miércoles, 4 de octubre de 2017

LAS PREPOSICIONES DAN MIEDO


¿Qué hacer cuando nos enfrentamos A una catástrofe que no se había anunciado y comprobamos el sufrimiento DE un pueblo que se retuerce de interrogantes?

¿Qué actitud tomar ANTE el castigo de unos padres que no están BAJO observación y nunca aprendieron la mejor manera DE educar a sus hijos?

¿DESDE dónde vienen los lamentos de niños CON hambre que nadie escucha?

¿CONTRA quién habrá que luchar para que los problemas sigan su curso SIN encontrar víctimas inocentes?

¿HACIA qué punto debemos dirigirnos cuando estamos perdidos?

¿POR qué razón no se llega a un acuerdo por los líderes internacionales si está en juego la paz mundial?

¿CABE detenerse un rato para pensar en mis verdaderas actitudes?

¿DE qué valores estamos hablando si quienes tienen que dar ejemplo se refugian en sus impulsos?

¿EN qué sociedad se ahorran los gestos por miedo a que se copien?

¿ENTRE cuáles alternativas discurre la posibilidad de diálogo para solucionar una temática concreta?

¿HASTA cuándo existirán las diferencias entre grupos sociales?

¿Merece la pena seguir intentándolo PARA que sigan coartando la libertad de tus esfuerzos?

¿Hay tantos sinsentidos o se puntuarán SEGÚN su procedencia?

¿Es probable que se pueda opinar SIN antes haber leído?

¿Será factible acceder a un diálogo sin querer estar SOBRE el planteamiento del otro?

¿Se puede ir siempre TRAS los sueños?


Tu amigo, que nunca te falla




JUAN



sábado, 30 de septiembre de 2017

NO DEBEMOS VIVIR SIN TENSIONES

Nos adueñamos de la paz y pensamos que quienes sufren tienen -o al menos están expuestos a- un mayor nivel de riesgo que quienes se toman la vida con la suficiente calma como para no alborotarse por nada de lo que acontece a su alrededor.

La tensión, entendida como la preocupación constante por algo que nos afecta, directa o indirectamente, es un modo de mantener el estado de alerta, aunque cada quien la manifieste a su antojo. Habrá muchos que salgan corriendo ante las dificultades y escondan la cabeza bajo tierra, esperando que pase el terremoto de acontecimientos que está condicionando su existencia, como también habrá quienes analizan la situación, descubren estrategias, buscan soportes y logran superar todo lo que se presente, venga por donde venga. 

Y es que no hay que temer a las barreras en esta vida, porque nos despiertan el ingenio y nos proponen un análisis real, metódico, singular y propositivo de esas circunstancias que siempre pasan de largo por nuestras vidas pero que, al detenernos por un rato, le empezamos a encontrar el sabor característico y el impacto verdadero que podrían imprimir a nuestras vidas. 

Algunas situaciones que pareciesen cuesta arriba, en un primer momento, cuando se encuentra un soporte -ese alguien dispuesto a acompañarnos para hacerle  un frente común- se descubren modos de enriquecerse con la actitud de los demás y se aprende a ser más fuerte, si cabe.

Las dificultades, asimismo, son necesarias para equilibrar las alegrías y darle un punto "salado" a lo que pareciese ser un toque "dulce" de  los acontecimientos. 

La vida tiene más sentido si nos preparamos para el éxito y el fracaso, pues no todo será transformado en un repique de campanas, que igual tocan para anunciar el nacimiento de Jesús como para una misa de Réquiem. 

No se puede ser conformista si pretendemos vivir en un mundo lleno de conflictos, entre los que habrá algunos que nos afecten y otros que no, pero tampoco podemos ser egoístas y vivir peleando con los nuestros, sino acercarnos a los de los demás para servirles de soporte y hacerle su existir más llevadero en su propia lucha. 

