jueves, 17 de agosto de 2017

SOMOS BALONES ROTOS

Cuando queremos jugar al fútbol sacamos el balón del trastero o del patio, escondido detrás de alguna maceta y lo apretamos con los dedos, lo limpiamos para que luzca brillante y lo botamos, con la única pretensión de conocer si tiene la presión necesaria para disputar un partido, sin que se interpongan quejas ni reclamos porque la pelota no reunía las condiciones necesarias para el juego.

En la vida nos olvidamos como ese balón escondido en aquel baúl del olvido, nos inflamos y nos miramos al espejo porque queremos aparentar lo que quizás no seamos y damos unos brincos al reconocer que precisamos unos días de ejercicio, con el único propósito de acomodar nuestra existencia a una terapia preventiva o a una compañía que siempre vivió practicando deporte y no queremos ser tachados de insensatos ni de hábitos sedentarios.

Al dar los primeros pasos nos desinflamos rápidamente y no seguimos el ejemplo porque nos falta la energía necesaria para reír o disfrutar con un mínimo esfuerzo, por lo que buscamos el rincón para refrescarnos, la silla para reposar nuestro desgaste o la cama que controle nuestras palpitaciones.

En el fondo somos balones rotos, descuidados en el tiempo y desinflados por un desinterés personal en mantener activas nuestras sensibilidades y aprehensiones, manejando nuestros intereses acorde a los ritmos que marca la moda o los presupuestos de una sociedad de consumo.

No estamos dispuestos para conversar cuando nace un diálogo ni somos oportunos para compartir cuando surge una necesidad, nos alejamos cuando se despierta la sensibilidad de un apoyo incondicional y balanceamos nuestros prejuicios si la presencia la confundimos con una pérdida banal de tiempo.

La pregunta que siempre me hago es por qué?

(1) No somos capaces de valorar lo que tenemos aprendiendo a mantenerlo en las mismas condiciones?
(2) Nos cuesta tanto trabajo revisar nuestras prioridades para que no huyamos ante una llamada?
(3) Nos llega a herir tanto la verdad absoluta si se pronuncia sinceramente?
(4) No salimos a nuestro propio rescate cuando el espejo nos llama la atención?
(5) No contestamos ante las preguntas que surgen de nuestros sueños?

Si todo transcurriese llenando de respuestas nuestra vida, reencontrándonos en cada paso, cicatrizando heridas del pasado, revisando nuestras opciones vitales, valorando lo que tenemos y lo que nos rodea, seríamos balones íntegros, dispuestos a disputar cualquier encuentro sin violar ninguna norma de juego y no balones desinflados, desacomodados, incompletos e incapaces de aportar al juego lo que la pelota da de movimiento, persecución, arte, traspaso, fairplay y carisma, de los que luego hablarán todos los espectadores y por lo que seguirán valorando el espectáculo, que al fin y al cabo son las vivencias que nos completan y que nos definen la personalidad de la que hoy hacemos gala.

Tu amigo, que nunca te falla, quisiera invitarte a que te revises en tu interior y que intentes dejar de ser un balón roto, por si se te necesita para disputar un diálogo -o un aporte válido- en el campo de fútbol de la vida.

Tu amigo, que nunca te falla




JUAN 

miércoles, 9 de agosto de 2017

VEO QUE NO TE VES




Hay muchos momentos, en nuestras vidas, en que creemos que todo nos va de maravilla y, mientras más nos vemos por fuera, mejor creemos que estamos por dentro.

Sin embargo, no estamos solos en el mundo y somos incapaces de mirar a nuestro alrededor y demostrar que formamos parte de una realidad a la que nos debemos y en la que nos tenemos que incluir, más pronto que tarde, para que sintamos la presencia de los demás y podamos aportar, al mismo tiempo, al estado de bienestar general mirando desde el corazón a los demás.

Pensamos que el espejo nos va a decir, como en el cuento de La Cenicienta, que todo está bien y que aparentamos lo que realmente somos, pero la realidad es diferente y sólo nos quedamos conformes cuando descubrimos algún limitante o problema en el otro y nos manifestamos incapaces de hacer nada por aliviarles su dolor o su pena, más allá de gritar y disculparnos con el futuro que nunca se detuvo en su marcha, pero aún así es valioso ejemplarizar nuestro apoyo incondicional, desde la arista que la vida nos lo pida.

Debemos entender que somos parte de una realidad, tan crítica como real, que nos brinda oportunidades de desarrollarnos y aspirar, pero que al mismo tiempo nos presenta amenazas, como castigos, que tenemos que aprender a superar para seguir creciendo en actitudes y modelos.

No hay un bienestar completo ni integral, porque siempre encontraremos alguna astilla que nos molesta, por incómoda o inesperada, con lo que despertamos ante el espejo y empezamos a dudar de su criterio y le consideramos embustero, porque hemos hallado que padecemos de algo que desconocíamos y que nunca descubrí en mi imagen "en espejo" o que nos enteramos que a algún familiar o amigo le llegó la nota, desde alguna oficina del cielo, para que vaya preparando las maletas y tolerando el dolor que antecede a la despedida final.

Hay que aprender a verse, por dentro y por fuera, a los lados y a los alrededores, porque ahí están las claves para vivir el día a día, con el apoyo y los soportes de los demás, el diálogo constante con la vida y la necesidad de los recursos naturales para vivir, la integración de nuestras funciones vitales y la armonía precisa para que el reloj biológico no cambia su rumbo.

Cuando se descubre que no todo es como se pensaba, empezamos a balancear nuestros desequilibrios y nos invade un sentimiento de tristeza inoportuna, acongojando nuestra alma y exprimiendo nuestros recuerdos, porque asumimos que la vida nos arranca parte de nuestro ser.

Ese es el momento en el que aprendemos a ver y podemos mirar más allá de los ojos que nos miran, descubriendo ese algo que nos permita adelantarnos a cualquier acontecimiento, aún a sabiendas que Dios tiene siempre la última palabra.

No es tan difícil ver que no nos vemos y mirar que no nos miramos, pues al adquirir conciencia de la necesidad que tenemos de seguir viendo y mirando, aprendemos a descubrir y en el hallazgo estará siempre el comienzo de un largo camino que, en algunas ocasiones, determina un éxito en la curación o la re-inserción social.

Enseñemos a los niños a que vean más de lo que es aparente y descubran donde pareciese que no hay nada más que descubrir, porque esta actitud estará siempre muy por encima de la caligrafía medida y acomodada, ya que los gestos de apoyo son la mejor muestra para aprender a ser y no sólo para aprender a escribir correctamente.

Tu amigo, que nunca te falla



JUAN  

domingo, 30 de julio de 2017

SE ACABA ANTES DE EMPEZAR




Muchas personas terminan su proyecto, bien o mal encauzado, antes de iniciarlo, porque no pensaron en la logística necesaria para levantar todas y cada una de las estrategias que habían diseñado.

¿Por qué no abrimos puertas a quienes nos enseñan uno de los tantos caminos que la vida abre para entrar en el mundo de las oportunidades verdaderas'

Muchos padres terminaron su sueño de serlo antes de que la mujer quedara embarazada, porque perdieron la ilusión de educar y criar, enseñar y levantar tras una experiencia frustrante en su vida y el anhelo de una gestación se disipó en el vacío.

¿Por qué  no enseñamos a los hijos el misterio de ser padres y la responsabilidad de ser progenitores, antes de que se lo planteen pensando en su propia experiencia de vida?

Muchos niños despertaron con la ilusión de ser mayores para cambiar el mundo y se les derrumbó el proyecto cuando miraron los diferentes mundos que les rodean y comprobaron que no hay un empeño en cambiar, salvo en beneficio propio.

¿Por qué no paseamos por el mundo aportando y no de vacaciones, compartiendo y no tomando fotos, integrando lo que le regalemos y no distanciando con las miradas, para que otros comprueben que este proyecto comùn tiene sentido y que los cambios son tan necesarios como reales?

Muchos profesionales soñaron con aportar con investigaciones que incorporaban al cuento de la lechera, pero al analizar el impacto y el sentido que se le dan a la mayoría de las investigaciones que nacen y se van desarrollando en este mundo, orientadas al beneficio de las grandes minorías, en menosprecio de las grandes mayorías, abortaron su ilusión y buscaron el modo de hacer más felices a quienes les rodean en el día a día.

