida diaria, en la que la homilía sea el mensaje compartido, cargado de apoyo y perdón y la consagración sea la manera más viva de compartir lo que se tiene, de palabra u obra, por sentirse útil en la vida de los demás.

Tu amigo, que nunca te falla



JUAN  


jueves, 17 de agosto de 2017

SOMOS BALONES ROTOS

Cuando queremos jugar al fútbol sacamos el balón del trastero o del patio, escondido detrás de alguna maceta y lo apretamos con los dedos, lo limpiamos para que luzca brillante y lo botamos, con la única pretensión de conocer si tiene la presión necesaria para disputar un partido, sin que se interpongan quejas ni reclamos porque la pelota no reunía las condiciones necesarias para el juego.

En la vida nos olvidamos como ese balón escondido en aquel baúl del olvido, nos inflamos y nos miramos al espejo porque queremos aparentar lo que quizás no seamos y damos unos brincos al reconocer que precisamos unos días de ejercicio, con el único propósito de acomodar nuestra existencia a una terapia preventiva o a una compañía que siempre vivió practicando deporte y no queremos ser tachados de insensatos ni de hábitos sedentarios.

Al dar los primeros pasos nos desinflamos rápidamente y no seguimos el ejemplo porque nos falta la energía necesaria para reír o disfrutar con un mínimo esfuerzo, por lo que buscamos el rincón para refrescarnos, la silla para reposar nuestro desgaste o la cama que controle nuestras palpitaciones.

En el fondo somos balones rotos, descuidados en el tiempo y desinflados por un desinterés personal en mantener activas nuestras sensibilidades y aprehensiones, manejando nuestros intereses acorde a los ritmos que marca la moda o los presupuestos de una sociedad de consumo.

No estamos dispuestos para conversar cuando nace un diálogo ni somos oportunos para compartir cuando surge una necesidad, nos alejamos cuando se despierta la sensibilidad de un apoyo incondicional y balanceamos nuestros prejuicios si la presencia la confundimos con una pérdida banal de tiempo.

La pregunta que siempre me hago es por qué?

(1) No somos capaces de valorar lo que tenemos aprendiendo a mantenerlo en las mismas condiciones?
(2) Nos cuesta tanto trabajo revisar nuestras prioridades para que no huyamos ante una llamada?
(3) Nos llega a herir tanto la verdad absoluta si se pronuncia sinceramente?
(4) No salimos a nuestro propio rescate cuando el espejo nos llama la atención?
(5) No contestamos ante las preguntas que surgen de nuestros sueños?

Si todo transcurriese llenando de respuestas nuestra vida, reencontrándonos en cada paso, cicatrizando heridas del pasado, revisando nuestras opciones vitales, valorando lo que tenemos y lo que nos rodea, seríamos balones íntegros, dispuestos a disputar cualquier encuentro sin violar ninguna norma de juego y no balones desinflados, desacomodados, incompletos e incapaces de aportar al juego lo que la pelota da de movimiento, persecución, arte, traspaso, fairplay y carisma, de los que luego hablarán todos los espectadores y por lo que seguirán valorando el espectáculo, que al fin y al cabo son las vivencias que nos completan y que nos definen la personalidad de la que hoy hacemos gala.

Tu amigo, que nunca te falla, quisiera invitarte a que te revises en tu interior y que intentes dejar de ser un balón roto, por si se te necesita para disputar un diálogo -o un aporte válido- en el campo de fútbol de la vida.

Tu amigo, que nunca te falla




JUAN 

miércoles, 9 de agosto de 2017

VEO QUE NO TE VES




Hay muchos momentos, en nuestras vidas, en que creemos que todo nos va de maravilla y, mientras más nos vemos por fuera, mejor creemos que estamos por dentro.

Sin embargo, no estamos solos en el mundo y somos incapaces de mirar a nuestro alrededor y demostrar que formamos parte de una realidad a la que nos debemos y en la que nos tenemos que incluir, más pronto que tarde, para que sintamos la presencia de los demás y podamos aportar, al mismo tiempo, al estado de bienestar general mirando desde el corazón a los demás.

Pensamos que el espejo nos va a decir, como en el cuento de La Cenicienta, que todo está bien y que aparentamos lo que realmente somos, pero la realidad es diferente y sólo nos quedamos conformes cuando descubrimos algún limitante o problema en el otro y nos manifestamos incapaces de hacer nada por aliviarles su dolor o su pena, más allá de gritar y disculparnos con el futuro que nunca se detuvo en su marcha, pero aún así es valioso ejemplarizar nuestro apoyo incondicional, desde la arista que la vida nos lo pida.

Debemos entender que somos parte de una realidad, tan crítica como real, que nos brinda oportunidades de desarrollarnos y aspirar, pero que al mismo tiempo nos presenta amenazas, como castigos, que tenemos que aprender a superar para seguir creciendo en actitudes y modelos.