Quien vive sin tensiones está luchando una batalla sin alicientes. Tener la oportunidad de extraer una enseñanza es patrimonio de aquellos que se involucran en un descubrimiento interior frente a las dificultades. 

Al fin y al cabo, hay que agradecer a la vida que nos ponga retos para superarnos y barreras para aprender a franquearlas, porque la vida está plena de actitudes que deben imitarse y sólo debiera hacerse con aquellas que demostraron ser reales, eficaces y verdaderas.

Yo, personalmente, vivo esperando las tensiones que tengan que presentarse y preparándome para aquellas otras en las que pueda participar, con el único propósito de hacer una realidad la propuesta personal de vida de "estar presente en la vida del otro" porque, al fin y al cabo, es el mejor camino par alcanzar el bien común, del que dependerá -a posterior- nuestro propio estado de bienestar. 

Que las tensiones no sirvan de ruptura en las parejas, en las relaciones de amistad o inter-personales, porque en ese espacio es donde se deben encontrar los apoyos para salir "a flote" con el soporte del otro. 

Y, si pensamos mucho más allá, es ideal sentir la necesidad de afrontar para re-enamorarse, seguir conquistando, valorar mucho más a los demás y para conocerse cada día más y mejor, la fuente verdadera de la felicidad plena. 

Tu amigo, que nunca te falla




JUAN  

miércoles, 6 de septiembre de 2017

LA VERDAD DEL PASAPORTE NO ES MENTIRA

Normalmente precisamos un documento, en este caso el pasaporte,  para atravesar las fronteras de un país y adentrarse en un territorio donde precisas estar identificado y haber sido aceptado con las restricciones que marca la legislación vigente en cada territorio.

Cuando lo hacemos y caminamos libremente por las calles de las ciudades o pueblos del país al que llegamos, nos debemos sentir agradecidos por la hospitalidad y aprender a comportarse en el mismo modo debe ser un reto para cualquier turista o ciudadano de ocasión.

El mundo, sin embargo, debiese estar libre de aduanas y permitir la libre circulación para que todos nos sintiésemos cada día más hermanados en palabra y obra, vigilando la integridad patrimonial y de sus ciudadanos, amparando los sueños como recorridos necesarios para un progreso común e impulsando a las generaciones para que aprendan a vivir en comunión, sin envidias ni menosprecio algunos. 

Por todo ello, si aquí abajo utilizamos el pasaporte para conocer y visitar otros lares, es lógico pensar que debiera existir un pasaporte -que nadie dispone- para lograr atravesar la puerta de entrada al cielo y explorar ese sueño que tenemos tan a diario y saludar a los santos y conversar en la misma lengua con ángeles y toda la gente honesta que se adelantó en el camino de ida y que dan vida a un espacio de verdad y paz.

Sin embargo, aprendiendo a ser seres humanos más libres en su movimiento y erradicando las fronteras que ponen nombre a los territorios, los que se defienden con el honor y la sangre derramada de sus conciudadanos, podríamos llegar a pensar que no necesitamos preparar ningún pasaporte para entrar a ese cielo donde todos aspiramos a descansar sin espera. 

Yo, personalmente, quisiera un ambiente cargado de fragilidad y sensibilidad, donde los pecados fuesen las señales de tránsito para poder circular con moderación y respeto, con una misma lengua para que todos fuésemos bilingûes (la lengua nativa y la lengua del cielo) y que fuésemos capaces de llevar a cabo una traducción simultánea. 

Vivo con la ilusión de un niño que sólo requiere una mirada permisiva para reconocer que el paso que va a dar no infringe ninguna norma y que gateando puede llegar lejos, tanto como se lo permita su imaginación, sin perder de referente el apego a la figura de su progenitor.