¿Por qué no descubrimos la investigación caminando, sin presupuesto para zapatos y los jóvenes aprenderán a leer investigando?

Muchos anónimos lanzan voces al desierto de los intereses creados y creyeron ser escuchados con la atención que creyeron merecer, pero se acabó su paciencia cuando se agotó la fuerza de su voz.

¿Por qué no descubrimos el color del eco, para que la voz se transforme en apoyo y enseñanza, al mismo tiempo?

Muchos amigos esperaron mucho de quienes se vincularon afectivamente, en espera de que hubiese un giro en sus ratos de soledad y la proyección se nubló antes de que aclarase el día porque era fruto de un sueño reconfortante y fresco, pero al mismo tiempo inoportuno y rancio.

¿Por qué no le dedicamos a la palabra "amistad" una página del diccionario y lo dejamos abierto para que se puedan ir añadiendo experiencias y connotaciones, realidades y descubrimientos en el encuentro entre amigos?

Tu amigo, que nunca te falla, quiere que empieces y no acabes tan pronto, que sueñes y no te derrumbes en el primer intento, porque hayas formado parte de una sociedad construida en oportunidades y valores, al mismo tiempo, la que nosotros debemos forjar para todos quienes estáis empezando a soñar y a volar.

Juan

martes, 4 de julio de 2017

EL MUNDO ESTÁ TIRITANDO


Cuando te levantas sientes que la calle está fría y las voces tiritan, los paladares son tan diversos como los colores y los problemas caminan descuidados, esperando una voz que las trate o un abrazo que les baje la temperatura.

Intentas cruzar una calle vacía y sientes las miradas de cuantos observan cómo van pasando los días, sin pena ni gloria, al ritmo de la monotonía más dominante y sólo algunos se salen de la órbita y son capaces de visualizar los sinsabores de la vida y los van relatando, gota a gota.

La gente sigue protestando porque no encuentra satisfechos sus derechos, aunque tampoco esté dispuesta a cumplir todos sus deberes, el dinero pasa de mano en mano y siempre habrá alguien que corretee detrás de quien quiso usurpar o hurtar una cartera o arrancó una cadena del cuello de esa señora que tenía un andar respingón y pretendía manifestar su clase social sin tapujos.

Te sientas a ver y escuchar las noticias, esperando que te llenen de nuevo conocimiento y te cargan de tristeza y desamparo, del mismo que sienten seres humanos anónimos que se rozaron con las injusticias desde el mismo momento en que se levantaron.

Pareciese que los meses estuviesen enfermos y sólo sintieran alivio los primeros días, pues los accidentes siguen ocurriendo a pesar de las normas, los femicidios no se detienen por aprender más ética y el engaño pareciese ser el padrenuestro que se ha transformado en un nuevo estilo de vida.

Hablamos de nuestros padres como un punto y coma, queriendo separar nuestra tarea de los afectos. Nos acoplamos a la profesión para lucrar y mucho menos para servir, vendemos una imagen que no se corresponde con la que debiera ser y vamos siempre a comprar a donde sabemos que nos deben comprar.

Tocamos a la puerta de donde creemos que nos pueden abrir, anunciamos lo que hemos dejado de hacer como si se hubiese culminado una tarea pendiente, preparamos el discurso para enaltecer nuestro ego y seguimos comiendo en reuniones de trabajo donde se maltrata la vida de los más necesitados.

Nos aprendemos los diez mandamientos para recordar a los demás que los cumplan, reímos para humillar y no para generar relax, pedimos mucho a cambio por los pasos tan cortos que damos en nuestro vivir y comemos lo que estamos acostumbrados a desperdiciar, sin pensar en los que mueren de hambre.

Nos alejamos de los comentarios por miedo a que nos salpiquen, depositamos nuestro voto sin pensar en el futuro, lloramos por compasión y no compartimos el llanto, abrazamos para saborear el abrazo del otro y no para extender nuestra felicidad, caminamos para desaturar nuestros momentos de estrés y viajamos para conocer a los demás, sin esperar que nos conozcan.

Vamos al médico para curar nuestro instante enfermo y hacemos ejercicio para fortalecer nuestras miradas, continuamos escupiendo en el suelo lo que luego el aire se llevará tan campante, nos miramos al espejo sin hacerle caso y dormimos a la misma hora, sin haber generado nada positivo durante la jornada.

Por todo esto, porque pareciese que cuesta trabajo compartir un beso y un abrazo, porque nos alejamos de los demás para seguir respirando y nos acercamos cuando creemos que no vamos a poder respirar, porque no tenemos tiempo para estar sino sólo para ser, es por lo que creo que "el mundo está tiritando" y precisa una valoración médica, un chequeo preventivo o un ingreso prolongado, esperando que algún día, cuando sea dado de alta, volvamos a mirar con el corazón y a abrazar con los sentidos.

Tu amigo, que nunca te falla



JUAN 




martes, 27 de junio de 2017

VEN SI NO TE VAS

La verdad de las discrepancias en las relaciones humanas está en no saber ceder en tu espacio de opinión y luchar, a regañadientes, por imponer tu criterio en un diálogo que pronto se transformará en disputa, rompiendo el equilibrio de juicios y marchándote a doquier por salvar tu orgullo prepotente.

Aceptar el reto de enfrentar la crítica, responder a los menesteres que te impone la vida alborotada e intentar anteponer la calma a la turbulencia, aunque se de, es el mejor camino para llegar a saborear opiniones que te pueden ayudar a reconocer el sentido verdadero de los conflictos, ahondar en las respuestas a tus inquietudes y descubrir lo que subyace a las miradas que esquivan y se alejan.

Hay personas que se catalogan como "consecuentes" y ahorran palabras para evitar discusiones, lo que al final propone un distanciamiento notable al no haber existido la posibilidad de dialogar sobre las verdades aparentes y los interrogantes tan manifiestos, aunque creamos que todo ello nos permitirá vivir en una paz aparente y limpia. 

Sin embargo, en vez de buscar la huida fácil y la escapatoria visible, lo más común en situaciones tensas, hay quien tiende a acercarse para mirar de frente y escuchar en silencio, a fin de proponer nuevas estrategias de relación y procurar que cada persona pueda vomitar su interpretación de la realidad y, en nuestra actitud paciente, encuentre la paz interior para reflexionar y acomodar su inquietud en las relaciones inter-personales. 

"Ven si no te vas" sería un llamado de atención a todos quienes explotan al interpretar el primer gesto y no desean escuchar el primer comentario, porque si aún no tomó la decisión de salir corriendo y olvidarse de todo y de todos es necesario avenirse y mirarse, acercarse y escuchar, con el único fin de aprender de la situación y recibir cuantas salpicaduras se pronuncien, pues ahí radica la esencia de la comprensión y el perdón.

Muchos creerán que deben interpretar refranes en ese momento, tales como "a palabras necias oídos sordos", pero no debemos olvidar que si el otro no se va y tiende a acercarse debemos aprovechar la oportunidad de dialogar para llegar a conocernos mejor y a resucitar la templanza de quien se alborota a las primeras de cambio.

"Nunca es tarde si la dicha es buena" y escuchar puede ser el primer paso para aprender, el mejor momento para asentir, la mejor oportunidad para descubrir y la mejor excusa para abrazar.

Así que "si no te vas, ven", porque todos esperamos tener las oportunidades para reencontrarnos y olvidar los minutos de desencuentro con miradas de esperanza.

Si nadie lleva razón es porque el diálogo es compartido y la verdad se reparte a partes iguales, lo que obligará a buscar las razones interiores para disparar y los motivos que transforman el discurso en monólogo.

"Ven si no te vas" y hablemos de lo que somos y lo que compartimos, lo que miramos y a lo que nos referimos, porque es el libro abierto de la vida el que nos involucró en un diálogo que merece la pena fortalecer y ahondar, por el bien de todos.

Tu amigo, que nunca te falla




JUAN 


viernes, 9 de junio de 2017

A MI CORAZÓN INQUIETO




Desde mi corazón inquieto.
Porque cada latido es una voz encontrada




Juan Aranda Gámiz




Late si sientes que las actitudes de aquel desconocido están a favor de los miedos y en contra de los aplausos. Late si en el esfuerzo está la necesidad de apoyar a quien no tiene opciones de vida. Late si te sientes abatido y no tienes soportes, porque al escuchar los latidos empezaras a dar los primeros pasos.

