martes, 10 de enero de 2017

LA VIDA NO TIENE RAZÓN




LA VIDA NO TIENE RAZÓN
Por Juan Aranda Gámiz


Queremos darle la razón a la vida, aunque no la tenga y así equivocamos nuestro destino muy a pesar de que las circunstancias nos vengan en contra, pero siempre debemos anteponer la verdad a la conveniencia de los momentos influenciados.

No seremos mejores porque tengamos más amigos invisibles, sino porque tengamos la serenidad justa para resaltar la verdad escondida hasta en las adversidades más dolorosas.

Cuando tropezamos y caemos buscamos los responsables más cercanos e interponemos demandas y comentarios sobre lo que pensamos que debería haberse solucionado y así haber evitado mi caída, pero descuidamos incluir en el argumento que nuestro despiste o confianza, las tensiones que vivimos y que opacaron nuestra visión o la insensatez de un calzado inapropiado en un día de lluvia, el salir sin acompañante o habiendo olvidado el bastón, también pudieron ser parte del problema y se verán reflejados en las heridas producidas por el derrumbe de nuestro cuerpo.

Si el trámite no sale a tiempo culpamos hasta a la rúbrica que plasmamos y que no se parece tanto a la nuestra, porque nos olvidamos que nuestra intención era ocultar parte de la verdad y la opacidad de nuestros propósitos despertó un interés inusual por descubrir la verdad aparcada.

Culpamos al colesterol y a la tiroides de nuestro aumento de peso y buscamos refugio en un gimnasio, arropados por quienes nos desean cambiar la idea de un cuerpo sano por una escultura cargada de fanatismo y obsesión, sin acordarnos que podíamos haber aprendido a cocinar con menos hidratos de carbono y olvidándonos de las grasas y los refrescos, porque en el fondo buscábamos acudir al mismo programa de aeróbicos que cualquier otro vecino y presumir de saltos elegantes y cuerpo dinámico, a sabiendas que una larga caminata y generar un ambiente agradable a nuestro alrededor puede quemar más calorías y darnos un mejor aspecto.

Caemos, nos levantamos, volvemos a caer y nos lamentamos, lloramos y nos arrepentimos, nos disculpamos y amenazamos, sufrimos y nos descolgamos por no llegar a las metas que nos impone la sociedad, nos arrinconamos y auto-culpamos por creernos culpables de lo que otros nos hicieron creer, nos hundimos por cuestiones pasajeras y dormimos por no querer despertar, ya que las opciones de vida que tenemos ante nuestros ojos han detenido nuestros pasos por dificultades económicas o ese sesgo social que discrimina aún por apelativos o lugar de residencia, aspecto o hábitos poco comprendidos y mal interpretados.

Queremos convencer a través de las palabras que lanzamos al aire, como en cada espiración, que somos lo que nunca fuimos y en el diálogo se notará, con claridad diáfana, que nunca fuimos los que debimos ser.

No nos formamos para ser padres y pretendemos luego tener el arrepentimiento por un hijo descarriado, culpando a la sociedad de los envites y condicionamientos para que la apuesta social le hiciese modificar su propio destino.

Acariciamos la rosa en la mañana para sentir el aroma cargado de rocío y luego la cortamos y la colocamos en un florero para que adorne nuestro espacio privado, habiendo robado a la naturaleza de una construcción que se derrumbó con el corte, desmembrando al jardín de su presencia y privándole de cortejo al clavel.

Menospreciamos y eliminamos personas de los ambientes laborales, como los tijeretazos a las rosas vivas y lo justificamos en nuestros informes como un aplauso necesario al costo-beneficio empresarial, pero se le evitó a la sociedad disponer de un ser humano realizado, desmembrando a toda una familia de disfrutar de las posibilidades de crecer y respirar hondo en un mundo globalizado de diferencias y penurias por doquier.

Miramos lo que ocurre en otros sitios y dejamos de conmovernos con la tristeza de los desiertos y los cuerpos famélicos, pues los creemos de otro tiempo y lugar, mientras tengamos la suerte de la que disponemos ante un buen plato de comida y un traje de estación, un viaje de aniversario a Disney o la visita a las cataratas donde corre el mismo agua que en el río de tu pueblo.

Nos acercamos a los demás porque necesitamos de su presencia en nuestras vidas, de su apoyo incondicional y su calor de vecindad para superar los traspiés de la semana que corre, pero al llegar no reconocemos que debimos haber estado antes de que ellos fuesen tan necesarios en nuestras vidas porque nadie nos había llamado para nada.
  
Desviamos nuestras miradas al mundo porque pensamos que el mundo no está pendiente de nuestras necesidades y nos olvidamos de ser políticos de nuestro destino y hermanos de quienes no tienen familia, nos descuidamos de la opinión de los que nos quieren y evitamos comprometernos en empresas que pueden manchar nuestras sombras y ennegrecerlas, aun sabiendo que podríamos mejorar nuestro aprendizaje y validar nuestras actitudes.