Y si fuese necesario y requerido el uso de un pasaporte quisiera que en el mío se escribiese:

   -Vengo hasta aquí porque alguien me dió la dirección y el autobús me dejó en la puerta, quisiera que nadie me prohibiese entrar ni salir, en el caso que mis sueños no coincidan con la realidad, porque debe ser democrático explorar y comprobar que también se hace inventario en el cielo y no se ha pasado nada por alto. Agradecido por el recorrido, creo que estoy convencido y me voy a quedar, para lo que voy a tramitar mi carta de naturalización en el cielo.

La opción de vida debe ser también la opción en el más allá, donde se quede quien lo desee, aunque todos nos lo merezcamos, bien sea para descansar o pedir un perdón constante a todos a quienes se les hizo algún daño en este mundo de paso. Cerrar las puertas no es una buena opción en ese pasaporte hipotético que algunos creen que pudiera existir y que yo me resisto a creer.

Yo me imagino un cielo donde haya todas las dimensiones posibles de la palabra "amar", una cruz gigante para que todos podamos adoptar la posición sacrificada y sufrir concediendo perdón, un espacio libre con una calle en un sólo sentido, un camino de peregrinación que no tiene fin y una oficina para recoger el pase hacia la libertad verdadera, aunque algunos la tengan condicionada a un perdón que a algunos les tardará en llegar.

Y si eso fuese así...¿por qué no copiamos del cielo y hacemos lo mismo en este mundo para ir preparados a ese estilo de vida, al que algunos creen que no se adaptarán bien y otros piensan que nunca lo verán porque no consiguieron el pasaporte, en vida?

Tu amigo, que nunca te falla




JUAN 



jueves, 31 de agosto de 2017

¿DÓNDE ESTÁ TU IGLESIA?

Hay muchas personas que se conocen el edificio de su iglesia y acuden en los horarios pre-concertados, porque tienen la imagen de una iglesia que se define por un espacio de oración y silencio, donde el encuentro acerca y las miradas generan complicidad, a fin de escuchar pasivamente un sermón mientras otros se siguen acompañando del desencanto de las maldiciones en su vida.

Hay seres humanos que abren y cierran espacios de diálogo y cercanía, apoyo y soportes para quienes aún no tienen claro el concepto de iglesia y crecen aprendiendo a hacer iglesia, porque nadie se viste de gala ni se lee un evangelio escrito para interpretarlo, comparten una hostia diferente y se escucha la palabra de Dios en boca de quien sufre y no se relata nada más allá de lo que permite el momento.

Hay quien aprovecha para transformar la iglesia en pastoral constante con su ejemplo, sus vivencias, sus mensajes, su propuesta de voz acostumbrada que se sigue -con más desamparo que fe- por quienes creen que vivir puede ser una experiencia válida estando en un proceso continuo de resolución de dudas, a través de la lectura o la participación en grupos de auto-ayuda.

Hay quien desarrolla su actividad, o profesión, haciendo iglesia con sus actitudes válidas y coherentes, su respeto por el bien común y su afán por transmitir las enseñanzas, como un aditivo que acompaña gratis al producto que oferta en el mercado, desde cualquier bien hasta un servicio.

Hay seres humanos que se sacrifican en silencio, sin dolor ni angustia, sin prisas ni pausas, entregando todo lo que pueden y saben para satisfacer las necesidades de los demás y sólo esperan -a cambio- una sonrisa o un abrazo -por necesidad o agradecimiento- y sienten la verdad interior de una iglesia olvidada en ese gesto anónimo.

Hay muchas personas que se conforman con vivir la vida sin anunciarse, pasando desapercibidos en su figura y su presencia, pero tan necesarios en nuestras vidas que los olvidamos frecuentemente y luego se van de este mundo casi sin dejar rastro, aunque sí una huella profunda en el alma y también hacen una iglesia peculiar y diferente, silenciosa y oportuna.