Late si lees lo que no te conmueve porque se le robó una página a los sentimientos nobles. Late si crees ser inoportuno, porque en la intromisión está implícito el derecho a sentirte útil. Late si el menosprecio te arrebata un minuto en tu vida y precisas calmar tus deseos de protesta.

Late si eres frágil porque el ruido del corazón te hará fuerte en la adversidad. Late si se te acabó el coraje, porque la sangre aturde a los valientes. Late si no tienes a nadie, porque el latido atrae y convoca. Late si te quedaste sin palabras, porque los mensajes también salen de un corazón embadurnado con el lenguaje del alma.

Late si tienes que escribir y se torcieron los renglones, porque los latidos rectifican el sentido de las oraciones. Late si vas a ninguna parte para que se abra un túnel en tus esperanzas. Late si caíste en el intento para que reboten tus emociones. Late si te sientes aturdido para que tu cerebro se sienta vivo y tus fuerzas beban esperanza.

Late si tu proyecto no tiene éxito, porque necesitas escuchar la voz que te calma sensatez y templanza. Late si no tienes un harapo que ponerte, porque así podrás peinar tus miserias. Late si te llamaron la atención para que enjugues tus arrebatos. Late si se te escapó una hipocresía, porque ese toque de campanas te trae de nuevo al mundo de la justicia y el diálogo, de la verdad acalorada y los valores reales.

Late si cumples todos los mandamientos porque hay que aprender a escuchar el latido de los que no los cumplen. Late si nadie te lee porque el mensaje va por las arterias de tus miradas. Late si no hay motivos, para que haya motivos para vivir.

Late si algunos hacen lo que no dijeron y si dicen lo que nunca hicieron. Late si no tienes con qué dibujar las pasiones, para que queden coloreadas con los abrazos que te dará el viento que te escucha. Late si caes en el intento aunque haya paro cardíaco, porque alguien te escuchará en el cielo.

Con afecto y respeto para todos los corazones que siguen latiendo, y en especial para el corazón de Ignacio Echevería, quien dió su vida latiendo por ayudar a una víctima del último atentado de Londres, sin miedo por su vida. 

Tu amigo que nunca te falla



JUAN 

domingo, 28 de mayo de 2017

¿DÓNDE ESTÁ EL CIELO?

Vivimos en un suelo al que hemos llamado "Planeta Tierra" durante toda la vida y, sin saberlo, estamos en medio del universo, en medio de un infinito al que llamamos "cielo" cuando miramos hacia arriba.

Nos arrepentimos de los errores que cometemos aquí abajo y seguimos soñando con ver el "cielo", a donde quisiéramos ir, en algún momento, en cuerpo o alma, para descubrir los secretos que aún siguen encerrados entre galaxias y agujeros negros.

Esto me trae a colación la relación entre lo posible y lo imposible, lo seguro cuando nos levantamos y lo inseguro cuando soñamos.

Muchos siguen el hilo del refrán y quieren seguir "con los pies en la tierra" y otros soñamos con ese otro carrusel de sueños que deben dormir en el cielo de nuestras ilusiones, donde se puede aspirar a crecer con las verdades que imaginamos.

A pesar de todo, el "cielo" a veces está en las palabras que suenan a consejos, porque vienen del alma que vivirá por siempre en el cielo.

El "cielo" está en las propuestas imposibles que sólo buscan satisfacer el beneplácito de quienes no creen tener derechos y llegar a consolar su dolor y sus vacíos con el esfuerzo de un alma soñadora.

Ese cielo que muchos ven y otros ni se lo imaginan, el que se cree que alberga las almas de oportunistas o gozosos, es el que se descubre cuando se siente la mirada de la tristeza y del abandono, sin explicaciones ni respuestas, el que nos descubre inermes ante preguntas existenciales que se plantean el por qué de la indiferencia y el maltrato.

El "cielo" que no se ve es el de quienes se superan a pesar de los limitantes, el de personas abandonadas a su suerte que supieron llegar a ser "personas de bien" y el de padres que nunca pudieron ser hijos, el de lamentos que buscan padres en la puerta de una casa cualquiera y el de un temblor que, al cogerte la mano, te despierta la sensatez por vivir en paz y armonía.

Hay cielos que parecen tener muchas estrellas, porque el roce te contagia de la paz necesaria para reconocer que se desperdicia la vida "en guerra" y los momentos "descontentos", aunque en algunos haya estrellas fugaces que te llegan al alma como las flechas de "Cupido" y te ayudan a colorear tu vida de otro cielo, que te hace más brillante y calmo.

Muchos cielos están en tus sueños, cuando te aferras a los abrazos y los apoyos, aunque no fuesen engendrados, porque en el amor que quedó escrito están las rutas que conectan los planetas grávidos.

No me preocupo de descubrir otros planetas con vida sino en señalar al "cielo" sin mirar para arriba, donde está la gente que nació para iluminarnos infinitamente.

El cielo no es la atmósfera sino la palpable realidad que se muestra verdadera y te da luz.

Tu amigo, que nunca te falla, te invita a descubrir ese cielo que tienes cerca y a aprender a ser el cielo para quien todavía no se siente iluminado, para que aprendamos a mirar entre nosotros con el telescopio del corazón más humano.

JUAN

miércoles, 17 de mayo de 2017

MÁS DE UNA FAMILIA

Todos nacemos en el seno de un hogar donde sus miembros tienen relaciones y vínculos y a ello llamamos "familia", aunque para algunos se necesite un matrimonio entre los progenitores y unos valores que se consideran necesarios o imprescindibles.

Hay, sin embargo, quien nació en una relación legalmente aceptada, de dos seres humanos que aceptan el rol de progenitores -sin haberlo sido- y que procuran y sienten, transmiten y edifican, sintiéndose también salpicados por el concepto de "familia" porque así partieron y así se les reconoció por una sociedad algo indiferente o tajante, en muchos casos, con la temática presentada.

Algunos colectivos abren sus puertas a personas que perdieron sus verdaderos lazos familiares, por abandono o muerte de algún miembro de la pareja y los corazones de acogida de dos personas desconocidas, sin pedir nada a cambio, les acogen en su seno para brindarles la paz y la presencia que necesitan esos niños o adolescentes que estuvieron a punto de perder las esperanzas de hallar una familia.

La guerra y las diferencias han obligado a algunos seres humanos a incluirse en grupos de personas que adoptan un papel de protección, cargando de consejos y apoyo a personas desconcertadas que huyen de la muerte segura y, al final, se establecen lazos entre sus miembros que bien pueden ser "tan familiares" como los de todos los demás y quizás más fuertes y duraderos.

Las migraciones obligan a caminar sin rumbo ni pertenencias y sólo se aspira a ser parte de un algo en algún rincón del planeta, a veces a costa de perder la cercanía de los tuyos y amontonarte en alguna fila donde encuentras una mano amiga y segura, parecida a la de tu madre que despediste agonizando en una cuneta de un país de tránsito y sientes que te trata igual que a sus hijos y te mira con el mismo calor que observa el sol radiante en la mañana y te sientes en familia. 

A veces, se escucha llorar a niños en una cesta y observamos que alguien los recoge en la puerta de un edificio enorme y frío, donde les espera el anonimato y, en la aventura del día a día, surgen encuentros de seres humanos que quieren dedicarles sus vidas y ahí surge otro tipo de familia, de la que nunca querrán separarse si encajan los sentimientos o estará marcada por el desencanto si no hay esa vinculación que tanto se necesita para enlazar corazones y almas gemelas.

Muchas comunidades aceptan vecinos que, por motivos laborales, residencia obligatoria, aspiraciones insatisfechas, vacaciones o responsabilidades asignadas, se enfrentan a una tarea diaria de integrarse y compartir en fraternidad, por lo que hablan de su familia como si se tratase de sus progenitores y sus lazos de sangre.

Hay quienes han recibido un trasplante y acordaron unirse para seguir sintiendo lo que quiere transmitir el órgano trasplantado y para aceptar al receptor del trasplante en el núcleo familiar, con lo que la familia que se va formando tiene a bien relacionar a dos familias, hasta ahora desconocidas entre sí y constituirse en una familia más grande y acogedora, reflexiva y sentimental, entregada y samaritana.

