miércoles, 20 de enero de 2016

LAS DIFICULTADES SON PARA SUPERARLAS



A TODOS MIS AMIGOS:

A veces nos sentimos desafortunados si nos enfrentamos a alguna circunstancia difícil, pero es lo que debe ocurrir en un mundo donde hallamos tantas contrariedades, propias de las convulsas relaciones humanas,  que nos enseñan a aceptar el devenir de cada día al momento de despertar, porque cualquier dificultad nos agota firmemente las fuerzas para superarlas con creces.

Un día salimos del cascarón y creemos que el mundo va a ser una realidad increíble, pero pronto nos damos cuenta de los problemas que genera haber venido al mundo y entonces nos ponemos frente al espejo, como si viésemos un cruce que nos acerca a una encrucijada “o seguimos por el camino del rechazo constante y nos ponemos un impermeable, creyendo que la nube de obstáculos no nos va a mojar jamás o elegimos incorporarnos a un mundo que hemos de aceptar tal y cual es”.

Si nos dejamos llevar por el conformismo de que “esto no tiene arreglo” es porque nos despreocupamos del legado que dejaremos a los que vengan detrás y seremos culpables de sus propias dificultades, porque muchas serán heredadas como se generaron antaño, cuando nosotros nos olvidamos de aplicarles alguna solución para que viviésemos con un estatus de felicidad más integral.

Si nos rebelamos contra todo estamos expuestos a sufrir un estrés y a claudicar ante la presión de toda una sociedad que piensa que nuestra revolución es de otra época y que en el empeño aprenderemos a moderar nuestras intenciones, observando el acomodo de los demás y la falsa tranquilidad de quienes desean que todo siga igual.

Los lamentos son fruto de la desesperación y conducen a un estado de malestar en el que nos dormimos, presa del pesimismo y la incomodidad de la falta de herramientas disponibles para superar cualquier contratiempo.

La genuina forma de superar toda piedra en el camino sólo es patrimonio de la valentía de querer seguir siendo uno mismo, no derrumbándose ante nada, aunque esté en juego nuestra propia existencia, porque los principios nos impulsan, la verdad nos acompaña y la ilusión nos mantiene vivo el ejercicio de la lucha interior por ser cada día más para afrontar mejor las dificultades.

Hay personas que se acercan al paraguas que algunos abren para cobijarse y no estar a la intemperie de las dificultades visibles o invisibles, pero el sentir la pesadez de cualquier mal presagio, sin arrinconarse ni amilanarse, nos abre oportunidades de cambio en un mundo con poco espacio para la triste compasión y las inoportunas condolencias.

Hay espacio para la reflexión ante los problemas, condicionada por la necesidad de dialogar sobre las posibles y viables alternativas de solución a los problemas, los que se presentan intempestivamente o se han ido abriendo paso ante nuestra lamentable inacción.

Algún día, en algún lugar, alguien llorará porque creerá que con lágrimas sustentará alguna teoría aplicable a la realidad de los hechos, mientras otros, en otro lugar opuesto, estarán aportando con estrategias, cuya puesta en común logrará aportar en la solución de los problemas para los que seguirán llorando durante todo el día.

Alguien, sin embargo, estará criticando a quienes se reúnen porque posiblemente resuelvan aportar con una idea, como estandarte, por lo que son a veces encauzados inadecuadamente para que no se altere el orden preestablecido, por temor a que haya un temblor que nos obligue a todos a tener otra visión del mundo y sus circunstancias.

Vivir no debe ser otra cosa que estar pendiente de aportar, constantemente, esperando que cada día la proporción de quienes lloren sea menor, pues será la única manera de consolidar objetivos y metas, permitir evaluarnos sin observadores convencidos de que “más vale algo conocido que cualquier experiencia por conocer”.

Apetece acostarte a dormir y agradecer a tu sombra en el espejo que fuiste valiente durante, al menos, el día de hoy, porque las dificultades no son para esconderse de ellas sino para superarlas.

Tu amigo, que nunca te falla


JUAN


domingo, 10 de enero de 2016

HAY QUE LEER BIEN

Acostumbramos a leer muy rápido, las letras minúsculas se escapan en nuestro campo visual y luego le echamos la culpa a la mala intención de quien redactó, pero es nuestra obligación comprender bien lo que viene escrito en el mensaje, con el propósito de emplear bien nuestro tiempo y no caer en la temática recurrente de que nosotros no somos culpables de nada.

Como usuarios y consumidores tenemos unos deberes que cumplir si encontramos que nuestros derechos, así como los de quienes hacen uso de los productos que pululan en el mercado y los servicios que percibimos, no cumplen unos estándares preestablecidos pero hemos de predicar con el ejemplo al ofertar un servicio, pensando también en otros usuarios y consumidores que tienen los mismos derechos que nosotros.

No podemos esperar que un familiar lea la fecha de caducidad cuando llegó el producto a la casa y no dedicamos tiempo a revisar si era una marca blanca o si tenía la fecha de fabricación y expiración, pues eso nos relega a una posición de despreocupados con lo que vamos a consumir.

El ejercicio tan simple de contrastar nos ayuda a valorar cuánto nos ayudó lo que nos ofertaron o si satisfizo nuestra inquietud, ya que el reclamo también debe tener un sustento adecuado para defender nuestro derecho, sin amenazas ni menoscabo de la integridad de quien nos lo ofertó, pues ambos tenemos derechos y deberes que cumplir.