Hay quien reza insistentemente, queriendo atraer la atención del despiste de muchos santos, implorando clemencia y perdón, queriendo alejar castigos y maldiciones, preocupándose de todos los demás en los grandes abismos, cuando sólo la suerte los salvará de su destino incierto y golpean su pecho abogando por sus necesidades no satisfechas, olvidándose luego -y muy pronto- de sus deberes como ciudadanos y sus responsabilidades ante los demás.

Hay seres humanos que se refugian en el liderazgo del bien después de haber estado inundados en el fango del mal y surgen como redentores de una sociedad que creen conocer a la perfección y procuran aplicar medidas preventivas, a partir de la educación franca sobre ese sub-mundo tan peligroso y desenfocado y ahí encuentran los peldaños que deben subir, día a día, para seguir su propio proceso de recuperación, el que consideran su propia iglesia.

Hay muchas personas que creen y aceptan que su iglesia está donde no haya iglesias y que sus pasos los darán donde no encuentren imágenes, que sus lamentos los digieren en silencio por el hartazgo con la vida y porque no han encontrado nunca respuesta a sus plegarias y no desean saber nada de ninguna iglesia.

Hay seres humanos que acuden a la iglesia para confesar sus pecados triviales, porque la monotonía social les arrastra a los vaivenes de los prejuicios y se consideran impíos por vomitar la superficie de todo el mal que llevan dentro y que desconocen, a conciencia, porque en el fondo se consideran de mejor estirpe y condición social.

Hay quien nunca escuchó que hay una iglesia o muchas, que el corazón tiende a palpitar cuando encuentras la tuya y que el conocerla le devuelve el sentido a tu vida y para ellos, para que aprendan a enamorarse de la vida que les llene, he escrito estos párrafos cargados de la Eucaristía de la vida diaria, en la que la homilía sea el mensaje compartido, cargado de apoyo y perdón y la consagración sea la manera más viva de compartir lo que se tiene, de palabra u obra, por sentirse útil en la vida de los demás.

Tu amigo, que nunca te falla



JUAN  


jueves, 17 de agosto de 2017

SOMOS BALONES ROTOS

Cuando queremos jugar al fútbol sacamos el balón del trastero o del patio, escondido detrás de alguna maceta y lo apretamos con los dedos, lo limpiamos para que luzca brillante y lo botamos, con la única pretensión de conocer si tiene la presión necesaria para disputar un partido, sin que se interpongan quejas ni reclamos porque la pelota no reunía las condiciones necesarias para el juego.

En la vida nos olvidamos como ese balón escondido en aquel baúl del olvido, nos inflamos y nos miramos al espejo porque queremos aparentar lo que quizás no seamos y damos unos brincos al reconocer que precisamos unos días de ejercicio, con el único propósito de acomodar nuestra existencia a una terapia preventiva o a una compañía que siempre vivió practicando deporte y no queremos ser tachados de insensatos ni de hábitos sedentarios.

Al dar los primeros pasos nos desinflamos rápidamente y no seguimos el ejemplo porque nos falta la energía necesaria para reír o disfrutar con un mínimo esfuerzo, por lo que buscamos el rincón para refrescarnos, la silla para reposar nuestro desgaste o la cama que controle nuestras palpitaciones.

En el fondo somos balones rotos, descuidados en el tiempo y desinflados por un desinterés personal en mantener activas nuestras sensibilidades y aprehensiones, manejando nuestros intereses acorde a los ritmos que marca la moda o los presupuestos de una sociedad de consumo.

No estamos dispuestos para conversar cuando nace un diálogo ni somos oportunos para compartir cuando surge una necesidad, nos alejamos cuando se despierta la sensibilidad de un apoyo incondicional y balanceamos nuestros prejuicios si la presencia la confundimos con una pérdida banal de tiempo.

La pregunta que siempre me hago es por qué?