Muchas personas desprotegidas son aceptadas en colectivos que les protegen y amparan, legal, económica y socialmente, por lo que vuelven a sentirse útiles y necesarios, vivos y presentes, por lo que siempre hablarán de ellos como de su familia, la que nunca le abandonó.

El vientre de alquiler o la maternidad subrogada, los donantes de óvulos o esperma, están creando vínculos que, en muchos casos, procuran que los hijos busquen el eslabón perdido en la cadena que explica el por qué están en este mundo y encuentran la mujer que cedió su vientre a dos progenitores o la mujer que donó los óvulos, sin mediar intereses económicos, y le dicen "mamá".

Hay seres humanos que viven la experiencia de ser acogidos por personas del mismo sexo y ahí aprenden, en libertad, a ser educados y fortalecidos en caracteres y virtudes, valores y principios, por lo que esa responsabilidad les hace acreedores del sentido de la familia.

Hoy encontramos las familias sustitutas, mientras los progenitores recuperan la custodia, son rehabilitados, se insertan económicamente en una sociedad, terminan un proyecto profesional, rehabilitan su trayectoria vital en países en conflictos bélicos o la acogida durante periodos vacacionales para otorgarles a esos niños una visión alternativa del mundo, que más tarde influirá en sus actitudes y opciones de vida.

Hay centros donde los niños pasan días, o a veces noches, por incapacidad de los padres de conciliar la vida familiar y laboral y se estrechan lazos, que bien pueden ser -también- familiares, entre cuidadores y amigos, responsables y progenitores.

La verdad de la familia, por tanto, debiera estar en responsabilizarse y saber responder legalmente del cuidado y protección de los infantes y adolescentes, permitiéndoles crecer en libertad y valores, apoyando su desarrollo integral y siendo capaces de crear vínculos que vayan mucho más allá de la simple procreación o la inscripción en un Registro Civil, que debiera estar abierto a todas las opciones -en abanico- que nos brinda el mundo de hoy, tan diverso como cargado de oportunidades de reflexión para todos.

Tu amigo que nunca te falla, te habla desde el concepto escrito en su alma familiar.



JUAN



domingo, 7 de mayo de 2017

HOY ME HE ENTERADO



Hoy me he enterado que las manecillas del reloj corren hacia la derecha, bordeando la circunferencia de la luna, insistiendo en este como el camino más corto para terminar el día sin pena ni gloria.

Hoy me he enterado que el grito no siempre traduce un sufrimiento pleno, sino más bien la necesidad de buscar una ayuda oportuna para que nunca te ocurra, en un último esfuerzo por ocultar tu vulnerabilidad y tus miedos más arcaicos.

Hoy me he enterado que hay muchos que rezan y encubren, así como también hay tantos que encubren y nunca rezaron.

Hoy me he enterado que los libros se leen desde la primera página, para que no pierdas el hilo que estableció su autor y puedas encontrar la solución a sus problemas y no a los tuyos.

Hoy me he enterado que nuestros padres vivieron en el Edén, a donde ya no volveremos porque necesitamos pagar por un pecado que no cometimos y por eso siempre seguirán pagando justos por pecadores.

Hoy me he enterado que hay gallos atrasados en otro huso horario, trastornados por tanto cambio climático y tan poco tiempo que dedicamos al trato y a la caricia a los animales.

Hoy me he enterado que no engorda comer sino el tiempo que dedicamos a masticar y saborear, el aliciente que vestimos de gala para que acompañe al plato o el nivel que alcanza la sopa que rebosa.

Hoy me he enterado que los niños no gatean porque no sepan caminar sino porque aprenden a olfatear un mundo sucio y que, cuando se cansan y hastían, se ponen de pie porque no soportan el hedor que despiden las circunstancias y sus momentos.

Hoy me he enterado que sólo hay tres enfermedades y están aún sin tratamiento ensayado, como el acostumbrarse a vivir en este mundo, sin aportar nada positivo, el luchar por vivir en solitario como los animales y la renuncia constante a tus principios y valores.

Hoy me he enterado que nosotros somos los hombres primitivos y que la prehistoria la vivimos ahora, porque tuvimos un pasado de crecimiento sostenido y nos encontramos en un atasco social e intelectual sin límites.

Hoy me he enterado que la paz ya no se dibuja como lo hacía Picaso y huelga la paloma y la rama de olivo, porque ahora -en su lugar- hay un reloj, dándonos a entender que es pasajera y temporal, dura lo que tardan los acuerdos y se prolonga lo que deseen unas manecillas, siempre que el mecanismo así lo calcule.

Hoy me he enterado que hay una piedra para cada río, porque el agua empuja diferente y que las voces suenan mejor desde el suelo, porque desde el púlpito se lanzan con un eco que se evapora.

Hoy me he enterado que no hay que ser mago para entender que la contaminación ambiental está en la calle y las aulas, en la sociedad y en el trato, en la enseñanza y en el castigo, porque siempre hay factores contaminantes que no se dispersan tan fácilmente.

Hoy me he enterado que es penoso seguir siendo como crees que debes ser, porque no te dejas arrastrar por la corriente.

Hoy me he enterado que los payasos se disfrazan para hacernos reír, porque las verdades nos dan risa.

Hoy me he enterado que se acaba esta entrada a mi blog porque acabé esta página, cuando la verdad es que estoy armando el titular para empezar otra, ahora mismo.

Tu amigo, que nunca te falla


JUAN  

lunes, 1 de mayo de 2017

DETRÁS DE LA PUERTA

Siempre nos ubicamos en la acera y nos imaginamos lo que habrá detrás de la puerta y, casi siempre, lo llegamos a saber cuando el vecino lo cuenta con detalle o las noticias narran los acontecimientos del día a día, a veces sabrosas por su encanto e ingenio y otras lamentable por la secuencia de los hechos.

Y es que nadie sabe lo que ocurre más allá de la puerta, esa madera o hierro que delimita un espacio natural y nos provoca atravesar por el simple hecho de su existencia, a pesar de que cada quien tiene el derecho de administrarlo según sus principios y valores, alejándose de rumores y prejuicios, comentarios y cuestionamientos.

Ahí es donde gritan los niños abandonados y no los escuchamos, porque tragan su pena con momentos de soledad amarga y golpes insensatos, reconociendo que la vida es una suerte de oportunismos y amenazas, las mismas que ellos cometerán cuando sean adultos, fruto de lo aprendido en su infancia.

Ahí es donde calla la mujer maltratada, vigilada y rondada por el macro-machismo manifiesto o el micro-machismo encubierto, amenazada y temblorosa, porque su vida y la de los suyos depende, en muchas ocasiones, de su propio silencio tolerante.

Ahí hay abuelos que vegetan callados, sin molestar en la esquina del patio, soleándose para disimular su anemia de afectos y quemando los pocos cartuchos de vida que le quedan, esperando la noche que les provocará recuerdos apagados, pero al mismo tiempo vivos, como la gasolina que permite arrancar a un vehículo estacionado.

Ahí hay mascotas amarradas y tristes, quejumbrosas y sin brillo en los ojos, cargados de vaivenes emocionales y saltos juguetones, esperando la carrera que le de sentido a su libertad.

Ahí es donde encontramos plantas regadas, armadas con el verdor de unas hojas que tienden a dar sombra a los sinsentidos de los familiares, recogiendo al mismo tiempo las gotas de lluvia y las maldiciones que se disparan los unos a los otros.

Ahí vive la indiferencia como un inquilino más, ahondando la rencilla de miradas y los condicionamientos más primitivos, donde todos se alejan de todos por miedo a contaminarse de nada.

Ahí permanece el tiempo, sin llamar la atención por todo lo perdido y no recuperado, cabizbajo y dormido, en un letargo que podría aprovecharse para asesorar a quien busca consejo y compartir con quien solicita apoyo.

Ahí están silenciadas las deudas y los resentimientos, las dudas y los pormenores, las balanzas de pago y los agujeros negros, pues todos nos enfrentamos a estos sinsabores en nuestro día a día, cada cual con su cuota de confianza en superarlos o su desesperación al enfrentarlos.