Es cierto que este mundo de intermediarios nos deja en un vacío importante al pretender protestar por lo que consideramos injusto, ya que todos acarrean un déficit parcial que se va acumulando de mano en mano, por lo que al final encontramos algo distinto de lo que pensamos y se divulgaba, simplemente porque otros tuvieron que amortizar el costo en el periplo que el producto siguió hasta el consumidor final.

Nuestra misión, como consumidores, al igual que cuando pretendemos entregar nuestro voto a un representante político, es leer bien los mensajes incluidos en el producto, al igual que el programa político, porque de lo contrario estaremos siempre protestando por el producto que no sabía bien o el representante que sólo defiende sus intereses de supervivencia y se olvida de los demás.

Hay que procurar comprender una composición y comprender el valor de cada nutriente, pues en ello va el empeño por estar bien y conservar el peso, aceptar un producto de calidad o chatarra, incorporar en nuestro organismo tóxicos o anti-oxidantes, con lo que puede suponer para adquirir enfermedades más adelante o mantenerse sanos.

Debemos llegar a la casa e informar a los nuestros de lo que hemos comprado, como cuando asistimos a las reuniones de padres en la escuela o el colegio y hemos asimilado las reprimendas y los consejos de los profesores, hemos filtrado las miradas de auxilio de nuestros hijos y hemos destilado en el camino nuestra ira contenida y nuestro orgullo maltrecho, pues todos tienen el derecho de saber lo que comen y por qué se les regaña.

No hay espacio para el olvido aceptado ni para las coyunturas de prisas y tareas pendientes, ya que si pensásemos solo en eso estaríamos al margen de lo que pasa en la sociedad en que vivimos y quedaríamos a la suerte de cuatro oportunistas, como cuando no reaccionamos ante cualquier atropello, solicitando orden y justicia.

Al final, el mensaje que siempre nos debe quedar es que hay que leer bien, que no todo está escrito como se debe sino como se exige y se precisa, que la verdad la debemos extraer y no viene impresa en ninguna etiqueta y que las conclusiones las hemos de extraer nosotros y nadie es quien para llegar a concluir por nosotros.

Por ello, si leemos estamos ejerciendo nuestro deber, por lo que podremos reclamar nuestros derechos. Algunos, sin embargo, creen que defendiendo sus derechos con gritos, desconociendo cuáles son sus deberes, van a llegar a encontrar la verdad en el maltrato dialéctico a los demás o serán más reconocidos por el ejercicio de la protesta vana.

Cuando alguien te pida señales de lo que tienes que hacer dile que te queda mucho por aprender y, después de haber dado los pasos que te exigen tus deberes, por lo que desde ahora vas a leer bien, pondrás en marcha los mecanismos para reclamar y protestar para que tus derechos queden intactos.

Tu amigo, que nunca te falla.


JUAN


domingo, 20 de diciembre de 2015

NO HAY AÑOS MALOS

Siempre que llegamos a final de año nos preocupamos de lo malo que tuvimos que atravesar, las penalidades que se cruzaron en nuestros caminos y las despedidas que tuvimos que entregar, las lágrimas que derramamos y los vacíos que desde entonces sentimos a nuestro lado.

Siempre que terminamos nuestro recorrido por el año que aún transcurre miramos a nuestro alrededor y somos capaces de maldecir las circunstancias que otros vivieron y por las que aún siguen reclamando a la vida, pero seguimos sin respuestas a tantas preguntas que surgieron por los momentos que se acercaron a nuestro lado, tan estrechos como incómodos.

Siempre que nos acercamos a la puerta del nuevo año esperamos que sea algo mejor que el que fenece, pero a sabiendas que vamos a tener los mismos retos, aunque con otra cara y las mismas penurias, aunque con diferente bolsillo.

Siempre que vemos bombillas y árboles de Navidad creemos que va a reinar la ternura en nuestras vidas y cuando descubrimos que el árbol es la maceta para algunas familias y las bombillas son las estrellas que brillan en la noche, sentimos la fortuna de recordar los villancicos que nos unen a quienes siguen viviendo la navidad con orgullo y en silencio, arrinconados o sin nombre.

Siempre que la Natividad nos toca a nuestros corazones creemos que hemos sido elegidos para presentarnos ante los demás y, sin embargo, siempre se nos pide aquello a lo que no estamos dispuestos a responder, porque la exigencia empieza por provocar temblor a nuestros corazones, aunque sea la única vez que se estremezcan en los doce meses del año.

Siempre que alguien nos habla del pesebre nos creemos estrellas que iluminamos el universo, pero en el fondo somos sólo la paja que debe dar calor y vida, porque las verdaderas luces deben haber brillado durante todo el año.

Siempre que soñamos con los Reyes Magos nos vemos vestidos y con corona, aunque nunca hayamos regalado nada a nadie y no seamos los más indicados para seguir a una estrella sin pronunciar palabra, sólo porque nos conduce a la verdad más humilde.

Siempre que recordamos el mes de diciembre sentimos que se acaban las esperanzas de seguir alegre y nos invade la tristeza de un final que se avecina, en la que creemos que hemos de dejar un testamento aunque no hubiésemos regalado trabajo e ilusiones para repartir.