(1) No somos capaces de valorar lo que tenemos aprendiendo a mantenerlo en las mismas condiciones?
(2) Nos cuesta tanto trabajo revisar nuestras prioridades para que no huyamos ante una llamada?
(3) Nos llega a herir tanto la verdad absoluta si se pronuncia sinceramente?
(4) No salimos a nuestro propio rescate cuando el espejo nos llama la atención?
(5) No contestamos ante las preguntas que surgen de nuestros sueños?

Si todo transcurriese llenando de respuestas nuestra vida, reencontrándonos en cada paso, cicatrizando heridas del pasado, revisando nuestras opciones vitales, valorando lo que tenemos y lo que nos rodea, seríamos balones íntegros, dispuestos a disputar cualquier encuentro sin violar ninguna norma de juego y no balones desinflados, desacomodados, incompletos e incapaces de aportar al juego lo que la pelota da de movimiento, persecución, arte, traspaso, fairplay y carisma, de los que luego hablarán todos los espectadores y por lo que seguirán valorando el espectáculo, que al fin y al cabo son las vivencias que nos completan y que nos definen la personalidad de la que hoy hacemos gala.

Tu amigo, que nunca te falla, quisiera invitarte a que te revises en tu interior y que intentes dejar de ser un balón roto, por si se te necesita para disputar un diálogo -o un aporte válido- en el campo de fútbol de la vida.

Tu amigo, que nunca te falla




JUAN 

miércoles, 9 de agosto de 2017

VEO QUE NO TE VES




Hay muchos momentos, en nuestras vidas, en que creemos que todo nos va de maravilla y, mientras más nos vemos por fuera, mejor creemos que estamos por dentro.

Sin embargo, no estamos solos en el mundo y somos incapaces de mirar a nuestro alrededor y demostrar que formamos parte de una realidad a la que nos debemos y en la que nos tenemos que incluir, más pronto que tarde, para que sintamos la presencia de los demás y podamos aportar, al mismo tiempo, al estado de bienestar general mirando desde el corazón a los demás.

Pensamos que el espejo nos va a decir, como en el cuento de La Cenicienta, que todo está bien y que aparentamos lo que realmente somos, pero la realidad es diferente y sólo nos quedamos conformes cuando descubrimos algún limitante o problema en el otro y nos manifestamos incapaces de hacer nada por aliviarles su dolor o su pena, más allá de gritar y disculparnos con el futuro que nunca se detuvo en su marcha, pero aún así es valioso ejemplarizar nuestro apoyo incondicional, desde la arista que la vida nos lo pida.

Debemos entender que somos parte de una realidad, tan crítica como real, que nos brinda oportunidades de desarrollarnos y aspirar, pero que al mismo tiempo nos presenta amenazas, como castigos, que tenemos que aprender a superar para seguir creciendo en actitudes y modelos.

No hay un bienestar completo ni integral, porque siempre encontraremos alguna astilla que nos molesta, por incómoda o inesperada, con lo que despertamos ante el espejo y empezamos a dudar de su criterio y le consideramos embustero, porque hemos hallado que padecemos de algo que desconocíamos y que nunca descubrí en mi imagen "en espejo" o que nos enteramos que a algún familiar o amigo le llegó la nota, desde alguna oficina del cielo, para que vaya preparando las maletas y tolerando el dolor que antecede a la despedida final.

Hay que aprender a verse, por dentro y por fuera, a los lados y a los alrededores, porque ahí están las claves para vivir el día a día, con el apoyo y los soportes de los demás, el diálogo constante con la vida y la necesidad de los recursos naturales para vivir, la integración de nuestras funciones vitales y la armonía precisa para que el reloj biológico no cambia su rumbo.

Cuando se descubre que no todo es como se pensaba, empezamos a balancear nuestros desequilibrios y nos invade un sentimiento de tristeza inoportuna, acongojando nuestra alma y exprimiendo nuestros recuerdos, porque asumimos que la vida nos arranca parte de nuestro ser.

