sábado, 21 de febrero de 2026

¿Por qué resulta rentable desviar la atención?

 

Cuando algo nos preocupa inventamos una temática y la ponemos en el centro de la discusión, con ello se desvía la atención y no nos involucramos en algún problema que pueda salpicarnos. Todos empezarán a hablar del tema que se introdujo y se le intentarán extraer todos los pormenores, actualizando la desdicha social a la hora de estudiarlo y buscando culpables sustitutos que, sin saberlo, seguirán en un intenso anonimato que no les permitirá participar en solución alguna.

A algún dirigente le incomoda una noticia y busca alguna estrategia que pueda resultar incómoda. Al tratarla, como una temática de Política Pública, se mantiene distante del foco de atención y nadie encuentra argumentos para cuestionar su liderazgo.

A muchos padres les resulta incómodo hablar de "sexualidad" con los hijos y, ante la pregunta de alguno de sus vástagos, desvía la atención con algún detalle que quiere convertir en norma, con lo que se cierra el grifo del despertar sexual  y  los hijos empiezan a encontrar respuestas en la calle. 

No sabemos qué hacer cuando un abuelo, con trastornos de la memoria, nos repite la misma pregunta y le hablamos de temas que no le permiten participar, con lo que le aportamos incertidumbre y ese miedo les obliga a mantener silencio, mientras recuerden la experiencia recién vivida. 

Nos cansamos de ver la misma actitud, en nuestras mascotas, porque nunca acertamos con la interpretación de sus gestos, por lo que llamamos su atención tirándoles la pelota y así se entretienen, perpetuando su malestar o requerimiento, desviando la atención y dejándoles un vacío de contenido en la respuesta, que pudo haber iniciado una relación con otra estrategia comunicativa.

Escuchamos la voz de nuestra conciencia, como una llamada de atención y nos tomamos un vaso de agua o salimos a despejar la mente, por lo que cuando necesitamos una respuesta firme a situaciones que se repiten estamos dispuestos a improvisar y los errores se multiplican.

Afrontamos la pregunta de un alumno, sin conocer la respuesta, pero solicitamos desgranar el interés que tuvo al formularla, con lo que se perdió la oportunidad de educar por dudas, solventado eslabones que pudieron ayudar a construir estrategias de superación personal.

Hemos aprendido a desviar la atención, porque quizás resulte rentable aparentar que no somos tan inteligentes ni propositivos como nos presentamos a diario.

Tu amigo, que nunca te falla, te desea afrontar la pregunta con verdad, aprender a subir los escalones de las respuestas y no desviar la atención para agotar un juego dialéctico oportuno, evitando así que se transforme todo en un discurso verborreico y sinsentido, ajeno al interés despertado en ese mismo momento.




Juan


No hay comentarios:

Publicar un comentario