Por todo esto creo que “la vida no tiene razón” y que estamos aquí porque somos parte de la coyuntura y no todavía del proyecto, porque pensamos que crecemos en talla y no en aptitudes, porque seguimos hablando de los demás y nos criticamos mucho menos, porque lanzamos órdagos en lugar de dar pasos y porque hemos dejado la sensibilidad para las plantas cuando florecen y ya no nos motiva ni la luz de la mañana.

Creo que “la vida no tiene razón” porque no nos hacemos más fuertes con las despedidas ni más condicionados con la imposición, que el hambre no nos convierte en ciudadanos de segunda ni el voto puede redireccionar nuestras vidas, que la verdad no nos puede hacer más susceptibles ni el cambio climático más enfermos.

Pienso que “la vida no tiene razón” porque una foto nos transmita lo que podemos solucionar ni porque el ahogo sea siempre consecuencia de un infarto, que ser invidente no impide llegar a ver más allá de las colinas y que amanecer no siempre nos despierta a la vida.

“La vida tendría razón” si a pesar de nuestro esfuerzo todo siguiese igual, si a pesar de nuestro sacrificio el poder nos siguiese condicionando, si la distancia se transformara siempre en olvido y si los golpes nos provocasen una fractura del alma.

Mientras que eso no ocurra, “la vida no tiene razón”.

Tu amigo que nunca te falla



JUAN

domingo, 8 de enero de 2017

TE REGALO UNA PALABRA

Si este año fuese "el año de los regalos" yo estaría dispuesto a regalarte -para todo el año- sólo una palabra, porque me sale de lo más profundo del corazón, la escribo y la pronuncio siguiendo el alfabeto del alma y ha sido aprendida con mi propio esfuerzo, si me desprendo de una la relleno con otra y la incertidumbre de no saber si llegó a calar hondo me mantiene atento a otros muchos seres humanos y sus circunstancias del día a día.

A tí que sufres una enfermedad terminal o está diagnosticado-a de algo que crees que va a ser insuperable para tí te regalaría la palabra "vehemencia", porque implica un compromiso cargado de fuerza y fè ciega en el propósito de salvar los obstáculos que se presenten, a costa de los esfuerzos que haya que implicar en el propósito.

A tí que te encuentras denigrado, apaleado, humillado y vilipendiado, te regalaría para este año la palabra "centinela", porque en la vida hay que buscar una ubicaciòn desde la que te puedas dar cuenta de las actitudes de los demás, antes de que te alcancen, para protegerte y defender tus propios derechos.

A tí que no tienes ese derecho de recibir un juguete y vives a expensas de quien quiera hacer notorio su ánimo altruista, subiéndose a alguna tarima a regalar parte de su esfuerzo, haciendo comerciales los sentimientos aunque haya samaritanismo en lo que algunos comprometen su tiempo, te regalaría la palabra "intuición", esa capacidad de percibir algo sin la intervención de la razón, e intentaría darle vida a juguetes muertos y habilitar un espacio en el diván para armar los pedazos de trastos con las ilusiones y los proyectos rotos de tu vida, con lo que estarías reviviendo tu orgullo y tu dignidad, sin razonar si lo que hacen otros para mí es bueno o malo.

A tí que vives en una familia de desencuentros y te sientes en la soledad más triste y distante, te regalaría la palabra "redes" para que sustituyas el tiempo arrinconado por la oportunidad de entablar comunicación hasta con el vacío, buscando las palabras para esperar pacientemente respuestas, porque en la entrega a los demás se encuentra siempre la oportunidad para seguir creciendo en libertad, de lo que aprenderás a aprovechar momentos para dar lecciones de vida a los tuyos hasta que integres esa maraña familiar de diálogos constantes.

A tí que estás al margen de todo y olvidado por la sociedad, quejándote constantemente de tu suerte, te regalaría la palabra "inmanencia", para que busques en tu interior aquello que siempre va contigo y que puede ser la causa de lo que te ocurre, sin necesidad de culpar a nada ni a nadie, porque seas auto-exigente o auto-complaciente, te creas auto-suficiente o seas considerado auto-destructivo.

A tí que acabas de atravesar situaciones de pérdidas y vacíos, traumas o despedidas, te regalaría la palabra "resiliente" para que saques fuerzas de donde no la fabrican y seas capaz de superar todas las adversidades en tu vida con la calma de un luchador convencido.

A tí que no te miran ni te tocan, que no te señalan ni te mencionan, te regalaría la palabra "inefable" para que otros entiendan que siempre hay algo en la condición humana que no puede ser descrito ni dicho con palabras y que se necesita tiempo y profundidad de miradas para darse cuenta del sufrimiento de ese otro ser humano que, en este caso, eres tú.