Ahí también se encierra el tiempo libre, esos momentos en los que algunos se emborrachan de no hacer nada y otros aprovechan para dar ejemplo con una lectura meditada y reflexiva.

Ahí cabe un espacio para el polvo acumulado y cargado de desencuentros y alimañas, sucio como el polvo mismo y flotando como una amenaza en el ambiente que antecede a la cocina, donde se fraguará el almuerzo que cada quien se merece o se lo puede permitir.

Ahí están las redes sociales como una cuerda floja que te puede arrastrar al vacío y el aborto provocado porque a nadie le importaron los sentimientos de los demás, el miedo al qué dirán y los viajes sin programar, los regalos que no saben a nada y quieren ocultarlo todo y la ropa limpia para ir a la iglesia a confesar tus vacíos y esperanzas.

Ahí es donde te miras a los espejos y escuchas las críticas que no te permiten salir hoy a la calle, se esconden las joyas que heredaste y para las que no se necesitarían seguros porque las llevas en el corazón, si es que guardas alguna.

Y ahí es donde se esconde la esencia de la educación más ancestral, la que se transmite sin haberla estudiado, la que se regala sin haberse pedido, la que se construye para convertirse en herencia y legado.

Y ahí, también, es donde nunca dejamos de gritar para aprender a protestar, donde ensayamos la declaración para enjugar nuestra vida con besos y miramos por la ventana a quien se atreve a preguntar ¿que habrá en esta casa detrás de la puerta?

Tu amigo, que nunca te falla




JUAN 

lunes, 24 de abril de 2017

NO ME LO PUEDO CREER

No me puedo creer que la mañana no tenga amanecer, porque dejaríamos de frotarnos las manos y las palabras dejarían de estar congeladas, atrapadas por el vaho de nuestro aliento.

No me puedo creer que las personas se vayan sin anunciarlo, porque podríamos aprovechar mejor los momentos y aprender más de la vida misma.

No me puedo creer que todos seamos iguales, porque perderíamos la gran oportunidad de aprender del otro lo mucho que necesitamos integrar cada día.

No me puedo creer que vivamos para repetir siempre la historia, porque el afán siempre debiera ser re-descubrir la esencia de los momentos y hallar dentro de ti lo que no es monótono.

No me puedo creer que el mar quepa en un sueño de verano, porque se revive la ilusión de nadar a contra-corriente y dejarte llevar por el oleaje, flotar ante la adversidad y enfrentar la inmensidad; todo lo que quisiéramos hacer cuando estamos despiertos.

No me puedo creer que podemos estar cien días sin pensar y sólo un día sin comer, porque el alimento no está en el pollo sino en la reflexión y la esperanza siempre estará en lo que descubras y no en lo que ingieras.

No me puedo creer que el amor no necesita de nadie más porque alguien ha descubierto cómo enamorarte de tu sombra narcisista y así crees que puedes llegar a comprender los misterios de un diálogo sin miradas.

No me puedo creer que la playa se esté derramando, porque el mundo se ha inclinado a favor de las desigualdades y la ironía del poder, inundando de diferencias cualquier calle del planeta.

No me puedo creer que los niños hablen antes de gatear, porque necesiten decir dónde están antes de corretear sus ilusiones, mucho antes de que se vicien por correcciones o castigos.

No me puedo creer que a nadie le preocupe estar en silencio porque hayamos aprendido a leer los gestos antes que a escuchar lo mismo de siempre, que nos comuniquemos con silbidos y que los idiomas se resumen en sentarse a descubrir lo que el otro alberga en su alma solitaria.

No me puedo creer que ya sobren los bolsillos, porque terminaron convirtiéndose en bancos malos y guantes buenos, escondites malvados y termómetros de nuestros deseos.

No me puedo creer que ahora podamos llevarnos nuestra casa a donde nos desplacemos, para no pagar uso de suelo ni mantenernos aferrados al suelo que nos sostiene y así conocer el mundo como el caracol.

No me puedo creer que ya nadie llore, porque hemos aprendido a llamarnos para rellenar necesidades y no para levantar dudas.

No me puedo creer que ahora nadie gobierne porque todos somos gobernantes gobernados, sin presumir cuando gobernamos y aceptando cuando somos gobernados.

No me puedo creer que la mentira desapareció del diccionario, porque se usaba mucho por haberla aceptado universalmente y no porque el embuste hubiese llegado de incógnito a nuestra vida.

No me puedo creer que desaparecieran las loterías porque la suerte es de pisar este mundo como trovador y cantarnos lo que ven nuestros ojos, tan verdadero como real.

No me puedo creer que ya mismo los abortos no serán posible si el feto no lo quiere y que le exija a la madre que le cuide tal y como se ha formado, porque tiene el mismo derecho que los demás que ya vinieron al mundo antes que él o ella.

No me puedo creer que nadie se sienta discriminado porque hemos llegado a aceptar a los demás con el mismo deseo con el que nos hemos sentido aceptados por el otro.

No me puedo creer que ya no hay estudios sino proyectos, que la escuela se explica en los parques y que la universidad examina en el campo de todos.

No me puedo creer que el infarto haya desaparecido porque ya no se encuentra el dolor en las tiendas y no hay cómo intoxicarse con una dieta rica en dolor al comprar un cuarto kilo de problemas tontos. 

No me puedo creer que al vecino se le está llamando amigo y al amigo compañero, que el compañero es quien acompaña y que la compañía siga siendo tan necesaria como oportuna.

No me puedo creer que haya quien lea esto y no grite porque encuentre locura en un renglón o desencanto en el cambio programado, angustia en  los anocheceres pálidos o interrogantes en el agua que ya no le lavará jamás.

No me puedo creer que sigamos siendo lo que somos y no deseemos ser lo que debamos seguir siendo.

Tu amigo, que nunca te falla


JUAN



domingo, 9 de abril de 2017

LA SEMANA SANTA ES ALGO MUCHO MÁS SENCILLO


Me preocupo cuando veo la Semana Santa cargada de vacaciones planificadas y visitas a los grandes almacenes para comprar el mejor atuendo, ese que crees que combina con la peregrinación y los días de asueto, pero que en el fondo es una oportunidad de transformarte, en tu aspecto, para entrar con algún cambio en la primavera que ya llegó.

La Semana Santa es una peregrinación, desnudo, por tu recorrido en esta vida, descubriendo las pasiones que has ido atravesando, desconocido y apaleado, cuestionado y castigado, incluso juzgado sin motivo, para caminar con tu cruz por este mundo cargado de sinsentidos.

Me preocupa esa Semana Santa de palcos y tronos, palios y nazarenos, preparados "ad hoc" para resolver el paseo de una figura, abrillantada exteriormente y cargada de joyas y mantos de los que Jesús se despojó siempre, para no distinguirse entre los suyos.

La Semana Santa es sentarse a mirar la pasión injusta que atraviesan muchos seres humanos por condición social o religiosa, económica o personal, arrastrando taras o estigmas que los significan y distinguen, pero que al mismo tiempo los señalan y resaltan con alguna corona de espinas.

Me preocupo por la Semana Santa de vacaciones y descanso, la de madrugadas de cánticos con corazones ennegrecidos por el odio y la de atardeceres cargados de pasos y ruidos, en el silencio de quienes han perdido la fe por la falta de oportunidades.

La Semana Santa es una verdad "sin esquinas" porque se manifiesta en la procesión que todos llevamos dentro, ese camino que tenemos que hacer para que la paz vuelva a nuestras vidas, en la libertad de seres humanos "a la sombra".

Me preocupa la Semana Santa que da limosnas para adquirir el grado de "samaritano" sin preocuparse de las necesidades reales de los demás, la de los status y las campanadas, porque cada toque es una orden para seguir caminando.

La Semana Santa es la libertad de reflexión, cada cual en la calle que prefiera de su vida, sólo o acompañado, sin maquillajes ni claro-obscuros, porque en nuestro interior siempre llevamos el duelo y el trono, cargamos la pesada cruz de las incomprensiones o la indiferencia, el rencor o el castigo.

Me preocupo por una Semana Santa de visitas, para alegrarse con adornos y ornamentos, deslumbrarse con lo mágico de las voces y los golpeteos de los tambores, ahondando en una cultura y una religiosidad popular que no deben quedar en el olvido.