Siempre que enviamos tarjetas con buenos deseos somos incapaces de escribir cuatro palabras con el alfabeto de la más pura amistad, porque esperamos que se cumplan primero nuestras aspiraciones y dejar en lista de espera las metas de los demás.

Siempre que recordamos el plato de comida que nos faltó o el trabajo que no pudimos desempeñar, el regalo que nunca se compró o el abrazo que no recibimos, el apoyo que brilló por su ausencia o el menosprecio que se nos dedicó, el abandono que sentimos o la desilusión que nos embargó, nos apenamos de haber caminado un año más con tan mala suerte.

Siempre que avanzamos y sentimos en el corazón los errores no reconocidos y las manipulaciones no rectificadas, las imposiciones no corregidas y los minutos perdidos en la nada, alguien piensa que se merecieron algo mejor de quien se alegra de vivir la Navidad.

Siempre que borramos la alegría y la verdad de nuestros corazones, estamos comprometiendo la Navidad de otros seres humanos que esperan el calor del nacimiento y el brillo de una esperanza muerta, transformando unos días prometedores en un mal augurio.

Pero, a pesar de todo, tenemos que pensar que no hay años malos ni conductas predispuestas, porque la luz del portal transforma y alimenta, brotando paz y despertando ilusiones, añorando cambios sustanciales y conversiones integrales.

La Penitencia de la Navidad es reconocer lo que somos y proponernos cambiar por los demás, sentir que la imperfección nos debe acercar al otro para solicitar su apoyo y vivir la necesidad como un bien compartido, porque todos necesitamos llamar a lo más profundo del alma de cuantos nos rodean, ya que todos ellos nos ayudan a ser mejores al pasar la Navidad.

Feliz cambio en silencio y feliz Navidad en la paz del nacimiento en cada uno de nosotros.

Tu amigo, que nunca te falla


JUAN

viernes, 11 de diciembre de 2015

¿DE QUÉ GÉNERO ME HABLAS?

Cuando hablamos de "género" nos planteamos la respuesta sólo mirándonos y entonces hablamos de "masculino" y "femenino", muy a pesar de que no actuemos como tal, porque vivimos en una sociedad de agresividad constante, maltrato habitual y empeño en generar diferencias donde no cabe ni un gramo más allá de la igualdad, si se pretende establecer semejanzas, analogías, cambios sutiles o propuestas de vida, más allá de lo que las hormonas o los caracteres sexuales, primarios y secundarios, nos hacen distintos en la desnudez de nuestro nacimiento.

Sin embargo, nadie explica a cabalidad que la diferencia en los caracteres sexuales nos debe hacer complementarios y, por tanto, mientras que maltratamos al sexo opuesto nos estamos haciendo un daño irreparable al no poder encontrar la complementariedad, previamente afectada, en nuestras propias vidas, ya que somos porque otros ya lo son y si dejan de serlo, por nuestra culpa, nuestra existencia estará trunca desde el mismo concepto.

Trasladar la diferencia de sexos a diferencias orgánicas, estructurales o propositivas, es un ejercicio rebelde y mezquino por justificar complejos de superioridad y vivir al hervor de una carga hormonal que, en su esencia, sólo justifica el desarrollo de nuestros caracteres sexuales y no es ninguna herramienta para crear artificios de poder ni dominio, menos aún de alienación o maltrato.

Faltan muestras de caligrafía donde se exprese la igualdad de hombres y mujeres, que el mundo necesita de los dos géneros y que generosidad y género pueden ser palabras derivadas, porque el género requiere de la generosidad del otro género y la generosidad se expresa desde la convicción plena del sexo que tenemos para manifestarla con responsabilidad y amor.

Actualmente, a la vista de los acontecimientos, vivimos en un mundo con dos géneros (el género que acepta ser complemento del otro género y está convencido que el mundo es un mundo de dos géneros, porque así nació y se desarrolló y el género de los que se creen diferentes al otro género). Pareciese que la conceptualización de género está hirviendo igual que el concepto de norte-sur o ricos-pobres, sobre una dicotomía en la que uno debe imponerse siempre al otro.

Da la impresión que lo único que falta es que delimitemos el terreno que pisamos con la orina y que establezcamos la ley del más fuerte para que los animales sean iguales que nosotros y tengamos que buscar la estepa donde podamos vivir con el canibalismo y la necesidad de protección.

La sociedad de hoy exige que la escuela sea el medio para educar para la convivencia, desde las miradas hasta la generación de ideas y que haya espacios para la educación para la sexualidad, porque es la única temática que necesitamos para aprender a comportarnos acordes al sexo que tenemos y la formación que disponemos, frente al otro sexo complementario, tanto sea del femenino para el masculino o viceversa.

Quizás necesitaríamos vivir más tiempo desnudos, conviviendo, para que nos percatásemos que no hay diferencias notables, más allá de los caracteres sexuales que todos transportamos y que hubiere menos escuelas diferenciadas por sexos para que aprendiésemos a vivir conviviendo.

Debiera incorporarse la violencia de género y el maltrato como patologías a declarar cada semana, en un sistema de vigilancia epidemiológica, porque es otra expresión del cáncer de una sociedad podrida. En cada comunidad se debieran impartir clases como se practica el baile y se debiera plantear una manifestación cada mes, como protestamos por las mejoras del sistema educativo.