A tí que no sabes elegir el camino y estás a la deriva, que no te preguntas por el bien o el mal, que nadie ha sabido detener tus pasos antes de cometer las locuras que cuentas entre tus hazañas y que volverías a hacerlo porque tu código moral está resquebrajado, te regalaría la palabra "nicho" para que hagas un hueco y te conviertas en una estatua forzada para que el viento te señale la ruta que debes escoger en tu vida cuando la erosión desmorone tus malos propósitos.

A tí que vives secuestrado por la dominancia de género, por la opresión política o económica, por la lucha de clases, por los oportunismos de la vida rancia, por la imposición del credo o por la alienación vigente, por las fronteras de barro seco o por las aguas que degluten vidas en medio de los océanos, por las luchas fratricidas o el desinterés estatal, te regalaría la palabra "lìmpido", para que tu lucha de este año sea por alcanzar que los gestos y las maniobras, las propuestas y los proyectos terminen siendos limpios y transparentes como el agua.

A tí que vives preocupado por tu físico o tu aspecto, tu malformación marginal o tu deformidad,detrás de la que se esconde un humanismo insaciable, una orfandad siempre reclamada o un bulling retransmitido para ofensa de la Carta de los Derechos Humanos y que terminó redactando una carta de despedida de este mundo por un niño acosado en la escuela, te regalaría la palabra "liliputiense" para que todo lo veas demasiado pequeño, en comparación con la grandeza de la Creación y valores más a lo que te enfrentas que lo que tienes, para que puedas sopesarlo de igual manera si los demás aprendemos a disfrutar también de la grandeza de seres humanos con defectos y deformidades.

A tí que no sabes quien soy, ni quizás te importe, a quien no se acuerda si tiene tiempo disponible ni capacidad de pensar, a quien ya aceptó su minusvalía y todos los días pelea con ella, a quien se arrastra caminando para estar donde otros tardamos tiempo en llegar, le regalaría la palabra "sostenible", porque siempre deberá ser compatible con el producto interno bruto o la deuda interna, la balanza de gastos y el mercado de valores, a ver si algún día pensamos en pagar la deuda para darle vida a los momentos del sin recuerdo o para aliviar la necesidad de construir una sociedad más inclusiva, sin propaganda alguna sino por méritos propios, para quien no puede o es considerado por otros que no debiera ser parte de lo que todos conformamos en este mundo tan desigual y marginal.

A tí que enseñas la mitad de lo que sabes o dedicas sòlo el tiempo que te sobra y no el que te piden, que te escondes detrás de mensajes prefabricados y que no te importa hacer lo que nunca prometiste, te regalaría la palabra "reparo", para que entiendas también que siempre habrá flotanto en el ambiente una advertencia sobre la disconformidad que otros tienen con lo que vosotros hacéis.  

A tí que vives tu profesión y nadie te aplaude, a quien le dedica tiempo extra a tu tarea y no es recompensada, a los que nunca fueron aplaudidos después de haber hecho un trabajo altruista y desprendido, a quienes debieran estar en los noticieros y nunca se les llama, aún despuès de haber generado un ejemplo social por su actitud voluntaria y desinteresada, les regalaría la palabra "convicción" para que aprendamos a estar seguros de lo que hacemos o sentimos sin necesidad de pagas extraordinarias ni promociones, aplausos falsos ni vítores desencajados y momentáneos, porque se necesitan seres humanos que den testimonio del bueno, del que se sigue sin pedir permiso a nadie.

A tí que nadie te pidió permiso para no venir a este mundo, a quien tampoco se le consultó antes de incluirlo en un hogar para ancianos, a la mujer que no pudo decidir sobre su vida y fué violada, a quien murió asesinado-a por quien se saltó todas las normas de convivencia y morales, a quien asaltó o maltrató, apaleó o sacrificó vidas con su atentado demencial e inhumano, le regalaría la palabra "perdón", porque al aprender a perdonarse a sí mismos estarán buscando las mejores vías para aceptar el castigo impuesto y propagar la verdad de la razón de ser en este mundo, que será la mejor lección de vida de contrapeso para quienes son construidos en el odio y la sinrazón.

A tí que confías en las redes sociales y antepones lo que ves a los diálogos intra-familiares, a quien fotografía el dolor y no reclama por ello, a quien no reconoce a la madre que pasa una vida limpiando, engendrando y besando, con la única recompensa de un beso despistado y un agradecimiento a la prisa, de Navidad en Navidad, les regalaría la palabra "sarmiento" para que entendamos que provenimos de un tallo que dió muchas ramas y nos alimentamos todos de la misma savia, la que hay que abrillantar y de la que hay que hacer oir a quienes no lleguen a creer, por nuestras actitudes malintencionadas y nuestra incapacidad de oir antes de actuar u opinar.