Sin embargo, la Semana Santa se pasa con la saeta de la monotonía y el desencanto, albergando dudas y prejuicios, ajeno a las vivencias de los demás y olvidándose de compartir caminos que debieran conducir a algún rincón, dibujando los momentos con hambre y abandono.

Me preocupa la Semana Santa de golpes en el pecho y alabanzas, porque no se escuchan con el mismo brío durante el resto del año, asistiendo a los oficios como un miembro destacado de la Iglesia más necesaria.

La Semana Santa, por el contrario, es una caminata a nuestro interior, para descubrirnos en nuestra propia pasión, en nuestro reencuentro y castigo, porque precisamos seguir siendo los mismos pero con una visión del mundo que incluya a todos quienes pasan la Semana Santa muchas veces cada año, porque el destino, las circunstancias, el desalojo, la indiferencia y el yugo le ordenan y mandan una pasión tan incómoda como injusta.

La Semana Santa es un modo de hablar de nuestros proyectos y reformarlos, de sufrirlos callados y disfrutarlos en peregrinación, porque todos venimos del mismo vientre y llegaremos al mismo suelo.

Tu amigo, que nunca te falla


JUAN 

sábado, 8 de abril de 2017

¿POR QUÉ NO TIENE ACERAS TU VIDA?

     





¿Por qué no tiene aceras tu vida?


(Artículo publicado por mí en el Diario "La Hora", de Loja, el 1 de abril del año en curso)



Somos, o al menos deberíamos considerar esta posibilidad, calles en un mundo convulso, pensando que tenemos libertad para utilizar la carretera a la velocidad que dispongamos y, por eso, tenemos accidentes y nos equivocamos con frecuencia. 

No nos acompañamos de la prudencia antes de tomar decisiones y chocamos por la premura que imprimimos a nuestros actos, sin darles tiempo para que sepan responder al ritmo en que se presentan los acontecimientos. Esto se refleja en las opiniones y los comentarios, las decisiones y los compromisos.

     
Las prisas son una constante en nuestras vidas, sin darle oportunidad a la reflexión profunda, la que acompaña siempre a una caminata por la acera, donde disminuye el riego de tener accidentes, protegido por la calma de los pasos y pudiendo caminar en ambos sentidos, acorde a tus principios y valores, apetencias y vínculos, objetivos o necesidades, rumbo o destino.

     
Al caminar podemos pensar y planificar, sentirnos acompañados y acompañar, mirar y respirar, proyectar y sentir, que es lo que necesitamos como seres humanos en libertad, porque la carretera nos obliga a temer y correr, cuidando lo que podemos perder en cualquier sobresalto.

     
Mira la calle desde tu ventana y siente la necesidad de caminar, paso a paso, por la acera de tu vida, la que te dará la oportunidad de pasar debajo de las ventanas y cerca de los portones, donde la gente se asoma para saludar y compartir. Aléjate de la carretera, donde la velocidad y no el buen tino, te ponen siempre a riesgo.

La vida abre y construye aceras para quien quiere reflexionar y también dispone carreteras para quien desea el riesgo y la aventura, tan precipitadas como inoportunas en una vida que tiende a ser compartida y viva.




      ¿Por qué no tiene aceras tu vida?





martes, 28 de marzo de 2017

¿A QUIÉN SE LO QUIERES DECIR?

Hay muchas personas que no pueden mantener un secreto que, al fin y al cabo, sólo es una frase que explica un hecho que no se desea hacer público y que se tararea en silencio para buscarle el desfogue más rápido para contárselo a ese otro alguien en quien crees confiar plenamente, que al final acaba siendo igual de confiable que tú y termina siendo público. 

Otros desean que llegue el momento, donde están reunidos todos los que son, para proclamar a los cuatro vientos una buena nueva o una decisión que cambiará el rumbo de los acontecimientos y así liberarse de la presión que suponía aceptar en solitario las consecuencias de haber dado ese paso, porque se piensa que al compartirlo se disipa la carga de responsabilidad asumida.

Muchas madres tararean a sus hijos canciones y, casi en silencio, susurran historias pasadas y vivencias emotivas, con lo que están dándoles un cariño extra por el recuerdo transformado en cordón umbilical, por donde ambos se retro-alimentan de la salsa picante de la vida, tan sabrosa como entrañable, aunque a veces se nos pueda presentar como quemante o tusígena.

Hace pocos días vi a un mendigo hablándole a dos perros que cobijaba entre sus piernas, acurrucándose del frío de las calles de París, consolándoles del ruido y del trajinar de caminantes y acariciando la mansedumbre y el hambre que colgaba de sus cuerpos.

Algunos seres humanos hablan para transmitir y enseñar, para educar y formar, porque su tarea fundamental es compartir su saber y su entereza pedagógica se encarga de hacer realidad el sueño vivo de ver reflejado en los pasos de los demás parte de su historia de vida.

Sin embargo, hay muchas personas que hablan mirando hacia arriba y con miedo, con ojos que piden paz y refugio en los campos abiertos para desplazados, igualdad y respeto entre los seres humanos manipulados y punto de atención de las mafias, acogida y apoyo en los que atraviesan mares huyendo o cruzan fronteras en un mundo global, de perdón en quienes se expusieron a atentados y de clemencia en todos los que siguen oprimidos por el yugo de la incomprensión, la envidia o el castigo persistente e inhumano.

Hay quien se lo quisiera decir a su padre, pero ya no lo tiene a su lado, o a un cercano y no le permiten integrarse, porque la sociedad está llena círculos de rechazo y espacios donde se descarga la rabia con todo lo que no es igual, porque se cree que la diferencia resta y no suma, a pesar de que siempre se llega a comprender que el diferente siempre fue el que generó la misma diferencia y no los demás que lo aceptaron como parte de su historia de vida.

Alguien podría creer que se lo podría decir a su compañero de trabajo, en quien luego encontrará un rival, o a algún actor o líder social y luego encontrará que podría ser una información que llegará a ser usada en su contra.

Reconocer que se lo podría decir al compañero, de paseo o de bar, puede suponer que más tarde lo comparta con un tercero y, lo que para mí fue parte de lo que no deseaba que los demás conocieran de mí, se transformó en una ventana abierta mientras duró la borrachera o el rato de paseo compartido y luego pasó a ser parte del cuchicheo de la calle.

Muchas personas desean decirlo rezando, porque en la oración descargan lo que pretenden y lo que anhelan, lo que les duele y lo que les aprieta, como si estuviesen buscando el perdón a partir de una penitencia que les libere de pecado.

Hay quien cree que se lo debe decir a su mascota, el ser vivo que come piando en su jaula, que salta y mueve la cola correteando en el patio, al gato que maulla porque tiene hambre o hasta a la mosca que, según la posición que adopta en la pared, nos anuncia frío o lluvia, porque nadie más se enterará y al mismo tiempo fortalece los vínculos de cariño mientras los acaricia o contempla.

Y también hay quien le habla al vacío porque no hay quien le escuche, esperando que el frío de la calle congele sus intenciones escondidas en los verbos que utiliza, desprendiéndose de los sinsabores que lleva cargando desde hace tiempo y del coraje acumulado contra todo y todos, en espera de que la soledad le brinde una luz y pueda hallar paz en sus reflexiones más turbulentas.

Hay quien se lo cuenta al único familiar que tiene y al que va a ver a la residencia de ancianos cada 15 días, con el único propósito de decirle que no se olvidó de él y que la distancia está siendo justiciera, pero que la demencia era un impedimento para poder compartir la carga de sus cuidados con profesionales.

Hay, por supuesto, quien cree que los medios sociales son la plataforma para contar lo que se quiere reservar, haciendo pública la forma y no el fondo, en espera de que alguien, vestido de anónimo o anónima, se haga presente en su vida y colme los minutos de silencio que tanto le preocupan y empiece a recibir miradas on-line, descargadas de calidez pero sobre-saturadas de palabras y emoticonos.

Hay, también, quien se lo dice al poema y los versos van hablando por sí solos y transmiten los paisajes de las rimas y los claro-obscuros de las estrofas, intentando emocionar y despertar verdades, arrinconar las penas y sacar a pasear a los deseos.

Y hoy quiero decírtelo a ti, porque tu lectura le da valor a mis palabras y reconforta mi pasión por escribir, porque al orientar mis pasos en la dirección que siempre elegí estoy aprendiendo a compartir mejor mi visión del mundo y sus circunstancias.