No hay un bienestar completo ni integral, porque siempre encontraremos alguna astilla que nos molesta, por incómoda o inesperada, con lo que despertamos ante el espejo y empezamos a dudar de su criterio y le consideramos embustero, porque hemos hallado que padecemos de algo que desconocíamos y que nunca descubrí en mi imagen "en espejo" o que nos enteramos que a algún familiar o amigo le llegó la nota, desde alguna oficina del cielo, para que vaya preparando las maletas y tolerando el dolor que antecede a la despedida final.

Hay que aprender a verse, por dentro y por fuera, a los lados y a los alrededores, porque ahí están las claves para vivir el día a día, con el apoyo y los soportes de los demás, el diálogo constante con la vida y la necesidad de los recursos naturales para vivir, la integración de nuestras funciones vitales y la armonía precisa para que el reloj biológico no cambia su rumbo.

Cuando se descubre que no todo es como se pensaba, empezamos a balancear nuestros desequilibrios y nos invade un sentimiento de tristeza inoportuna, acongojando nuestra alma y exprimiendo nuestros recuerdos, porque asumimos que la vida nos arranca parte de nuestro ser.

Ese es el momento en el que aprendemos a ver y podemos mirar más allá de los ojos que nos miran, descubriendo ese algo que nos permita adelantarnos a cualquier acontecimiento, aún a sabiendas que Dios tiene siempre la última palabra.

No es tan difícil ver que no nos vemos y mirar que no nos miramos, pues al adquirir conciencia de la necesidad que tenemos de seguir viendo y mirando, aprendemos a descubrir y en el hallazgo estará siempre el comienzo de un largo camino que, en algunas ocasiones, determina un éxito en la curación o la re-inserción social.

Enseñemos a los niños a que vean más de lo que es aparente y descubran donde pareciese que no hay nada más que descubrir, porque esta actitud estará siempre muy por encima de la caligrafía medida y acomodada, ya que los gestos de apoyo son la mejor muestra para aprender a ser y no sólo para aprender a escribir correctamente.

Tu amigo, que nunca te falla



JUAN  

domingo, 30 de julio de 2017

SE ACABA ANTES DE EMPEZAR




Muchas personas terminan su proyecto, bien o mal encauzado, antes de iniciarlo, porque no pensaron en la logística necesaria para levantar todas y cada una de las estrategias que habían diseñado.

¿Por qué no abrimos puertas a quienes nos enseñan uno de los tantos caminos que la vida abre para entrar en el mundo de las oportunidades verdaderas'

Muchos padres terminaron su sueño de serlo antes de que la mujer quedara embarazada, porque perdieron la ilusión de educar y criar, enseñar y levantar tras una experiencia frustrante en su vida y el anhelo de una gestación se disipó en el vacío.

¿Por qué  no enseñamos a los hijos el misterio de ser padres y la responsabilidad de ser progenitores, antes de que se lo planteen pensando en su propia experiencia de vida?

Muchos niños despertaron con la ilusión de ser mayores para cambiar el mundo y se les derrumbó el proyecto cuando miraron los diferentes mundos que les rodean y comprobaron que no hay un empeño en cambiar, salvo en beneficio propio.

¿Por qué no paseamos por el mundo aportando y no de vacaciones, compartiendo y no tomando fotos, integrando lo que le regalemos y no distanciando con las miradas, para que otros comprueben que este proyecto comùn tiene sentido y que los cambios son tan necesarios como reales?

Muchos profesionales soñaron con aportar con investigaciones que incorporaban al cuento de la lechera, pero al analizar el impacto y el sentido que se le dan a la mayoría de las investigaciones que nacen y se van desarrollando en este mundo, orientadas al beneficio de las grandes minorías, en menosprecio de las grandes mayorías, abortaron su ilusión y buscaron el modo de hacer más felices a quienes les rodean en el día a día.

¿Por qué no descubrimos la investigación caminando, sin presupuesto para zapatos y los jóvenes aprenderán a leer investigando?

Muchos anónimos lanzan voces al desierto de los intereses creados y creyeron ser escuchados con la atención que creyeron merecer, pero se acabó su paciencia cuando se agotó la fuerza de su voz.

¿Por qué no descubrimos el color del eco, para que la voz se transforme en apoyo y enseñanza, al mismo tiempo?

Muchos amigos esperaron mucho de quienes se vincularon afectivamente, en espera de que hubiese un giro en sus ratos de soledad y la proyección se nubló antes de que aclarase el día porque era fruto de un sueño reconfortante y fresco, pero al mismo tiempo inoportuno y rancio.

¿Por qué no le dedicamos a la palabra "amistad" una página del diccionario y lo dejamos abierto para que se puedan ir añadiendo experiencias y connotaciones, realidades y descubrimientos en el encuentro entre amigos?

Tu amigo, que nunca te falla, quiere que empieces y no acabes tan pronto, que sueñes y no te derrumbes en el primer intento, porque hayas formado parte de una sociedad construida en oportunidades y valores, al mismo tiempo, la que nosotros debemos forjar para todos quienes estáis empezando a soñar y a volar.