Debiera concederse un diploma cuando se adquiera el grado de ciudadano, porque se haya aprendido a vivir como tal, respetando al otro por lo que es y no por lo que significa, valorándolo por lo que puede aportar y no por lo que me puede servir como pertenencia.

Hay necesidad de ser sincero y cortar todos los engranajes sociales de vergûenza, buscando y castigando al pederasta que da ejemplo, aunque sea desde el interior de su pseudo-convicción religiosa y castigar al patriarca que compara a la pareja con el caballo, minimizar socialmente a quien humilla y viola, estigmatizar a cuantos han banalizado el toqueteo intencionado o el acoso elegante, el desaire condicionado o el adjetivo sin verbo.

Estamos dentro del siglo XXI y seguimos atascados en la Edad de Piedra, vivimos esperanzados en un mundo mejor y seguimos dispuestos a frenar propuestas que intenten acusar por prejuicios o por destapar pecados gremiales o esferas protegidas.

Estamos aprendiendo a crear materias en la escuela de la vida y hoy se estudian los capítulos de los mundos desiguales, las razas y las convicciones con diferencias, la miseria impuesta y las verdades sin patria, la imposición de falsas verdades y la locura del des-diálogo, del que no construye nada y des-encuentra a los seres humanos.

La violencia de género no es una nimiedad ni una coyuntura, sino una verdad escondida de la sociedad que todos conformamos y que, como tal, debemos contribuir a erradicar estando pendientes de las señales que presentan los seres humanos abandonados a la suerte de quienes les controlan, a los gestos sin palabras y a los rasgos del miedo, al odio encarnado y a los complejos vivos.

Dejemos de vivir en la sociedad de los géneros que desean ser complementados y quieren aportar y aquellos otros que desean maltratar para erigirse como género ario y dominante. Esta sociedad necesita del compromiso de quienes aspiramos a ser dos géneros sociales porque aportamos e integramos por igual a la sociedad del otro, hombres y mujeres comprometidos en un bienestar común y un proyecto de futuro.

Sintámonos orgullosos de que los niños escriben con entrega que somos iguales, que los adolescentes sientan la necesidad del otro género para crecer en libertad y en valores, que el adulto proponga a la vida la hermandad de los géneros para vivir en comunidad y que la sociedad se convierta en un espacio de diálogo entre géneros.

Sintiendo la sexualidad como un comportamiento responsable se puede estar seguro de que la responsabilidad nos va a permitir vivir con un equilibrio sexual, reconociendo que somos diferentes en nuestros caracteres sexuales que nos definen, pero que al mismo tiempo necesitamos que nos complementen.

Tu amigo, que nunca te falla, sigue esperando una sociedad de géneros orgullosos de su sexualidad, dialogando de sus proyectos comunes y evaluados por quienes los vean como necesarios y complementarios, sanos y elegantes, oportunos y didácticos con sus actitudes y en sus reflejos.

Juan

domingo, 16 de agosto de 2015

ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS ES MUCHO MÁS

CONFERENCIA DICTADA EN EL GRUPO “LOJA” DE ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS.
“Un profesional de la Medicina habla de Alcohólicos Anónimos”
Dr. Juan Aranda Gámiz
Loja, 15-08-2015