Con la esperanza de que esta entrada te ayude a comprender el por qué y el cuándo, el dónde y el cómo, el qué y el para qué se lo decimos a quien se lo digamos, se despide tu amigo que nunca te falla.


JUAN

viernes, 10 de marzo de 2017

LA FELICIDAD DE SENTIRSE DIFERENTE

Muchas personas sienten la tranquilidad de saber que están cómodos con su situación actual o que, aún no estando contentos, tienen la seguridad de que se acomodan fácilmente a las circunstancias y no presentan prejuicios ni miedos si se les compara, porque su situación actual es la que les convence y a la que mejor se acomodan.

Sin embargo, hay quienes sienten un cosquilleo sano y respiran hondo, con mayor profundidad y estirando los brazos para que las costillas aumenten el diámetro de la caja torácica, porque lo importante es deglutir todo el aire posible al sentirse diferentes, por el simple hecho de ser feliz con lo inesperado.

Algunos, en otro momento, han notado una diferencia en sus cuerpos o sus aspiraciones, empezando a ver el mundo en modo diferente, empiezan a reflexionar con todo lo que les ocurre y ahí hallan una verdad que desconocían, unos amigos que ahora empiezan a ser también soportes o unos mensajes que levantan el ánimo y ...¿por qué?, -simplemente porque algo que te provoca felicidad te está empezando a cambiar la vida.

Esto, sin embargo, no exige ponerte en conserva y esperar a que surja el sabor cuando ya todo esté añejo ni manifestar una felicidad inexistente por el simple deseo de contagiar el buen ánimo que aún no ha germinado, sino el ejercicio constante de saber que estás en un momento especial y que puede cambiar en cualquier otro, lo cual te aportará, muy posiblemente, esa felicidad que ibas buscando durante mucho tiempo.

Y es en ese instante en el que te miras hacia adentro y hallas esa verdad que desconocías, se te nota una brillantez en los gestos de entrega, una luz sale de tu interior y ahí te percatas que eres feliz y, comparándote con el de antes, te sientes verdaderamente diferente.

Por tanto, ser diferente es encontrar tu otra mitad, la que se contrapone al ser humano de siempre, al que conoce todo el mundo, pero al destacar como algo diferente y manifestarte como un ser humano transformado estás descubriendo la chispa que te lanza y te presenta a un mundo que esperaba a esa otra verdad con la que nunca te acompañabas al caminar.

Una vez que das el primer paso transformado es cuando quieres seguir caminando para encontrarte en la búsqueda constante que empezaste en tu adolescencia y ahora empiezas a encontrarle el sentido a tu vida y a tus actos, le das brillo a tus valores y descubres que empieza a haber quien te sigue, convencido que ahí está también tu otra oportunidad. 

Ser feliz es una paleta de colores que empiezas a combinar cuando te sientes diferente, porque aprendes a sacar lo mejor desde el fondo de tu alma y empiezas a engranar las miradas y las arrugas, hasta que empiezas a sentirte diferente por el hecho de que todo empezó a salir mejor, como siempre lo quiso tu otra mitad.

Hay que aprender a sentirte diferente porque eso traduce un estado de ánimo que rompe con tu más triste compasión y y ahí agradecerás al espejo que te aplauda siempre que estés dispuesto a cambiar y transmitir la felicidad que, por sí sola, contagia a cuantos te rodean.

Tu amigo que nunca te falla


JUAN 

jueves, 2 de marzo de 2017

¿QUÉ NOS DICEN LOS PAYASOS?

Un payaso nos hace reír porque nos cuenta que llueve cuando está brillando el sol y creemos que él se lo cree, aunque la evidencia esté en su contra y, cuando salimos, empieza a llover porque el payaso tenía siempre algo de razón.

Las frases de un payaso son verdades que desaparecen cuando se quita la pintura de la cara, porque esconde siempre sus dudas e incertidumbres y las expresa en público para que todos conozcamos a quienes son como él y pasan desapercibidos, porque necesita que lo saludemos y escuchemos.

El payaso nos habla de imposibles y nos enseña que dos más dos son tres, aunque las matemáticas lo desaprueben, pero si nos quedamos en silencio comprobamos que dos a favor de una propuesta y otros dos en contra terminan por confrontarse y sólo se enfrentan los líderes, que son dos y siempre buscarán un árbitro para que ponga orden y ahí sumarían tres.

Cualquier payaso se mueve con poco arte y lanza puñetazos al aire, en un afán triste de golpear alguna palabra suelta que no debiera estar en el diccionario y, en el fondo, creo que quisiera atrapar la expresión "sexo débil" que está referida, con el afán de arrancar lo débil de cualquier palabra, porque habrá un adjetivo "fuerte" que se lo asignarán los que se crean con derecho a imponer.

Un payaso no pasea por cualquier calle sino que se mueve en su escenario, donde tiene el poder de cuestionar y criticar, haciéndonos reír, porque al abrir la boca proponemos a muchos músculos que nos obliguen a refugiarnos en una reflexión profunda y es por eso que, después de escucharlos, entendemos que el ombligo es la parte de nuestra fisionomía que no sirve para nada y por ello, también, algunos pasan mirándoselo constantemente, creyendo que es el centro del universo como ellos también se lo creen.

A un payaso se le aplaude porque sus discursos son cortos pero sensibilizan, sus carcajadas confunden pero llegan a lo más hondo de nuestras verdades escondidas y cuando lloran nos contagian, porque quizás también estén llorando por dentro y lo que vemos son esas lágrimas verdaderas que no fueron capaces de derramar en sus ratos de soledad.

Cualquier payaso se viste con ropa colorida para que todos nos identifiquemos con nuestro color preferido y nadie desvía la mirada al sentirse atraído por el rojo o el azul, el verde o el negro y así, sin querer, todos nos creemos protagonistas de las historias, tristes o alegres, que intentan representar durante sus ratos de función.

Todos los payasos tienen zapatos grandes porque quieren dejar huellas en lo que dicen o insinúan y, al final, pretenden que seamos más sensatos al caminar y al aceptar, más cautos al correr o al decidir y más reflexivos al asesorar o al educar.

Un payaso nunca miente, porque estaría discrepando de su propia razón de ser, porque el payaso es nuestra alma gemela, la que nos acompaña con prudencia y nos aconseja con delicadeza, es nuestro mejor amigo y nuestro profesor más silencioso, porque enseña con los gestos que se mueven con la mirada, sin magia ni artimañas.

Un payaso nos cuenta lo que no se cuenta a sí mismo, nos relata lo que no tiene moraleja porque pretende que tú mismo la saques desde tu corazón y con la ortografía que quieras ponerle, nos habla de la infancia que él quiso vivir y descubre la verdad que él no puede encontrar.

El payaso, siempre lo supe, nos habla del mundo que quiere perder de vista y del que desea ver muy pronto entre los espectadores, nos hace preguntas para que aprendamos a dar respuestas y nos pone ejemplos de la vida diaria, la que nos molesta y dispone por nosotros, porque desea que aparezca otra vida más natural y espontánea en el día a día.

Un payaso nos mira como niño y nos hace sentir niños, nos señala como aventureros y empezamos la aventura de querer de otra manera, nos da la mano y sentimos que somos fraternos, nos rasca la cabeza y surgen las mejores ideas para ser mejores ciudadanos de a pie.

Un payaso, creo no equivocarme, es el relato más sincero de lo que nos falta por ser y de lo que necesitamos caminar para llegar a ser tan verdaderos como él o ella.

Gracias, payaso de ayer, hoy y mañana, por decirme lo que no cuentan las historias, porque tu historia es la que más me vale para crecer.

Tu amigo, que nunca te falla



JUAN. 

jueves, 23 de febrero de 2017

NO TODO TIENE UN COMIENZO


Creemos que todo tiene un principio y, si no lo encontramos, dudamos también de su existencia y por eso hablamos de la Creación y ponemos un origen, cuando Adán y Eva fueron creados, pero hasta en eso tenemos ciertas vacilaciones y argumentamos que el uno se lo hizo del otro, pero ...y el otro ¿de dónde vino?

Vemos un largo camino y nos vamos al origen, donde nace esa carretera, arrancando desde otra vía principal que le procuró su propia vida para que pudiera conectarse con un pueblo cercano. Pero, aún así, nos inquietamos y seguimos buscando el origen a la carretera.