Juan

martes, 4 de julio de 2017

EL MUNDO ESTÁ TIRITANDO


Cuando te levantas sientes que la calle está fría y las voces tiritan, los paladares son tan diversos como los colores y los problemas caminan descuidados, esperando una voz que las trate o un abrazo que les baje la temperatura.

Intentas cruzar una calle vacía y sientes las miradas de cuantos observan cómo van pasando los días, sin pena ni gloria, al ritmo de la monotonía más dominante y sólo algunos se salen de la órbita y son capaces de visualizar los sinsabores de la vida y los van relatando, gota a gota.

La gente sigue protestando porque no encuentra satisfechos sus derechos, aunque tampoco esté dispuesta a cumplir todos sus deberes, el dinero pasa de mano en mano y siempre habrá alguien que corretee detrás de quien quiso usurpar o hurtar una cartera o arrancó una cadena del cuello de esa señora que tenía un andar respingón y pretendía manifestar su clase social sin tapujos.

Te sientas a ver y escuchar las noticias, esperando que te llenen de nuevo conocimiento y te cargan de tristeza y desamparo, del mismo que sienten seres humanos anónimos que se rozaron con las injusticias desde el mismo momento en que se levantaron.

Pareciese que los meses estuviesen enfermos y sólo sintieran alivio los primeros días, pues los accidentes siguen ocurriendo a pesar de las normas, los femicidios no se detienen por aprender más ética y el engaño pareciese ser el padrenuestro que se ha transformado en un nuevo estilo de vida.

Hablamos de nuestros padres como un punto y coma, queriendo separar nuestra tarea de los afectos. Nos acoplamos a la profesión para lucrar y mucho menos para servir, vendemos una imagen que no se corresponde con la que debiera ser y vamos siempre a comprar a donde sabemos que nos deben comprar.

Tocamos a la puerta de donde creemos que nos pueden abrir, anunciamos lo que hemos dejado de hacer como si se hubiese culminado una tarea pendiente, preparamos el discurso para enaltecer nuestro ego y seguimos comiendo en reuniones de trabajo donde se maltrata la vida de los más necesitados.

Nos aprendemos los diez mandamientos para recordar a los demás que los cumplan, reímos para humillar y no para generar relax, pedimos mucho a cambio por los pasos tan cortos que damos en nuestro vivir y comemos lo que estamos acostumbrados a desperdiciar, sin pensar en los que mueren de hambre.

Nos alejamos de los comentarios por miedo a que nos salpiquen, depositamos nuestro voto sin pensar en el futuro, lloramos por compasión y no compartimos el llanto, abrazamos para saborear el abrazo del otro y no para extender nuestra felicidad, caminamos para desaturar nuestros momentos de estrés y viajamos para conocer a los demás, sin esperar que nos conozcan.

Vamos al médico para curar nuestro instante enfermo y hacemos ejercicio para fortalecer nuestras miradas, continuamos escupiendo en el suelo lo que luego el aire se llevará tan campante, nos miramos al espejo sin hacerle caso y dormimos a la misma hora, sin haber generado nada positivo durante la jornada.

Por todo esto, porque pareciese que cuesta trabajo compartir un beso y un abrazo, porque nos alejamos de los demás para seguir respirando y nos acercamos cuando creemos que no vamos a poder respirar, porque no tenemos tiempo para estar sino sólo para ser, es por lo que creo que "el mundo está tiritando" y precisa una valoración médica, un chequeo preventivo o un ingreso prolongado, esperando que algún día, cuando sea dado de alta, volvamos a mirar con el corazón y a abrazar con los sentidos.

Tu amigo, que nunca te falla



JUAN 




martes, 27 de junio de 2017

VEN SI NO TE VAS

La verdad de las discrepancias en las relaciones humanas está en no saber ceder en tu espacio de opinión y luchar, a regañadientes, por imponer tu criterio en un diálogo que pronto se transformará en disputa, rompiendo el equilibrio de juicios y marchándote a doquier por salvar tu orgullo prepotente.

Aceptar el reto de enfrentar la crítica, responder a los menesteres que te impone la vida alborotada e intentar anteponer la calma a la turbulencia, aunque se de, es el mejor camino para llegar a saborear opiniones que te pueden ayudar a reconocer el sentido verdadero de los conflictos, ahondar en las respuestas a tus inquietudes y descubrir lo que subyace a las miradas que esquivan y se alejan.

Hay personas que se catalogan como "consecuentes" y ahorran palabras para evitar discusiones, lo que al final propone un distanciamiento notable al no haber existido la posibilidad de dialogar sobre las verdades aparentes y los interrogantes tan manifiestos, aunque creamos que todo ello nos permitirá vivir en una paz aparente y limpia. 