Ese es el momento en el que aprendemos a ver y podemos mirar más allá de los ojos que nos miran, descubriendo ese algo que nos permita adelantarnos a cualquier acontecimiento, aún a sabiendas que Dios tiene siempre la última palabra.

No es tan difícil ver que no nos vemos y mirar que no nos miramos, pues al adquirir conciencia de la necesidad que tenemos de seguir viendo y mirando, aprendemos a descubrir y en el hallazgo estará siempre el comienzo de un largo camino que, en algunas ocasiones, determina un éxito en la curación o la re-inserción social.

Enseñemos a los niños a que vean más de lo que es aparente y descubran donde pareciese que no hay nada más que descubrir, porque esta actitud estará siempre muy por encima de la caligrafía medida y acomodada, ya que los gestos de apoyo son la mejor muestra para aprender a ser y no sólo para aprender a escribir correctamente.

Tu amigo, que nunca te falla



JUAN  

domingo, 30 de julio de 2017

SE ACABA ANTES DE EMPEZAR




Muchas personas terminan su proyecto, bien o mal encauzado, antes de iniciarlo, porque no pensaron en la logística necesaria para levantar todas y cada una de las estrategias que habían diseñado.

¿Por qué no abrimos puertas a quienes nos enseñan uno de los tantos caminos que la vida abre para entrar en el mundo de las oportunidades verdaderas'

Muchos padres terminaron su sueño de serlo antes de que la mujer quedara embarazada, porque perdieron la ilusión de educar y criar, enseñar y levantar tras una experiencia frustrante en su vida y el anhelo de una gestación se disipó en el vacío.

¿Por qué  no enseñamos a los hijos el misterio de ser padres y la responsabilidad de ser progenitores, antes de que se lo planteen pensando en su propia experiencia de vida?

Muchos niños despertaron con la ilusión de ser mayores para cambiar el mundo y se les derrumbó el proyecto cuando miraron los diferentes mundos que les rodean y comprobaron que no hay un empeño en cambiar, salvo en beneficio propio.

¿Por qué no paseamos por el mundo aportando y no de vacaciones, compartiendo y no tomando fotos, integrando lo que le regalemos y no distanciando con las miradas, para que otros comprueben que este proyecto comùn tiene sentido y que los cambios son tan necesarios como reales?

Muchos profesionales soñaron con aportar con investigaciones que incorporaban al cuento de la lechera, pero al analizar el impacto y el sentido que se le dan a la mayoría de las investigaciones que nacen y se van desarrollando en este mundo, orientadas al beneficio de las grandes minorías, en menosprecio de las grandes mayorías, abortaron su ilusión y buscaron el modo de hacer más felices a quienes les rodean en el día a día.

¿Por qué no descubrimos la investigación caminando, sin presupuesto para zapatos y los jóvenes aprenderán a leer investigando?

Muchos anónimos lanzan voces al desierto de los intereses creados y creyeron ser escuchados con la atención que creyeron merecer, pero se acabó su paciencia cuando se agotó la fuerza de su voz.

¿Por qué no descubrimos el color del eco, para que la voz se transforme en apoyo y enseñanza, al mismo tiempo?

Muchos amigos esperaron mucho de quienes se vincularon afectivamente, en espera de que hubiese un giro en sus ratos de soledad y la proyección se nubló antes de que aclarase el día porque era fruto de un sueño reconfortante y fresco, pero al mismo tiempo inoportuno y rancio.

¿Por qué no le dedicamos a la palabra "amistad" una página del diccionario y lo dejamos abierto para que se puedan ir añadiendo experiencias y connotaciones, realidades y descubrimientos en el encuentro entre amigos?

Tu amigo, que nunca te falla, quiere que empieces y no acabes tan pronto, que sueñes y no te derrumbes en el primer intento, porque hayas formado parte de una sociedad construida en oportunidades y valores, al mismo tiempo, la que nosotros debemos forjar para todos quienes estáis empezando a soñar y a volar.

Juan