“Alcohólicos Anónimos” es, para mí, la razón viva de un ejemplo que está abierto a las miradas de cuantos intentan esconder sus escrúpulos frente a quienes consideran que llevan en sus espaldas una “tara” y, sin embargo, acuden como curiosos a alguna reunión y les queda adherido a su cuerpo el mensaje transmitido, con voluntad y profunda sinceridad, del primero al último de los miembros del grupo.
“Alcohólicos Anónimos” es, para mí, un espacio amplio para que las miradas puedan contemplar las realidades de cuantos se presentan al mundo con cara de superación, porque quieren dejar atrás su adicción y necesitan la franqueza necesaria para destapar sus miedos y enfrentar los obstáculos que se van a ir presentando, incluso en su proceso de recuperación.
“Alcohólicos Anónimos” siempre se ha enfocado como un refugio de desadaptados y, sin embargo, es un albergue de visionarios que pretenden cambiar su vida a través del diálogo, proponiendo alternativas para transformar las barreras que la vida les impuso por oportunidades para imitar a valientes que salieron del submundo del alcohol y generarles capacidad de lucha para vivir con la serenidad necesaria para aceptarse a sí mismos como alcohólicos, en una búsqueda constante de ese valor para cambiar todo lo que puede a partir del momento en que decide romper con los lazos del alcohol, reconociendo que en el futuro que le espera está la diferencia que le va a hacer más humano, solidario, presente y ejemplo para los demás.
“Alcohólicos Anónimos” pretende transmitir a todos sus socios la búsqueda de la integración entre sus miembros, desde el grupo más pequeño a la asociación más voluptuosa, porque en el saber estar entre los demás, proponiéndose objetivos comunes al alcance de todos, estará el éxito y la supervivencia del grupo, como tal.
“Alcohólicos Anónimos” es una comunidad de hermanos, y no sólo de socios, donde la fraternidad permite reconocer los obstáculos superados por algunos, como enseñanza para los que se inician y las recaídas como proceso de reflexión para reconocer que el alcoholismo es un fenómeno social, porque la misma sociedad impulsa y arrastra y luego sufre, en propia carne, la degradación personal y familiar, con los matices de abandono y menosprecio que ello supone para los que están creciendo y encuentran en sus propios cercanos el motivo para abandonarlos y no la razón para quererlos.
“Alcohólicos Anónimos” es una ventana que, al abrirla, te permite dialogar y conversar con quien tienes en frente, porque tiene tus mismas inquietudes y deseos, no te va a cobrar por escucharte y espera encontrar ahí la fuerza para decidirse a dar el primer paso, tan necesario como difícil y transgresor.
“Alcohólicos Anónimos” es la sala de recuperación del hospital de la vida, donde las secuelas de tu adicción y los problemas generados en tu organismo se van cerrando y cicatrizan con las miradas de apoyo y los abrazos de verdaderos amigos, de los que sólo esperan verte para preguntarte cómo estás y no si estás dispuesto a emborracharte como un buen amigo de ellos.
“Alcohólicos Anónimos” es la camilla para que te dejes explorar en tus adentros y se te pueda recomendar que todos los días tomes “Sopa de letras”, de las letras escritas en los doce pasos o en las doce tradiciones, que puedas entender que es importante ponerle norte a tu vida y colocar ahí al verdadero capitán de tu propio barco, a Dios, para que guíe tu travesía por este mundo.
“Alcohólicos Anónimos” requiere de un tratamiento sencillo, pues sólo se te pide Paciencia (para escuchar a los demás), Tolerancia (porque antes deberás dedicar tu tiempo a otros que están peor que tú, los que luego te ayudarán a ti), Atención (porque hay que estar atento a los caminos de recuperación que otros abrieron en su vida, para imitarlos) y Humildad (por considerarte siempre el último).
“Alcohólicos Anónimos” es la mejor vacuna para no recaer, siempre y cuando te hayas administrado esa inyección de consejos, ejemplos, actitudes positivas y entusiasmo de tus compañeros del grupo, que son la mejor ampolla para que aprendas a decir “No” al alcohol y “Sí” a la vida.
“Alcohólicos Anónimos” es esa llamada de atención que te va a permitir esquivar la cárcel y las esquinas frías donde algunos compañeros duermen, después de haber sido robados y olvidados por otros, te va a evitar escalar hacia la droga y te va a permitir seguir teniendo una familia donde tus hijos se sentirán orgullosos de lo que haces y no de cómo te balanceas borracho, en cada noche que los ves.
“Alcohólicos Anónimos” es una vivencia constante de recopilación de experiencias personales que se intentan regalar a quien las necesite, como un aporte necesario para que quienes piensan constantemente en lo que les queda por recorrer hasta desprenderse del alcohol tengan el soporte vivo de quienes se sienten orgullosos de cumplir aniversarios abstemios y dan fe de ello sus familiares y amigos, aspirando a compartir una tarta con los demás y sin pedir nada a cambio por su lucha interior, conformándose solo con la mirada atenta de alcohólicos anónimos, unos incrédulos y otros impacientes.
“Alcohólicos Anónimos” es un momento para recuperar la dignidad de todo ser humano, aplastada entre las miradas de sus familiares, muchas veces llenas de odio y la carga de aislamiento de sus compañeros de trabajo, olvidados en el barrio y marginados en sus aspiraciones de liderazgo.
“Alcohólicos Anónimos” es una estrategia para recuperar lo perdido y hacerte grande en poco tiempo, pudiendo compararse con la leche materna, pues es barata, siempre está ahí para ti, disponible para cuando quieras tomar el mensaje y en el tiempo que lo desees, con un trato de verdadera madre.
“Alcohólicos Anónimos” es una lucha de emprendimiento valiente, donde sólo triunfan los luchadores que son, al fin y al cabo, los que llevan siempre la bandera de la pelea eterna contra la adicción y que son capaces de transmitir que sin ganas no hay superación, por lo que la valentía de afrontar las caídas y de superar limitantes, de solicitar el perdón y de buscar el reconocimiento de sus compañeros de grupo, van a ser las herramientas necesarias para todo aquel que se inicia en un grupo.
“Alcohólicos Anónimos” necesita de actitudes positivas, de seres humanos que vean la botella medio llena y de emprendedores y amigos de la verdad de la recuperación plena, generando modos de estar y de ser que motiven a los demás a seguir sus pasos, que abran camino en la selva de la indiferencia y la adicción, que sean los que carguen a sus hombros la responsabilidad de dirigir y encauzar las ideas y las propuestas, por el bien del mismo grupo, que debe crecer desde las mismas entrañas y para los demás.
“Alcohólicos Anónimos” requiere de personas que tengan una conciencia colectiva de grupo, es decir que dejen en la puerta de entrada el egoísmo y el individualismo, que piensen en los demás antes que en ellos mismos, que sean capaces de ser supervisores de las actitudes de los demás antes que de sus propios éxitos, pues en el avance del grupo estará siempre la recuperación de cada uno de vosotros. No hay grupo que camine si sus miembros toman caminos diferentes y el mayor número de recaídas siempre ocurrirá en grupos sin criterio unánime.