Sin embargo, en vez de buscar la huida fácil y la escapatoria visible, lo más común en situaciones tensas, hay quien tiende a acercarse para mirar de frente y escuchar en silencio, a fin de proponer nuevas estrategias de relación y procurar que cada persona pueda vomitar su interpretación de la realidad y, en nuestra actitud paciente, encuentre la paz interior para reflexionar y acomodar su inquietud en las relaciones inter-personales. 

"Ven si no te vas" sería un llamado de atención a todos quienes explotan al interpretar el primer gesto y no desean escuchar el primer comentario, porque si aún no tomó la decisión de salir corriendo y olvidarse de todo y de todos es necesario avenirse y mirarse, acercarse y escuchar, con el único fin de aprender de la situación y recibir cuantas salpicaduras se pronuncien, pues ahí radica la esencia de la comprensión y el perdón.

Muchos creerán que deben interpretar refranes en ese momento, tales como "a palabras necias oídos sordos", pero no debemos olvidar que si el otro no se va y tiende a acercarse debemos aprovechar la oportunidad de dialogar para llegar a conocernos mejor y a resucitar la templanza de quien se alborota a las primeras de cambio.

"Nunca es tarde si la dicha es buena" y escuchar puede ser el primer paso para aprender, el mejor momento para asentir, la mejor oportunidad para descubrir y la mejor excusa para abrazar.

Así que "si no te vas, ven", porque todos esperamos tener las oportunidades para reencontrarnos y olvidar los minutos de desencuentro con miradas de esperanza.

Si nadie lleva razón es porque el diálogo es compartido y la verdad se reparte a partes iguales, lo que obligará a buscar las razones interiores para disparar y los motivos que transforman el discurso en monólogo.

"Ven si no te vas" y hablemos de lo que somos y lo que compartimos, lo que miramos y a lo que nos referimos, porque es el libro abierto de la vida el que nos involucró en un diálogo que merece la pena fortalecer y ahondar, por el bien de todos.

Tu amigo, que nunca te falla




JUAN 


viernes, 9 de junio de 2017

A MI CORAZÓN INQUIETO




Desde mi corazón inquieto.
Porque cada latido es una voz encontrada




Juan Aranda Gámiz




Late si sientes que las actitudes de aquel desconocido están a favor de los miedos y en contra de los aplausos. Late si en el esfuerzo está la necesidad de apoyar a quien no tiene opciones de vida. Late si te sientes abatido y no tienes soportes, porque al escuchar los latidos empezaras a dar los primeros pasos.

Late si lees lo que no te conmueve porque se le robó una página a los sentimientos nobles. Late si crees ser inoportuno, porque en la intromisión está implícito el derecho a sentirte útil. Late si el menosprecio te arrebata un minuto en tu vida y precisas calmar tus deseos de protesta.

Late si eres frágil porque el ruido del corazón te hará fuerte en la adversidad. Late si se te acabó el coraje, porque la sangre aturde a los valientes. Late si no tienes a nadie, porque el latido atrae y convoca. Late si te quedaste sin palabras, porque los mensajes también salen de un corazón embadurnado con el lenguaje del alma.

Late si tienes que escribir y se torcieron los renglones, porque los latidos rectifican el sentido de las oraciones. Late si vas a ninguna parte para que se abra un túnel en tus esperanzas. Late si caíste en el intento para que reboten tus emociones. Late si te sientes aturdido para que tu cerebro se sienta vivo y tus fuerzas beban esperanza.

Late si tu proyecto no tiene éxito, porque necesitas escuchar la voz que te calma sensatez y templanza. Late si no tienes un harapo que ponerte, porque así podrás peinar tus miserias. Late si te llamaron la atención para que enjugues tus arrebatos. Late si se te escapó una hipocresía, porque ese toque de campanas te trae de nuevo al mundo de la justicia y el diálogo, de la verdad acalorada y los valores reales.

Late si cumples todos los mandamientos porque hay que aprender a escuchar el latido de los que no los cumplen. Late si nadie te lee porque el mensaje va por las arterias de tus miradas. Late si no hay motivos, para que haya motivos para vivir.

Late si algunos hacen lo que no dijeron y si dicen lo que nunca hicieron. Late si no tienes con qué dibujar las pasiones, para que queden coloreadas con los abrazos que te dará el viento que te escucha. Late si caes en el intento aunque haya paro cardíaco, porque alguien te escuchará en el cielo.

Con afecto y respeto para todos los corazones que siguen latiendo, y en especial para el corazón de Ignacio Echevería, quien dió su vida latiendo por ayudar a una víctima del último atentado de Londres, sin miedo por su vida. 

Tu amigo que nunca te falla



JUAN 

domingo, 28 de mayo de 2017

¿DÓNDE ESTÁ EL CIELO?

Vivimos en un suelo al que hemos llamado "Planeta Tierra" durante toda la vida y, sin saberlo, estamos en medio del universo, en medio de un infinito al que llamamos "cielo" cuando miramos hacia arriba.