A tí que vives en rincones donde debieras estar jugando y sólo sabes de disparos, a quien necesita crecer entre semáforos y escuelas, bibliotecas y parques y observa cadáveres colgados a diario, a quien debiera tener amigos y concretar el sentido de sus pasos y está atrapado por el mensaje del alcoholismo y la droga, encerrado entre las paredes de la adicción de familiares y progenitores, les regalaría la palabra "cartujo", para que entiendas que vivir apartado de la gente no te dignifica porque dejas de ser persona y sólo puedes alcanzar a ser un ser vivo más, por lo que debes superar tus miedos y avanzar hasta que la sociedad te entregue el diploma de "persona" y nunca más serás humillado-a.

A tí que lees este mensaje y lo borras inmediatamente o te olvidas a la hora siguiente, te diría que prefiero que cambies "un me gusta" por "se lo leo a alguien" y así no tendría que regalarte la palabra "displicencia" o esa actitud indiferente y de desagrado hacia los momentos de los demás.

Hasta la próxima semana, deseando que este regalo tan "parco" se transforme en un "edificio en construcción" en cada uno de vosotros, se despide tu amigo, que nunca te falla.


JUAN 

jueves, 5 de enero de 2017

¿DÓNDE ESTÁN LOS REYES MAGOS?

Es habitual empezar un año y esperar la fiesta de los Reyes Magos, temblando de emoción por verles montados en sus camellos, surcando los desiertos para llegar al encuentro de tantos niños esperanzados en la llegada de un juguete.

Hemos leído que Jesús nació en la humildad de un pesebre, acostumbrado al frío de las noches sólas y que los animales quisieron arrimarse para calentar ese espacio de buena nueva, esperando que una estrella, la que iba guiando a unos Reyes Magos, aparcara su viaje justo antes del Portal y ahí señalase el lugar donde debía dejar el oro, el incienso y la mirra.

Pensamos, asimismo, que la fiesta de los Reyes Magos se celebra solo una vez al año y que debe haber un Rey al que se le deben regalar cosas, con la cantidad de niños que debieron haber nacido en ese día y sin animales ni estrellas y, mucho menos, sin Reyes Magos aparentes.

¿Qué pensará una niña que no haya tenido la oportunidad de un regalo y también tuvo humildad el pesebre al que vino al mundo?

¿Qué dirìa un niño, predestinado a morir pronto, que también llegó a ver la luz por primera vez entre nosotros, en otro pesebre distinto y con muchos Reyes Magos y una estrella que le alumbró durante nueve meses?

¿Qué dirían unos padres que no encuentran un pesebre para acoger a su hijo que está a punto de llegar al mundo y escuchan la algarabía de la fiesta de la Cabalgata de los Reyes Magos en su ciudad?

La fiesta de los Reyes Magos se celebra con cabalgatas y ceremonias, trajes elegantes y regalos que se reparten por doquier, concentración de personas ávidas de escuchar la música y comprobar que venir al mundo también debe tener algo de señorial y ceremonial, ante el asombro de los demás.

Escribimos cartas para pedir lo que se nos antoje y luego nos derrumbamos si comprobamos que no nos hicieron caso, aunque en nombre de las fechas tan especiales todos se encargarán de sacar de los ahorros para satisfacer los caprichos de un niño que quiere encontrarle el sentido a la mirra, el incienso y el oro.

Sinceramente, creo que la festividad de los Reyes Magos nos debe recordar que cada día nacen muchos niños en el mundo y que a todos se les debe acoger con el entusiasmo y cariño, la protección y la verdad que se necesitan al llegar al mundo, cada cual en un pesebre diferente y con una disposición distinta de la paja que se afloja y acomoda bajo su cuerpo.

Cada niño viene con una estrella de lo que va a ser de adulto o que le señala y alumbra el tiempo que va a quedarse entre nosotros, del significado que le va a dar a nuestras vidas o de la soledad y el desamparo al que se tiene que acostumbrar a tener de compañeros de viaje, porque a veces el pesebre está dibujado con menosprecio o con pocos deseos, con maltrato o desilusión, con rabia o ilusiones rotas, con miradas tristes o relaciones desacostumbradas.

La estrella nos recuerda que hay que prepararle el ambiente de bienvenida que debiera ser reconocido como otro Derecho del Niño-a, con unos Reyes Magos que en realidad son los que esperaban su nacimiento y llegan augurándole los mejores deseos, confiando en que tendrá una vida llena de distancias y retos a los que deberá aprender a superar, dejándole en los cofres los verdaderos regalos de compromiso con los momentos de respeto que hemos de regalar a los demás en las diferentes circunstancias de sus vidas, de entrega a las causas justas sin fallar como seres humanos en las diferentes etapas de la vida y de verdad en nuestro recorrido, con el propósito de que se transforme en testimonio cada paso que demos en los diferentes momentos de nuestras vidas.

El calor lo dará la voz del alma, con la que hay que recibir a quien llega, para que nunca se olvide de dónde llegó, la más simple fiesta que dará sentido -con posterioridad- a nuestras vidas.

