lunes, 29 de diciembre de 2025

Espinos y espinas

 

Espinos y espinas

 

Acabamos la travesía de otro año que, para muchos, ha supuesto vivir cerca de plantas espinosas, no pudiendo acariciarlas, consolarlas ni abrazarlas por miedo a las espinas, que no son otra cosa que un mecanismo de defensa para que las circunstancias no sigan insistiendo en abrirles heridas.

Las espinas de quienes están hartos de vivir sin paz, de aquellos que tienen que tolerar imprevistos en su salud y de quienes sienten el abandono de un mundo que dice ser más solidario que nunca.

Y no podemos acostumbrarnos a cortar espinas porque vuelven a brotar para evitar quedar indefensos y vulnerables frente a un mundo que presenta intimidación, una aparente y desproporcionada campaña de selección natural y una insolidaridad que preocupa.

O, tal vez, es que nos estamos convirtiendo en espinos, con una apariencia de fragantes flores, aparentando prosperidad y un pacifismo relativo, pero que proponemos malas acciones enfocadas a alterar la convivencia y a imposibilitar que sea real un principio de igualdad de oportunidades para todos, sin distinción alguna.

Y  si enfrentamos los espinos, a las espinas, nos acostumbramos al olvido de los abrazos y las caricias, nos olvidamos del tiempo que debemos dedicar a los demás y nos desentendemos de los piropos que quedan atrapados y rotos.

Aún no hemos aprendido, a pesar del paso de los años, a proponer la presencia personal y el tiempo que deberíamos escuchar al otro, como la mejor estrategia para que no se necesite formar espinas para defenderse y, si los demás se abren a relaciones más humanas y cercanas, nosotros deberíamos transformarnos en plantas suculentas o crasas. Esas que no necesitan espinas y, entonces, recuperaríamos las miradas cercanas, los abrazos compartidos, los roces de los que se aprende a ser mejor cada día y la luz procuraría sombras sin el relieve de las espinas, que tanto dolor provocan.

Bienvenidos a un nuevo año  sin espinas ni espinos. Feliz 2026

 

Dr. Juan Aranda Gámiz