Nos arrepentimos de los errores que cometemos aquí abajo y seguimos soñando con ver el "cielo", a donde quisiéramos ir, en algún momento, en cuerpo o alma, para descubrir los secretos que aún siguen encerrados entre galaxias y agujeros negros.

Esto me trae a colación la relación entre lo posible y lo imposible, lo seguro cuando nos levantamos y lo inseguro cuando soñamos.

Muchos siguen el hilo del refrán y quieren seguir "con los pies en la tierra" y otros soñamos con ese otro carrusel de sueños que deben dormir en el cielo de nuestras ilusiones, donde se puede aspirar a crecer con las verdades que imaginamos.

A pesar de todo, el "cielo" a veces está en las palabras que suenan a consejos, porque vienen del alma que vivirá por siempre en el cielo.

El "cielo" está en las propuestas imposibles que sólo buscan satisfacer el beneplácito de quienes no creen tener derechos y llegar a consolar su dolor y sus vacíos con el esfuerzo de un alma soñadora.

Ese cielo que muchos ven y otros ni se lo imaginan, el que se cree que alberga las almas de oportunistas o gozosos, es el que se descubre cuando se siente la mirada de la tristeza y del abandono, sin explicaciones ni respuestas, el que nos descubre inermes ante preguntas existenciales que se plantean el por qué de la indiferencia y el maltrato.

El "cielo" que no se ve es el de quienes se superan a pesar de los limitantes, el de personas abandonadas a su suerte que supieron llegar a ser "personas de bien" y el de padres que nunca pudieron ser hijos, el de lamentos que buscan padres en la puerta de una casa cualquiera y el de un temblor que, al cogerte la mano, te despierta la sensatez por vivir en paz y armonía.

Hay cielos que parecen tener muchas estrellas, porque el roce te contagia de la paz necesaria para reconocer que se desperdicia la vida "en guerra" y los momentos "descontentos", aunque en algunos haya estrellas fugaces que te llegan al alma como las flechas de "Cupido" y te ayudan a colorear tu vida de otro cielo, que te hace más brillante y calmo.

Muchos cielos están en tus sueños, cuando te aferras a los abrazos y los apoyos, aunque no fuesen engendrados, porque en el amor que quedó escrito están las rutas que conectan los planetas grávidos.

No me preocupo de descubrir otros planetas con vida sino en señalar al "cielo" sin mirar para arriba, donde está la gente que nació para iluminarnos infinitamente.

El cielo no es la atmósfera sino la palpable realidad que se muestra verdadera y te da luz.

Tu amigo, que nunca te falla, te invita a descubrir ese cielo que tienes cerca y a aprender a ser el cielo para quien todavía no se siente iluminado, para que aprendamos a mirar entre nosotros con el telescopio del corazón más humano.

JUAN

miércoles, 17 de mayo de 2017

MÁS DE UNA FAMILIA

Todos nacemos en el seno de un hogar donde sus miembros tienen relaciones y vínculos y a ello llamamos "familia", aunque para algunos se necesite un matrimonio entre los progenitores y unos valores que se consideran necesarios o imprescindibles.

Hay, sin embargo, quien nació en una relación legalmente aceptada, de dos seres humanos que aceptan el rol de progenitores -sin haberlo sido- y que procuran y sienten, transmiten y edifican, sintiéndose también salpicados por el concepto de "familia" porque así partieron y así se les reconoció por una sociedad algo indiferente o tajante, en muchos casos, con la temática presentada.

Algunos colectivos abren sus puertas a personas que perdieron sus verdaderos lazos familiares, por abandono o muerte de algún miembro de la pareja y los corazones de acogida de dos personas desconocidas, sin pedir nada a cambio, les acogen en su seno para brindarles la paz y la presencia que necesitan esos niños o adolescentes que estuvieron a punto de perder las esperanzas de hallar una familia.

La guerra y las diferencias han obligado a algunos seres humanos a incluirse en grupos de personas que adoptan un papel de protección, cargando de consejos y apoyo a personas desconcertadas que huyen de la muerte segura y, al final, se establecen lazos entre sus miembros que bien pueden ser "tan familiares" como los de todos los demás y quizás más fuertes y duraderos.

Las migraciones obligan a caminar sin rumbo ni pertenencias y sólo se aspira a ser parte de un algo en algún rincón del planeta, a veces a costa de perder la cercanía de los tuyos y amontonarte en alguna fila donde encuentras una mano amiga y segura, parecida a la de tu madre que despediste agonizando en una cuneta de un país de tránsito y sientes que te trata igual que a sus hijos y te mira con el mismo calor que observa el sol radiante en la mañana y te sientes en familia. 

A veces, se escucha llorar a niños en una cesta y observamos que alguien los recoge en la puerta de un edificio enorme y frío, donde les espera el anonimato y, en la aventura del día a día, surgen encuentros de seres humanos que quieren dedicarles sus vidas y ahí surge otro tipo de familia, de la que nunca querrán separarse si encajan los sentimientos o estará marcada por el desencanto si no hay esa vinculación que tanto se necesita para enlazar corazones y almas gemelas.