Así que no os extrañe que en el nacimiento de algunos niños y niñas haya pocos animales, porque estén sustituidos por la opacidad de la opulencia y el reconocimiento fatuo de lo que llegará a ser por haber venido en gloriosa cuna o que en el pesebre de otros no haya posibilidad de colocar paja porque se sustituyò por unos brazos que balanceaban su cuerpo de orgullo y alegría, aunque la economía no diese ni para un burro pasajero o porque las balas y la discriminación ahuyentaron la alegría del parto en un barrio olvidado.

Que a nadie le desmotive si encuentra diferencias entre el Nacimiento de Jesús y el de quien vino al mundo habiendo soportado una amenaza de aborto voluntario o el resentimiento de padres separados antes de abrir los ojos a la vida, de ver circular la droga a través de la piel transparente del vientre de su mamá o de las escenas de muerte y olvido de la calle en la que lo paseaba su madre desde el primer mes de embarazo.

Nadie debería extrañarse porque la Navidad se celebrase en marzo y los Reyes en junio, porque cada vez que hay un nacimiento hay Navidad y cada vez que somos capaces de estar ahí, reconociendo el valor de la acogida y el abrigo, va a haber unos Reyes Magos, sin capas, coronas ni dromedarios, solo cargados de las buenas intenciones del compromiso generado y del calor de una sensación única, la que nos hace más humanos cada día de nuestras vidas.

Tampoco me va a importar que no se llamen oro, incienso y mirra los regalos, me conformo con la leche que pueda mamar porque su madre sigue viva despuès del parto o porque no padece ninguna enfermedad, porque le quiere y no le abandonó o lo regaló por dinero, con el abrazo de acogida para calentar su existencia, perdurando esa sensación más que la que pudiese dejar el cordón umbilical o la protección de esa promesa que le hacemos, sin hablar, y que la mantendremos viva hasta el final de nuestros días.

¿Reyes Magos?. Sí, bueno, todos esperamos revivir la fiesta, pero festejar la vida que está por nacer en un momento es la estrella que tenemos que seguir, para acostumbrarnos a vivir con todo el que llega, porque nuestro espacio se lo dejaremos algún día y la herencia no consiste en lo material que le dejaremos sino en el calor que le generamos al nacer.

¿Mi carta a los Reyes Magos?.

Yo ya la tengo, porque la escribí con el alfabeto del alma, el que no se equivoca al pedir que no seamos tan diferentes y que pensemos en ser los Reyes que aceptan y acogen, tiemblan y lloran, cuando un niño viene al mundo, porque así le estaremos dando un sentido más elemental y callado, más interior y verdadero, a nuestra existencia, aunque sea a obscuras y sin ruído, con paja y sin lana, a la luz de la luna y ante el cielo como testigo.

Que vivan los Reyes Magos de corazón, los que sienten la necesidad de estar ahí, sin coronas ni mantos, sólo con dos brazos, una sonrisa y una mirada que atraviese el corazón.

Aprendamos a ser los Reyes Magos que deben acompañar al verdadero pesebre y la estrella nos lo agradecerá.

Tu amigo , que nunca te falla



JUAN 





lunes, 2 de enero de 2017

¿CÓMO EMPIEZA CADA QUIÉN?

Para estar seguros de que vamos a terminar una tarea lo correcto es dar el primer paso para empezarla, porque la seguridad de lo que tendremos más adelante la dará el simple hecho de que hoy disponemos de la ilusión de marcarse objetivos para el día de mañana.

Hay quienes abren su enfoque de la vida diaria y se preparan para lo que les caiga, como cuando uno sale a la calle desprevenido y le cae un chapetón, pero saca el paraguas porque pensó en esta eventualidad y ya venía preparado.

Hay quien pide fuerzas en todo momento y a todo santo disponible en el Congreso del cielo, con la esperanza de que alguno lo anote en su libreta de notas y esté pendiente de él como un guardaespaldas, lo cual no quiere decir que le va a evitar inconvenientes, sino que va a ser un apoyo y soporte posible.

Hay quien recuerda lo transcurrido en el año anterior y el daño que le causó una situación o pena, ausencia o criterio, por lo que se pone su impermeable y dice sentirse inmune a todo lo que le ocurra a su alrededor, pues su decisión es no seguir sufriendo gratuitamente.

Hay quien desea empezar el año reuniendo a sus seres queridos y buscando un cinturón de energía al unir sus manos, pensando que el positivismo y la predisposición sana, cargados de buenos propósitos y sabiendo que siempre estarán a su lado las personas que formaron ese círculo.

Hay quien lee y se prepara contra la adversidad, porque con nuevos procesos de reflexión cree que va a fortalecer sus puntos débiles, por donde escapa la energía verdadera.

Hay también, por qué no decirlo, los que arrancan haciéndose exámenes y chequeos, porque necesitan saber qué problema de salud ha llegado de improviso a sus cuerpos y creen que un tratamiento correcto y adecuado les va a robustecer su estado anímico o su nivel de defensas.