“Alcohólicos Anónimos” debe luchar por mantener vivo el espíritu de las tradiciones, porque son la semilla de la recuperación y el mejor baluarte para unificar los criterios necesarios para sustentar el crecimiento personal, como las patas de esa mesa de recuperación de todo alcohólico que aspira a recuperar su dignidad y su grandeza de ser humano.
“Alcohólicos Anónimos” es toda una institución que mantiene una opinión sobre la sociedad que sirve para la recuperación de sus miembros, asumiendo el derecho a la participación plena en la vida de cada uno de sus socios, siempre que sea socialmente aceptado y cada persona lo integre en su vida, porque no hay nada mejor en este mundo que abrirse, de par en par, para que otros sean los que ordenen tu filosofía de vida y te den las armas necesarias para luchar contra tu propia incertidumbre, al haber sido fundamentales en la recuperación de sus propios compañeros.
“Alcohólicos Anónimos” no celebra sesiones si no existe la responsabilidad personal, pues nadie debiera acudir aquí si cree que los demás harán todo por él o ella, ya que el primer paso hay que darlo desde el interior de cada uno y, basándose en el ejercicio responsable de buscar la paz y el equilibrio en la vida, mostrarles el camino para que otros tomen conciencia de su propia situación y acepten dar el primer paso, o sea, acepten su condición de alcohólico, tan necesario para superar otros que irán llegando poco a poco, más pronto que tarde.
“Alcohólicos Anónimos” es esa jorga de amigos que te espera, con los brazos abiertos, debiendo indicar siempre lo que necesita para que no la compares con otros grupos y decidas abandonarlo, porque en tu deseo de aportar estará siempre el beneficio para los demás, hasta que todos elijan al grupo sobre otras cosas en la vida de la calle.
“Alcohólicos Anónimos” pide el que logremos hacer crecer en el grupo un ambiente de democracia participativa, donde todos podamos ser todos y los mensajes puedan ser recibidos y compartidos, al mismo tiempo, que no seamos personas pasivas y receptivas de lo que otros nos indican sino que también participemos, con nuestras palabras y ejemplos de vida, en la recuperación plena de los demás.
“Alcohólicos Anónimos” es una lotería donde has cogido algún premio y tienes que aprovechar esa coyuntura en tu vida, porque te va a transformar tus condiciones de vida y te va a permitir hacer nuevos proyectos, permitiéndote ahorrar besos y no perderlos, tener respeto y no menosprecio, poder estar entre los demás y no lejos de todo y de todos.
“Alcohólicos Anónimos” no puede olvidarse de la autoridad moral de quien habla y participa, pues si deja de dar ejemplo con sus actitudes tampoco podrá dar ejemplo con la palabra, aunque arme bien las frases y de puñetazos en la mesa. El ejemplo es actitud y para aplicarla se necesita tener claros los conceptos y afianzar bien los principios. Debemos aprender a ser mejores en medio de los demás, no pudiendo aceptar que algunos disimulen con su presencia e intenten pasar desapercibidos, para que al alejarse tomen las decisiones que se le ocurran, sin pensar en el daño provocado al grupo.
“Alcohólicos Anónimos” mantiene el anonimato, porque desde esa obscuridad y sencillez se protege la identidad de cada cual y no porque el nombre pueda generar distanciamiento, sino porque todos tenemos derecho a vivir sin marcas ni dolor acumulado. A pesar de todo, creo que deberíamos lanzar a los cuatro vientos que el anonimato de quienes hayan superado barreras durante muchos años, acepten el aplauso y las lágrimas de entusiasmo de quienes quieren llegar a ser como ellos.
“Alcohólicos Anónimos” es, para mí, la escuela del aprendizaje más barato sobre nuevos estilos de vida para alcohólicos que desconocen las bondades de un conglomerado de personas que aspiráis a ser reconocidos todos por igual, aunque las diferencias estén condicionando el alcoholismo de otros y hacia allí deberíamos dirigir nuestras protestas y nuestra lucha, para que otros encuentren en vuestras voces un apoyo para su condición de trato y sumisión.
“Alcohólicos Anónimos” es un procedimiento que bien podría compararse a una carrera de fondo, donde ha habido una línea de partida (la fórmula que se ha encontrado válida para llegar al grupo, bien haya sido a través de amigos, familiares, conocidos o miembros del grupo, jefes o responsables, religiosos o buenos samaritanos), los primeros pasos que se dan para tomar energía en la carrera (que es el proceso de iniciación y que los miembros del grupo deben procurar que sea divertido, con un ritmo y un arte necesarios para atraer al indeciso observador), la carrera que ya está en marcha, con los barreras que hay que franquear (que son los obstáculos que se van a encontrar, como el señalamiento, el menosprecio de los demás, la consideración de ser humano frágil y condicionado, sin libertad) y la llegada a una meta (ese sueño de vivir sin alcohol y que se prolonga por toda la vida, pero que en cada paso que se vaya acercando a la meta se está dando fuerzas a los demás para que arranquen a correr la misma carrera de obstáculos que todos recorréis en vuestro empeño de vivir un día más sin alcohol).
“Alcohólicos Anónimos” se ve como un grupo de personas con múltiples enfermedades y padecimientos que van a determinar su decadencia en la vida, pero el simple hecho de querer transformar esa realidad me da pie para llamarles “Voluntarios Valientes”, porque por propia convicción os engranáis en una rueda con valentía, la que ofrece cada grupo al que pertenecéis.
“Alcohólicos Anónimos” se reconoce por dos letras “A” mayúsculas, pero estas letras también podrían decir:
01.  Ahora adelante
Porque es el momento de tomar decisiones y seguir siempre adelante.
02.  Asimilando actitudes.
Porque es el momento de aprender de las actitudes positivas de los demás.
03.  Allí alcanzaré
Porque es el momento de soñar con el momento en que logre dejar el alcohol.
04.  Aquí y ahora
Porque este es el momento y no puedo esperar más en mi vida para tomar decisiones
05.  Antes amar.
Porque es el momento de amar a los tuyos y a tus amigos, por encima del alcohol
06.  Ahora abrazaré.
Porque es el momento de abrazar las oportunidades que se te van a abrir ahora.
07.  Amarrando antenas
Porque es el momento de unir en un diálogo verdadero las inquietudes de todos.
08.  Anteponiendo almas
Porque es el momento de considerar antes a las almas que a las necesidades materiales
09.  Aparcando agobios
Porque es el momento de olvidarse de las preocupaciones y vivir a plenitud
10.  Asustando amarguras.
Porque es el momento de despegarte de lo amargo y aceptar las ilusiones vivas.
11.  Arrinconando armaduras.
Porque es el momento de esconder la armadura de hombre o mujer que aparentas ser y descubrirte como lo que eres, con la conciencia de que quieres aspirar a ser diferente para los demás, porque ellos se lo merecen y así te seguirán apoyando por amor y no por necesidad o coyuntura.
12.  Acercando amigos
Porque es el momento de aceptar la amistad en tu vida como soporte para seguir creciendo como ser humano, desde el interior del grupo de “AA” al que pertenezcas