Muchas comunidades aceptan vecinos que, por motivos laborales, residencia obligatoria, aspiraciones insatisfechas, vacaciones o responsabilidades asignadas, se enfrentan a una tarea diaria de integrarse y compartir en fraternidad, por lo que hablan de su familia como si se tratase de sus progenitores y sus lazos de sangre.

Hay quienes han recibido un trasplante y acordaron unirse para seguir sintiendo lo que quiere transmitir el órgano trasplantado y para aceptar al receptor del trasplante en el núcleo familiar, con lo que la familia que se va formando tiene a bien relacionar a dos familias, hasta ahora desconocidas entre sí y constituirse en una familia más grande y acogedora, reflexiva y sentimental, entregada y samaritana.

Muchas personas desprotegidas son aceptadas en colectivos que les protegen y amparan, legal, económica y socialmente, por lo que vuelven a sentirse útiles y necesarios, vivos y presentes, por lo que siempre hablarán de ellos como de su familia, la que nunca le abandonó.

El vientre de alquiler o la maternidad subrogada, los donantes de óvulos o esperma, están creando vínculos que, en muchos casos, procuran que los hijos busquen el eslabón perdido en la cadena que explica el por qué están en este mundo y encuentran la mujer que cedió su vientre a dos progenitores o la mujer que donó los óvulos, sin mediar intereses económicos, y le dicen "mamá".

Hay seres humanos que viven la experiencia de ser acogidos por personas del mismo sexo y ahí aprenden, en libertad, a ser educados y fortalecidos en caracteres y virtudes, valores y principios, por lo que esa responsabilidad les hace acreedores del sentido de la familia.

Hoy encontramos las familias sustitutas, mientras los progenitores recuperan la custodia, son rehabilitados, se insertan económicamente en una sociedad, terminan un proyecto profesional, rehabilitan su trayectoria vital en países en conflictos bélicos o la acogida durante periodos vacacionales para otorgarles a esos niños una visión alternativa del mundo, que más tarde influirá en sus actitudes y opciones de vida.

Hay centros donde los niños pasan días, o a veces noches, por incapacidad de los padres de conciliar la vida familiar y laboral y se estrechan lazos, que bien pueden ser -también- familiares, entre cuidadores y amigos, responsables y progenitores.

La verdad de la familia, por tanto, debiera estar en responsabilizarse y saber responder legalmente del cuidado y protección de los infantes y adolescentes, permitiéndoles crecer en libertad y valores, apoyando su desarrollo integral y siendo capaces de crear vínculos que vayan mucho más allá de la simple procreación o la inscripción en un Registro Civil, que debiera estar abierto a todas las opciones -en abanico- que nos brinda el mundo de hoy, tan diverso como cargado de oportunidades de reflexión para todos.

Tu amigo que nunca te falla, te habla desde el concepto escrito en su alma familiar.



JUAN



domingo, 7 de mayo de 2017

HOY ME HE ENTERADO



Hoy me he enterado que las manecillas del reloj corren hacia la derecha, bordeando la circunferencia de la luna, insistiendo en este como el camino más corto para terminar el día sin pena ni gloria.

Hoy me he enterado que el grito no siempre traduce un sufrimiento pleno, sino más bien la necesidad de buscar una ayuda oportuna para que nunca te ocurra, en un último esfuerzo por ocultar tu vulnerabilidad y tus miedos más arcaicos.

Hoy me he enterado que hay muchos que rezan y encubren, así como también hay tantos que encubren y nunca rezaron.

Hoy me he enterado que los libros se leen desde la primera página, para que no pierdas el hilo que estableció su autor y puedas encontrar la solución a sus problemas y no a los tuyos.

Hoy me he enterado que nuestros padres vivieron en el Edén, a donde ya no volveremos porque necesitamos pagar por un pecado que no cometimos y por eso siempre seguirán pagando justos por pecadores.

Hoy me he enterado que hay gallos atrasados en otro huso horario, trastornados por tanto cambio climático y tan poco tiempo que dedicamos al trato y a la caricia a los animales.

Hoy me he enterado que no engorda comer sino el tiempo que dedicamos a masticar y saborear, el aliciente que vestimos de gala para que acompañe al plato o el nivel que alcanza la sopa que rebosa.

Hoy me he enterado que los niños no gatean porque no sepan caminar sino porque aprenden a olfatear un mundo sucio y que, cuando se cansan y hastían, se ponen de pie porque no soportan el hedor que despiden las circunstancias y sus momentos.

Hoy me he enterado que sólo hay tres enfermedades y están aún sin tratamiento ensayado, como el acostumbrarse a vivir en este mundo, sin aportar nada positivo, el luchar por vivir en solitario como los animales y la renuncia constante a tus principios y valores.

Hoy me he enterado que nosotros somos los hombres primitivos y que la prehistoria la vivimos ahora, porque tuvimos un pasado de crecimiento sostenido y nos encontramos en un atasco social e intelectual sin límites.