Hay quien sueña con lo que perdió, porque el valor a las cosas se les asigna cuando ya no nos pertenecen y es entonces, en la distancia, cuando se empieza a analizar el paquete que se aceptó y luego se perdió, la oportunidad que se dejó correr, la esperanza que se agotó o el prejuicio al que nunca se enfrentó y terminó devorando parte de su integridad personal.

Hay muchos que regalan una felicitación por el nuevo año, desconociendo que quien es felicitado atraviesa por una etapa de duelo, sentimental o anímico, y no merece la pena generarle una contradicción con la mejor de las intenciones.

Hay personas que cargan a Dios la responsabilidad de lo que le sucederá al amigo o amiga a quien te diriges en el primer día del año, al decirle "Que Dios te acompañe siempre" y puede que haya perdido hasta la fe plena en un Dios que para él o ella está tomando unas vacaciones, quizás bien merecidas.

Hay seres humanos que se disponen a palpar el pulso de las redes sociales y lanzan un mensaje previamente diseñado, para compartirlo con todo aquel o aquella que se digne abrirlo, aún a sabiendas que los mensajes llevan el sentimiento anexo de quien los escribió o dibujó por primera vez, por lo que se siente que lleva muy poco de la cosecha de quien sirvió de tramitador y lo reencauzó para la persona a la que quieres felicitar por año nuevo.

Hay quien amanece enfadado y se anochecerá enfadado el próximo 31 de diciembre, echándole la culpa de su realidad a todos los demás, desconociendo que somos nosotros los que engendramos, cosechamos, cultivamos y aprovechamos la cosecha de problemas que sembramos tras seleccionar la semilla que nos convino en el mercado agrícola.

Hay quien se levanta quejándose de todo y de todos, porque el hecho de "quejarse de uno mismo" ya lo ha dejado para otro momento, quizás cuando se peine o se duche por primera vez durante este año que arrancó o para cuando inicie el 2020, porque ahora no son tiempos para pensar en eso.

Hay muchos que echan de menos un abrazo o una alegría y, a pesar de que llevan esperándolos desde el 1 de enero del 2016 o incluso mucho antes, siguen convencidos que la esperanza es lo único que se pierde y también ellos tienen un derecho adquirido por recibirlos en algún otro momento y lugar, durmiendo el sueño de los justos y pecadores, de carne y hueso, desvalidos o arrinconados.

Hay quien echa mano de la resignación, porque sabe y conoce con pragmatismo lo que le rodea y el recorrido que le queda, pudiendo llegarse a un punto y seguido o un punto y final, lo que al fin y al cabo es la redacción de los capítulos de la vida diaria y nada más.

Hay quien se va a la iglesia y reza por todos y por sí mismos, pide por que no se repita lo malo y encuentra lo bueno de cada quien para pedir al Ser Superior que le tenga en cuenta los atenuantes y lo apoye silenciosamente, en el porcentaje que EL crea justo y necesario.

Hay quien piensa en la distancia de la vida y el calor de los años, las horas que quedan por recorrer hasta la próxima realidad y no tienen de dónde llenarlos pues le faltan abrazos o reconocimientos, palabras o luces que alumbren, consejeros o regalos.

Hay quien continúa escuchando bombas y mira la Navidad de los que desconocen el ruido de los proyectiles, para pedir que sean ellos los sufridores de lo que ya conocen y que otros no pasen por lo que ellos atraviesan, maldiciendo que nadie ordene o ajuste, hable o calle para siempre.

Hay quien arranca empezando a olvidarse de sí mismo y ya no puede contar su historia de verdad, la que para algunos será un relato vivencial, para otros un ejemplo, para algunos una historieta y para un porcentaje minúsculo un testimonio convertido en testamento vital.

Hay quien empieza el año tan enfermo como acabó el anterior o tan sólo como se le veía venir, tan alejado como se lo esperaba o tan obscuro como decían las galaxias o la interposición de los planetas.

Hay quien inició con el llanto de quien cayó presa de una violencia, fue apresado por las coyunturas o tuvo la triste idea de embarcarse en proyectos perdidos y marginales.

Hay personas que dieron la campanada de salida a este año con marginación al no recibir miradas o evitarle los estrechones de mano, ahogando su dignidad en un comedor popular o pidiendo en la calle, perdiendo sus apellidos en la limosna que no se le oferta y olvidado en los sermones de las iglesias menos comprometidas.

Hay quien espera que no llegue lo que se anuncia o que el sentido del voto se ennegrezca, que los oportunismos hayan sido vacunados o que la mierda no cambie de sitio con tanta frecuencia.

Hay quien arranca con preguntas que no tienen respuesta y trajes que no pudieron ser renovados, con lamentos de la pobreza más profunda o la miseria orgánica de quien fue humillado o engañado, maltratado o arrebatado, alienado o condicionado.