Juan Aranda Gámiz (Un amigo de Alcohólicos Anónimos)

jueves, 13 de agosto de 2015

¿POR QUÉ NO HABLAMOS CON LA ROPA QUE NOS QUITAMOS?

Pretendemos reflexionar antes de dormir y reconocer si hicimos algo mal, si todo salió a pedir de boca o si no fuimos lo que esperamos ser, al enfrentarnos a determinadas situaciones en nuestra vida diaria.

A veces no nos acordamos si saludamos a alguien, nos olvidamos de las caras o los monumentos, nos quejamos por la aglomeración de personas y hasta nos sentimos indispuestos por la calor o el tráfico, pero al llegar la noche nos olvidamos de todo y no somos capaces de analizar si algo de todo ello dejó en nosotros algún mensaje o nos impregnó con su huella.

¡Qué fácil sería quitarnos la ropa y hablar con nuestros pantalones, preguntarle por los sillones que ocupamos y las palabras que quedaron atrapadas, por el estado de nuestras hemorroides, por el olor a orina que nos delate el problema de próstata que no termina de solucionarse, por las infecciones vaginales que no curan o por el meteorismo que nos fastidió durante toda la jornada, por el material de la silla que ocupamos o por el animal que se adhirió a algún pliegue y aprovechó más tarde para dejarnos una picadura en la nalga, por el peso que no controlamos y el apretón que le provocamos a nuestra cintura o por la protesta de nuestros gemelos al caminar, porque van pasando los años o porque recorrimos más que otro día.

Y si le preguntásemos a la camisa, nos hablaría de la sudoración de arrepentimiento al ver a ese alguien con quien no nos comportamos bien o el olor inundado de la colonia que se desvaneció, del aroma del beso que nos duró toda la mañana, de la calina de la sobremesa o de la luz que la atravesó en nuestra subida y bajada de escaleras para culminar algún trámite pendiente del día anterior.

Yo hablo con los zapatos y les pregunto si se sintieron cómodos, porque los pies están protestando por todas las esquinas, si quedó tierra amontonada de la playa o hierba de haber visitado los arrabales de la ciudad para algún proyecto de obra social, si se enfadaron porque no entendían las preguntas de quienes llevaban zapatos de la competencia o porque nos olvidamos sacarle brillo en la mañana.

Hay que hacerle algunas preguntas al pañuelo, para saber si estornudamos o si hubo sangre que brotó espontáneamente y necesitamos controlar nuestra presión arterial, si nos olvidamos del anti-histamínico para la alergia o si el aire que se exhala huele mal y eso nos está provocando un rechazo en la proximidad de las relaciones humanas.

Sería interesante preguntarle a nuestro reloj qué sintió a la hora en que nos declaramos, la hora en que me desperté o en el momento en que saludaba a personas con las que tenía que entrevistarme, dónde guardó la cita que tenía pendiente con la persona que quiero y que se me olvidó acudir o porqué no puedo mirarlo sino cuando hay algo que no interesa, si se paró por algún movimiento brusco o si sonó el despertador porque comprobó que estábamos agotados en la noche.

Los calcetines necesitan entablar una conversación profunda, pues nos van a aclarar si hay un olor que transmita los kilómetros recorridos o tiene envidia porque caminamos despacio, si sabe que es verano porque usamos más zapatillas que zapatos y si huelen a playa para que reconozcamos que estamos de vacaciones, después de regresar del baño y Del paseo por la orilla del mar.

Pregúntale a tu sombrero si hizo mucho sol, si te hace falta peinarte o si los piropos se quedaron a la sombra, si sudas más que los demás porque tienes algún tipo de anemia o si se te cae tanto pelo porque puedes tener un cáncer oculto.

A veces, pienso que si lográsemos que los pacientes con amnesia oliesen y hablasen con su ropa estaríamos invitándoles a que se descubran a sí mismos y si pudiésemos provocar en los niños que hablasen con su ropa dedicarían más tiempo al juego y al deporte, para evitar que el sedentarismo les condicione enfermedades cardio-vasculares, así estaríamos con un dato adicional para decirle al médico y así condicionar un diagnóstico más rápido.