Hoy me he enterado que la paz ya no se dibuja como lo hacía Picaso y huelga la paloma y la rama de olivo, porque ahora -en su lugar- hay un reloj, dándonos a entender que es pasajera y temporal, dura lo que tardan los acuerdos y se prolonga lo que deseen unas manecillas, siempre que el mecanismo así lo calcule.

Hoy me he enterado que hay una piedra para cada río, porque el agua empuja diferente y que las voces suenan mejor desde el suelo, porque desde el púlpito se lanzan con un eco que se evapora.

Hoy me he enterado que no hay que ser mago para entender que la contaminación ambiental está en la calle y las aulas, en la sociedad y en el trato, en la enseñanza y en el castigo, porque siempre hay factores contaminantes que no se dispersan tan fácilmente.

Hoy me he enterado que es penoso seguir siendo como crees que debes ser, porque no te dejas arrastrar por la corriente.

Hoy me he enterado que los payasos se disfrazan para hacernos reír, porque las verdades nos dan risa.

Hoy me he enterado que se acaba esta entrada a mi blog porque acabé esta página, cuando la verdad es que estoy armando el titular para empezar otra, ahora mismo.

Tu amigo, que nunca te falla


JUAN  

lunes, 1 de mayo de 2017

DETRÁS DE LA PUERTA

Siempre nos ubicamos en la acera y nos imaginamos lo que habrá detrás de la puerta y, casi siempre, lo llegamos a saber cuando el vecino lo cuenta con detalle o las noticias narran los acontecimientos del día a día, a veces sabrosas por su encanto e ingenio y otras lamentable por la secuencia de los hechos.

Y es que nadie sabe lo que ocurre más allá de la puerta, esa madera o hierro que delimita un espacio natural y nos provoca atravesar por el simple hecho de su existencia, a pesar de que cada quien tiene el derecho de administrarlo según sus principios y valores, alejándose de rumores y prejuicios, comentarios y cuestionamientos.

Ahí es donde gritan los niños abandonados y no los escuchamos, porque tragan su pena con momentos de soledad amarga y golpes insensatos, reconociendo que la vida es una suerte de oportunismos y amenazas, las mismas que ellos cometerán cuando sean adultos, fruto de lo aprendido en su infancia.

Ahí es donde calla la mujer maltratada, vigilada y rondada por el macro-machismo manifiesto o el micro-machismo encubierto, amenazada y temblorosa, porque su vida y la de los suyos depende, en muchas ocasiones, de su propio silencio tolerante.

Ahí hay abuelos que vegetan callados, sin molestar en la esquina del patio, soleándose para disimular su anemia de afectos y quemando los pocos cartuchos de vida que le quedan, esperando la noche que les provocará recuerdos apagados, pero al mismo tiempo vivos, como la gasolina que permite arrancar a un vehículo estacionado.

Ahí hay mascotas amarradas y tristes, quejumbrosas y sin brillo en los ojos, cargados de vaivenes emocionales y saltos juguetones, esperando la carrera que le de sentido a su libertad.

Ahí es donde encontramos plantas regadas, armadas con el verdor de unas hojas que tienden a dar sombra a los sinsentidos de los familiares, recogiendo al mismo tiempo las gotas de lluvia y las maldiciones que se disparan los unos a los otros.

Ahí vive la indiferencia como un inquilino más, ahondando la rencilla de miradas y los condicionamientos más primitivos, donde todos se alejan de todos por miedo a contaminarse de nada.

Ahí permanece el tiempo, sin llamar la atención por todo lo perdido y no recuperado, cabizbajo y dormido, en un letargo que podría aprovecharse para asesorar a quien busca consejo y compartir con quien solicita apoyo.

Ahí están silenciadas las deudas y los resentimientos, las dudas y los pormenores, las balanzas de pago y los agujeros negros, pues todos nos enfrentamos a estos sinsabores en nuestro día a día, cada cual con su cuota de confianza en superarlos o su desesperación al enfrentarlos.

Ahí también se encierra el tiempo libre, esos momentos en los que algunos se emborrachan de no hacer nada y otros aprovechan para dar ejemplo con una lectura meditada y reflexiva.

Ahí cabe un espacio para el polvo acumulado y cargado de desencuentros y alimañas, sucio como el polvo mismo y flotando como una amenaza en el ambiente que antecede a la cocina, donde se fraguará el almuerzo que cada quien se merece o se lo puede permitir.

Ahí están las redes sociales como una cuerda floja que te puede arrastrar al vacío y el aborto provocado porque a nadie le importaron los sentimientos de los demás, el miedo al qué dirán y los viajes sin programar, los regalos que no saben a nada y quieren ocultarlo todo y la ropa limpia para ir a la iglesia a confesar tus vacíos y esperanzas.