Hay quien dio el primer paso prometiendo lo que nunca cumplirá, porque es una frase hecha que debiera ser deshecha, comprando lo que nunca se pondrá porque la compulsión la arrastra, mirando donde nunca irá porque las distancias también forman parte del gasto social, al que no todos tienen derecho y señalando el agua del que nunca beberán y ya empezaron a tener sed.

Para cada uno de vosotros, hayáis empezado como la vida os haya empujado y estimulado, arrastrado o impulsado, que tengáis el mejor de los caminos y una suerte de piedras que sepáis sortear adecuadamente, porque el camino será igual de pedregoso y tortuoso para todos.

Tu amigo, que nunca te falla



JUAN

miércoles, 26 de octubre de 2016

CON LO FÁCIL QUE ES OBSERVAR


Cuando doblamos un papel, una y otra vez, obtenemos un paquete más reducido que, al abrirlo, nos sorprendemos por la regularidad y geometría de los dibujos que aparecen ante nuestros ojos, más aún si hacemos un corte y no podemos adivinar en lo que se convirtió.

Los consejos son como los dobleces, porque van consiguiendo construir y edificar, ir armando una conducta o una predisposición, una actitud o un estilo que, al descubrirlo, encontramos la armonía y el encanto de los gestos y las maneras y hasta cualquier herida provocada se transforma en virtudes geométricas que pareciesen extraídas de un cuento.

Cuando saludamos por la calle estamos seguros que cumplimos con una norma cívica y hasta podría gestarse una entrevista informal por la que conozcas más del mundo e influyas con tu punto de vista en el devenir de la historia. 

Caminar, sin mirar a los lados, es como pasar de largo por la vida de los demás sin preocuparte de participar e influir en su mundo diario, con un menosprecio por todo lo que no se refiera a ti y por eso preferimos, a veces, huir de tertulias y conversaciones de ratos de reencuentro.

Ojeamos un libro y pasamos rápidamente las hojas porque no nos atraiga la trama o el relato, pero cuando llegamos al final entendemos que no extrajimos ninguna enseñanza, muy posiblemente porque le imprimimos una velocidad desmedida a nuestra lectura.

La vida no es un recorrido fugaz, sino que vamos construyendo lo que somos al saborear los momentos que vivimos y, acelerar nuestros pasos, puede llevarnos a acabar antes nuestro recorrido sin haber comprendido el verdadero sentido del tránsito.

Si acudimos a una biblioteca y elegimos un libro para consulta o lectura, entre tantos otros disponibles, y al salir juramos que no regresaremos más por el tiempo perdido, es probable que se deba a que no supimos seleccionar bien la temática, acoplada a nuestras necesidades, el momento y nuestro estado de ánimo.

Al dialogar, a veces escogemos temas candentes que precisan de una puesta en común, pero en ocasiones no es el momento ni nuestra actitud es la más predispuesta en ese momento y somos capaces de caminar hasta en contra de nuestros principios más sólidos.

Hoy leí que bostezar sirve para refrescar nuestro cerebro y es probable que otro día se publique que mirar ayuda a disipar la imagen que tenemos de las circunstancias, aunque la verdad es que bostezamos y miramos porque es parte de los procesos bioquímicos y fisiológicos del ser humano.

Necesitamos vincularnos con los demás para aprender y regalar, compartir y generar, pero también es probable que regalar palabras de ánimo nos ayude a ventilar nuestro egoísmo y aplaudir reconforte nuestra envidia escondida, aunque sean actitudes propias del ser humano.

Enseñar es algo tan natural como caminar, porque siempre se tiene un punto de partida y un destino que alcanzar, aliviando cada paso con el anhelo de llegar a la meta.

No podemos agotarnos ante el primer descalabro en el apoyo a los demás, porque sólo es un paso y no donde queremos llegar, reconociendo que a veces es temporal y, en ocasiones, para toda la vida.

Una llama se aviva con poco esfuerzo e ilumina un espacio inmenso, proporciona calor y permite convocar a personas -a su alrededor- en días fríos.

El testimonio debiera ser como esa llama, del que cueste muy poco desprenderse y que llegue a motivar a muchas personas -al mismo tiempo-, por su contenido de verdad y su propuesta de cambio, su espacio para abrir puertas de oportunidades y el mensaje que lleva en su interior.

Tu amigo, que nunca te falla


JUAN 

martes, 20 de septiembre de 2016

A QUIEN QUIERA LEERLO



Estimado amigo:

Hoy quiero compartir contigo esta carta, cargándola de mensajes para saborearlos y palparlos, de los que no se degluten ni escuchan, porque es el momento de escribir un relato pleno de entusiasmo y empuje.

Hoy estoy reflexionando sobre la verdad que no se comunica y se convierte en moneda de cambio, con la que se encubre la pobreza registrada y las tierras inundadas, esa que oculta la miseria visible y nunca presentada en público.

Estoy cansado de un mundo desigual que dedica palabras a la contaminación atmosférica y en la atmósfera más cercana nos olvidamos de los contaminantes de carne y hueso que, día a día, nos tildan de incapaces porque cuestionamos y nos marginan porque levantamos polvo.