Me imagino hablándole a mi cinturón si el vientre se hinchó mucho después de comer, porque pueda tener un problema de hígado o los triglicéridos me estén jugando una mala pasada, que me diga si ha tenido que bajar dos agujeros para abrocharlo porque esté perdiendo peso muy rápidamente.

De igual manera, reconozco el interés de escuchar al vestido de una profesora, a la bata de un médico o la sotana de un sacerdote, el casco de un ingeniero o la manga de la camisa, que está rozando el plano que tiene que presentar un arquitecto, para que opinen sobre nuestras actitudes y proyectos en la vida.

Yo siempre intento detenerme un rato, cuando me quito la ropa, no sé si llego a hablarles y mantener un silencio de encuentro, pero no hay que olvidar que la ropa no está para ponérsela y quitársela y nada más, sino que debiera tener otro sentido para encontrar el verdadero mensaje en nuestra vida en cosas tan sencillas como la ropa que llevamos puesta todos los días.

Tu amigo, que nunca te falla.


JUAN 

domingo, 26 de julio de 2015

ESTÁ PROHIBIDO CUMPLIR AÑOS

Vivimos en un mundo pendiente de los años que se cumplen y nos acostumbramos a ver el envejecimiento como un proceso sin retorno y que tiende al desastre, pero la vida es algo más que cumplir años.

Todos tenemos que cumplir etapas en nuestras vidas y se nos debe notar en la cara los días recorridos y los minutos que ya dejamos atrás, pero nadie nos pregunta si tuvimos algún proyecto de cambio interior y cómo está el proceso de modificación para que vayamos creciendo acorde a nuestros propósitos y las aspiraciones de todos los que nos conocen, desde dentro y fuera de nuestra propia familia.

No valoramos el valor que tiene un ser humano que se ha propuesto cambiar por los demás y constantemente da señales de vuelco hacia la satisfacción de inquietudes por quienes, en lugar de felicitar por un cumpleaños, agradecen a la vida que durante una larga etapa tengan que decir "un año más de suerte por contar con gente como tú".

Si la felicitación se convirtiese en un simple agradecimiento a la vida por contar con alguien, sano o enfermo, se podría estar satisfecho de seguir mirando el calendario, año tras año.

No  creamos que el paso de los años nos da experiencia y madurez, pues es la tarea inconclusa, basada en objetivos plausibles y bien estructurados, la que nos debe impulsar a caminar sin miedo al peso de los años ni a las arrugas.

Es posible que salgan menos arrugas si somos capaces de alcanzar una madurez en nuestro proyecto de vida y el bastón puede que no fuere tan necesario si hemos sido capaces de caminar sirviendo y apoyando, construyendo nuestra ruta de crecimiento propio.

Las fiestas de cumpleaños, por tanto, deben transformarse en momentos de descubrimiento de lo que hemos sido capaces de diseñar para nosotros y para los demás, orgullosos de nuestro empuje y aventureros del apoyo que nos queda por entregar, en un esfuerzo máximo por convencerse que seguimos contribuyendo a la construcción de un mundo más igualitario y cargado de oportunidades para los demás.

Yo, personalmente, me doy cuenta de los años que pasan y lo que aún nos queda por alcanzar, porque nuestra propia exigencia es el deseo de estar más tiempo aportando y colaborando mejor en las ilusiones y estrategias de esos otros que nos ha permitido llegar a sus vidas.

No organicemos fiestas sino llamemos a muchas personas, en la familia o la comunidad a la que nos debamos, ya que en las veces que veamos al mismo niño en una clase más avanzada, a una madre con menos pesadumbre, a un empresario reestructurar sus ofertas, a un padre vender una oveja para un momento muy especial, a una abuela tejer un jersey (chompa) nuevo, a un hermano estrenar ropa de su hermano mayor, a unos libros que se renuevan en un hogar, a una mujer salir de una sala de partos, a un vagabundo rezar entre la nieve que cubre el portal donde duerme, a unos polìticos armar una conferencia anual o a un telediario reseñar que de nuevo están los campos en flor, sabremos que la vida sigue y que todos debemos apresurarnos a cumplir, un año más con nuestros propósitos.

Cada propuesta se convierte en un reto y, al mismo tiempo, en un limitante, pues por momentos intentamos armar nuestra batalla para superarla y por ello mismo se nos viene encima una tarea que creemos tan difícil que nos sentimos con pesadumbre y pesar porque los complejos de inferioridad nos invaden y abruman, nos coartan libertad y nos mantienen con el miedo usual de seguir cumpliendo años.

La sociedad nos debiera poner tareas, para que fuésemos capaces de hacer las cosas bien con quien se nos asignase y donde se nos ubicase, porque esta es la mejor manera de cumplir años, sin la vanidad de ocupar los mejores lugares ni el orgullo de ubicarse por encima de los demás.

En este año próximo, y gracias por las felicitaciones, mi propuesta es luchar por seguir siendo

TU AMIGO QUE NUNCA TE FALLA. Podré cumplir un año más si así se cumple y seguiré teniendo la misma edad si no he puesto todo mi empeño por alcanzar mi objetivo. Mi felicitación será el reconocimiento que no he fallado a nadie y mi tarta de cumpleaños será la alegría de saber que así fue todo.


JUAN