Ahí es donde te miras a los espejos y escuchas las críticas que no te permiten salir hoy a la calle, se esconden las joyas que heredaste y para las que no se necesitarían seguros porque las llevas en el corazón, si es que guardas alguna.

Y ahí es donde se esconde la esencia de la educación más ancestral, la que se transmite sin haberla estudiado, la que se regala sin haberse pedido, la que se construye para convertirse en herencia y legado.

Y ahí, también, es donde nunca dejamos de gritar para aprender a protestar, donde ensayamos la declaración para enjugar nuestra vida con besos y miramos por la ventana a quien se atreve a preguntar ¿que habrá en esta casa detrás de la puerta?

Tu amigo, que nunca te falla




JUAN 

lunes, 24 de abril de 2017

NO ME LO PUEDO CREER

No me puedo creer que la mañana no tenga amanecer, porque dejaríamos de frotarnos las manos y las palabras dejarían de estar congeladas, atrapadas por el vaho de nuestro aliento.

No me puedo creer que las personas se vayan sin anunciarlo, porque podríamos aprovechar mejor los momentos y aprender más de la vida misma.

No me puedo creer que todos seamos iguales, porque perderíamos la gran oportunidad de aprender del otro lo mucho que necesitamos integrar cada día.

No me puedo creer que vivamos para repetir siempre la historia, porque el afán siempre debiera ser re-descubrir la esencia de los momentos y hallar dentro de ti lo que no es monótono.

No me puedo creer que el mar quepa en un sueño de verano, porque se revive la ilusión de nadar a contra-corriente y dejarte llevar por el oleaje, flotar ante la adversidad y enfrentar la inmensidad; todo lo que quisiéramos hacer cuando estamos despiertos.

No me puedo creer que podemos estar cien días sin pensar y sólo un día sin comer, porque el alimento no está en el pollo sino en la reflexión y la esperanza siempre estará en lo que descubras y no en lo que ingieras.

No me puedo creer que el amor no necesita de nadie más porque alguien ha descubierto cómo enamorarte de tu sombra narcisista y así crees que puedes llegar a comprender los misterios de un diálogo sin miradas.

No me puedo creer que la playa se esté derramando, porque el mundo se ha inclinado a favor de las desigualdades y la ironía del poder, inundando de diferencias cualquier calle del planeta.

No me puedo creer que los niños hablen antes de gatear, porque necesiten decir dónde están antes de corretear sus ilusiones, mucho antes de que se vicien por correcciones o castigos.

No me puedo creer que a nadie le preocupe estar en silencio porque hayamos aprendido a leer los gestos antes que a escuchar lo mismo de siempre, que nos comuniquemos con silbidos y que los idiomas se resumen en sentarse a descubrir lo que el otro alberga en su alma solitaria.

No me puedo creer que ya sobren los bolsillos, porque terminaron convirtiéndose en bancos malos y guantes buenos, escondites malvados y termómetros de nuestros deseos.

No me puedo creer que ahora podamos llevarnos nuestra casa a donde nos desplacemos, para no pagar uso de suelo ni mantenernos aferrados al suelo que nos sostiene y así conocer el mundo como el caracol.

No me puedo creer que ya nadie llore, porque hemos aprendido a llamarnos para rellenar necesidades y no para levantar dudas.

No me puedo creer que ahora nadie gobierne porque todos somos gobernantes gobernados, sin presumir cuando gobernamos y aceptando cuando somos gobernados.

No me puedo creer que la mentira desapareció del diccionario, porque se usaba mucho por haberla aceptado universalmente y no porque el embuste hubiese llegado de incógnito a nuestra vida.

No me puedo creer que desaparecieran las loterías porque la suerte es de pisar este mundo como trovador y cantarnos lo que ven nuestros ojos, tan verdadero como real.

No me puedo creer que ya mismo los abortos no serán posible si el feto no lo quiere y que le exija a la madre que le cuide tal y como se ha formado, porque tiene el mismo derecho que los demás que ya vinieron al mundo antes que él o ella.

No me puedo creer que nadie se sienta discriminado porque hemos llegado a aceptar a los demás con el mismo deseo con el que nos hemos sentido aceptados por el otro.

No me puedo creer que ya no hay estudios sino proyectos, que la escuela se explica en los parques y que la universidad examina en el campo de todos.

No me puedo creer que el infarto haya desaparecido porque ya no se encuentra el dolor en las tiendas y no hay cómo intoxicarse con una dieta rica en dolor al comprar un cuarto kilo de problemas tontos. 

No me puedo creer que al vecino se le está llamando amigo y al amigo compañero, que el compañero es quien acompaña y que la compañía siga siendo tan necesaria como oportuna.

No me puedo creer que haya quien lea esto y no grite porque encuentre locura en un renglón o desencanto en el cambio programado, angustia en  los anocheceres pálidos o interrogantes en el agua que ya no le lavará jamás.

No me puedo creer que sigamos siendo lo que somos y no deseemos ser lo que debamos seguir siendo.

Tu amigo, que nunca te falla


JUAN