Quisiera decirte que soy de un mundo donde la felicidad es la palabra que más se lee en las tarjetas de Navidad y, sin embargo, es el espacio donde más se pelea por sobrevivir en el lodo y donde más se reza por la humildad que habla en solitario.

Vivimos muchos aquí abajo y pareciese que no todos tuviéramos capital invertido y muchos toman las acciones de los demás porque se creen con voz y voto, queriendo hacer legal su posesión para etiquetar su paso por este mundo de emprendedor avispado.

Nadie entiende quién quiere a quién y quién se odia a sí mismo.

Yo pregunto a la melancolía si tiene derecho a voto y me dice la picardía que ya alcanzó la mayoría de edad hace mucho tiempo.

Te levantas y vas comprendiendo que la noticia es descubrir que todo sigue igual, que 
algunos entienden que han recibido autorizaciones encubiertas que no saben gestionar y que es muy fácil culpar a los demás cuando las cosas no mantienen un equilibrio y desequilibrarse cuando los otros vuelven a estar equilibrados.

Se corretea y se duerme poco, se aplauden las miserias escondidas y se olvidan los 
gestos solidarios, se vive más pendiente de la papeleta electoral que de las oportunidades sociales y se genera más entusiasmo en “vivir de” que en “vivir con”.

Hoy día no somos capaces de inventar porque pareciese que nos inventaron el mundo que debía ser y nadie descubre nada nuevo porque todos nos conformamos con lo que el mundo parió hace muchos siglos.

Nos ahoga dormir porque perdemos el tiempo y nos inquieta superarnos porque no hay horizontes, nos amilana la palabra construida porque nadie desea escribir y nos ofende la actitud noble porque aspiramos a ser diferentes, sin saber por qué ni para qué.

Poca gente trabaja y, quien lo hace, controla que nadie le arrebate el oportunismo.  

Mucha gente espera y, quien lo vive, tararea la misma canción que otros intentan solucionar en mesas de trabajo, esas que dan dinero como fruto y popularidad como un empeño.

Los jóvenes dicen que no quieren estudiar porque hay que trabajar y para eso ya están los reality, que convencer no es tarea ciudadana porque para eso están los mítines y que ahora los jabones sirven para enjuagar el pasado y dejarlo limpio.

No sé si tener amigos es una tarea pendiente, pero al menos no es una prioridad porque se enseña a desconfiar de todo y de todos.

Los hijos aprenden de las empleadas y los abuelos de quienes les brindan asistencia, porque reciben un sueldo, a los paseos se los comieron las avenidas y a los jardines los centros comerciales, dar los buenos días en la calle ha quedado relegado del diccionario y ahora desayunamos de pie y sin beso, porque la prisa nos empuja al amanecer.

Nos hacemos un chequeo para seguir estando y no siendo, lloramos porque queremos ser igual que el que no tiene claro quién es y disfrutamos aplaudiendo a los que aplauden que les imitemos, digerimos la palabra “saludable” porque pensamos que moriremos más tarde y levantamos pesas más veces que a nuestro hijo, porque vamos aprendiendo a hacer “lift weights”.

Desconocemos lo elemental de los sentimientos y nos consideramos normales, estamos pendientes de nuestros derechos para olvidar nuestros deberes y manifestamos que somos contrarios a quienes estén en contra de todo, porque así nos mirarán como seres raros e interesantes, ya que somos incapaces de destacar por nuestro propio esfuerzo.

Arrinconamos los afectos y le llamamos “el signo de los tiempos”, ponemos los abrazos en los libretos de campaña y las  tertulias ya se encargarán de domar tu carácter crítico, lo que para otros será una actitud irascible y rebelde porque pensar y cuestionar es filosofía animal y del campo más rupestre.

Leemos de memoria lo que otros no se creen y caminamos sobre las huellas de quienes nos amilanan y callan, tapamos las voces como otros tapan las nuestras y aplaudimos las reuniones donde se arrebatan libertades y seguimos hablando bien del progreso.

Estimado amigo, no sé qué será del niño que quiere ser arquitecto del mañana y construir una casa en el vacío, para que no se llene de lo ajeno, o del joven que anhela convertirse en un médico que descubra la vacuna contra la injusticia moral, porque les estamos obligando a estudiar cómo hacerse grandes y no les estamos permitiendo soñar en libertad

Quisiera enjabonar al mundo y sus residuos, lavar las diferencias y estrujar las mentiras, restregar las opiniones que dejan pasar el hambre y la penuria y dejar airear el poder que crea distancias, para que la luz solar evapore los sinsabores que hacen de este mundo un espacio para el dolor y la reflexión que avergüenza.

Que nuestro Padrenuestro sea de apoyo y no de palabra, que nuestra limosna sea la presencia y no la moneda, que nuestra verdad sea la que se espera y no la que nos sobra.

Tu amigo, que nunca te falla



Juan.