Nacemos y buscamos a nuestros padres, algunos tardan toda la vida porque no estuvieron presentes en el momento del nacimiento y su búsqueda se engrana con la de otros que creen no tener orígenes y no dudan en romper con todo hasta estar convencidos que saben de dónde partió la idea de dos seres adultos por ser padres y que se confirme que es la razón de que él o ella vinieran a este mundo.

Encontramos un saltamontes y queremos saber la especie, el género, la familia y todo lo que identifique sus orígenes y lo defina para toda la vida, porque hay que clasificar nuestro hallazgo.

Escuchamos un comentario y le seguimos el hilo porque necesitamos reconocer de dónde partió ese bulo, quién lanzó el primer grito que justifique la necesidad de corregirlo para evitar que el aire siga arrastrando más mentiras, más allá de cualquier frontera.

Buceamos y precisamos eliminar una burbuja de nuestra boca para saber el camino que toma y así poder llegar pronto a la superficie, antes de que se agote el oxígeno en nuestra botella, porque allí es donde nos sentimos seguros y flotando en el comienzo de nuestra zambullida.

Escuchamos tardíamente una carcajada y precisamos encontrar la palabra que desbordó las primeras impresiones y despertó la suspicacia de unos cuantos para poder hacernos eco de la moraleja o la gracia escondida y poder comentarlo luego ante otros amigos, esperando la misma sonrisa abierta.

Sin embargo, nos despertamos bruscamente al salir agobiados de un sueño que nos cercaba las esperanzas y encontramos razones para explicarlo en el devenir de los días pasados, pero no hallamos el comienzo, porque todo es una suerte de conflictos que influyen en la temática de lo que soñamos.

Escuchamos una mentira y no encontramos el comienzo, porque nunca hubo una verdad que la desencadenara, por lo que el círculo nos devolverá siempre al engaño que se quiso transmitir y nos alejamos, con el tiempo, del inicio de tal decepción.

Aplaudimos un gesto espontáneo y desconocemos, asimismo, dónde surgió el impulso, pero tenemos que viajar al fondo de nuestro pulso diario, con el que arremetemos -sin saberlo- a favor o en contra de algo o alguien, pero no hay una catapulta ni un gatillo que dispare con tanta fuerza.

Hacemos algo por obligación y queremos buscarle la razón en algo más que un deseo aceptado, aunque sabemos que la imposición no deja espacio para aplaudir un movimiento que no cuenta con un espacio de libertad.

Un paciente terminal escucha una llamada y se despide convencido de su viaje, pero nadie le preparó las maletas y no se puede saber de dónde viene el autobús que lo recogerá, porque tampoco tiene ruedas el medio de transporte.

Alguien se aleja de nuestro lado y nos vamos quedando solos, pero nadie se atreve a preguntarse por qué todo tuvo que acontecer en el mismo momento si no ha ocurrido una interposición de planetas ni hubo un complot anotado.

A veces, tenemos que aprender que "no todo tiene un comienzo" porque nosotros podemos estar en el comienzo de ese algo que nació con nosotros, porque hemos sido capaces de provocar o aunar, impulsar o determinar.

Y cuando algo no tiene comienzo sino que ese principio somos nosotros mismos, es porque somos culpables reconocidos e inocentes gotas de agua que se tienden a evaporar y cargar nubes de esperanza -y no nubarrones de tormenta- que se descargarán luego para humedecer las huellas de los demás.

Es cierto que no todo tiene un comienzo, aunque es seguro que debe tener un final y nuestra obligación es ubicarnos allí, al final, para analizar con miradas hacia atrás dónde estará el inicio y allí nos encontraremos caminando y en cada paso que demos nos seguiremos alejando del principio.

Y si no encuentras el comienzo de algo, que sepas que el principio está en ti y en lo que hayas sido capaz de haber aportado en la vida de los demás.

Tu amigo, que nunca te falla



JUAN 

viernes, 17 de febrero de 2017

¿QUIÉN PUEDE MÁS?



Nos embaucamos en relaciones donde buscamos ser más que el otro y así tenemos dos rutas recorridas, porque podemos manejarlo a nuestro antojo desde ese momento y porque hemos encontrado la posición de dominante, con lo que nuestro mensaje se asegura la asimilación íntegra por un hipotético respeto de los demás.

A pesar de que nos llamamos "humanos", conocemos que esto ya lo llevan a la práctica los animales salvajes, limitando territorios y demostrando superioridad, la que llevará siempre consigo el respeto de los demás "por miedo".

Las relaciones padres-hijos son manipuladas por el carácter fuerte y el hijo condiciona la vida de sus progenitores o los padres delimitan el recorrido de los hijos, por lo que en el camino se perderá siempre el respeto y surgirá la incertidumbre y el miedo irracional.

Encontramos la condición de "dominante" en las relaciones de pareja, cuando alguno de los dos se intenta imponer por la fuerza, al no conseguirlo por la razón, como diría D. Miguel de Unamuno y de ahí germinará la semilla del odio y las diferencias, la envidia y el martirio constantes, hacia el encuentro seguro del maltrato o la violencia de género, la ruptura o la discordia en la manipulación de la educación de los hijos.

A veces, entre los hermanos encontramos esa imposición mantenida y se notan los vacíos de oportunidades para dialogar y compartir del dominado frente al dominante, porque pareciese que este desease ver cumplidos sus propósitos en la trayectoria de vida de su hermano y le obliga a repetir su misma historia, sin libertad para que se deshiciese de prejuicios y patrones, aprendiendo a construir la suya propia.

Aún en los liderazgos hemos aprendido a ubicar siempre un púlpito para dar la imagen de dominante, como si el mensaje tuviese sólo un sentido, sin preguntas hábiles para que no se deforme la coyuntura ni se rompa el instante de control de quienes sólo deben escuchar y nada más, incapaces de brotar y despegar de su estado vegetativo.

Conocemos de una iglesia constituida y una religiosidad popular, intentando dominar la primera sobre la segunda, cuando es esta la que determina que la iglesia se siga constituyendo y le obliga a que siga participando en la solución de los verdaderos problemas del mundo.

Es lamentable el cónclave de representantes que, aún debiéndose a los suyos, pobres de espíritu y cargados de necesidad, adoptan el rol decisorio sobre el destino de los que se encuentran sin destino y acuerdan jugar a sentirse coordinadores de los futuros de los demás.

En la moneda de cambio hay billetes que se imponen y dominan a los demás, en las categorías preestablecidas siempre se coloca el primero al dominante, en las ventas de discos hay oportunismos vestidos de dominantes y hasta en los colores, hay un mundo de desencuentro entre unos dominantes o primarios y otros dominados o secundarios.

 Las montañas están para dominar las llanuras, los movimientos de masas para aupar a los dominantes, los platos para destacar siempre el elemento culinario dominante y en los procesos dudosos de culturización siempre hay un dominante.

Sin embargo, hay llanuras en las relaciones humanas, donde todos pareciésemos iguales, o al menos así lo manifestamos y ahí siempre tienden a surgir las clases dominantes, las que tienen el derecho de veto, las que condicionan el voto, las que imponen conductas y colorean el miedo con castigo persistente, las que abren brechas y catalogan a los demás, las que obstaculizan y minimizan, las que olvidan con facilidad que todos somos iguales y se proponen hacernos diferentes para que siempre haya un lugar preponderante para el dominante.

No hay discurso en el que no haya espacio para creer que se puede más que el otro y ello le resta significado al mensaje, por añejo y manipulador. Ni tampoco hay relato periodístico en el que no se destaque primero al dominante, porque también ello influye en el nivel de ventas.

Creo que es hora que se destaque al dominado, para que opaque al dominante y al condicionado para que provoque sonrojo en el condicionante.

Si queremos una sociedad diferente, debemos caminar hacia un encuentro en común y no al encuentro de un púlpito, hay que recorrer el camino de la igualdad para hallar las mismas oportunidades, tenemos que aprender a hablar mirando a los demás en la transversalidad y estamos obligados a olvidar la frase ¿Quién puede más? o, al menos, a cambiarla por esta otra ¿Cómo podemos ser más y mejores?

Tu amigo, que nunca te falla



JUAN