Mi regalo de Reyes
Juan Aranda Gámiz
No podría regalar más leyes
que las escritas en el corazón,
y, con el permiso de los Reyes,
que la magia sea la oración.
Quisiera mirar una centella
detrás de una paloma con alas,
iluminando tantas sombras y, una estrella,
sin camellos y sin balas.
Se siguen sacando de los bolsillos tantos votos
y se desperdicia tanta saliva, sin remuerdo,
en un mundo con muchos más abrazos rotos
y con incienso que huele a desacuerdo.
No se escucha llorar al coro
cuando el villancico calla, si no renuevo
el alma, sin la mirra ni el oro
y sólo llego, al pesebre, deseando un mundonuevo.