jueves, 13 de agosto de 2015

¿POR QUÉ NO HABLAMOS CON LA ROPA QUE NOS QUITAMOS?

Pretendemos reflexionar antes de dormir y reconocer si hicimos algo mal, si todo salió a pedir de boca o si no fuimos lo que esperamos ser, al enfrentarnos a determinadas situaciones en nuestra vida diaria.

A veces no nos acordamos si saludamos a alguien, nos olvidamos de las caras o los monumentos, nos quejamos por la aglomeración de personas y hasta nos sentimos indispuestos por la calor o el tráfico, pero al llegar la noche nos olvidamos de todo y no somos capaces de analizar si algo de todo ello dejó en nosotros algún mensaje o nos impregnó con su huella.

¡Qué fácil sería quitarnos la ropa y hablar con nuestros pantalones, preguntarle por los sillones que ocupamos y las palabras que quedaron atrapadas, por el estado de nuestras hemorroides, por el olor a orina que nos delate el problema de próstata que no termina de solucionarse, por las infecciones vaginales que no curan o por el meteorismo que nos fastidió durante toda la jornada, por el material de la silla que ocupamos o por el animal que se adhirió a algún pliegue y aprovechó más tarde para dejarnos una picadura en la nalga, por el peso que no controlamos y el apretón que le provocamos a nuestra cintura o por la protesta de nuestros gemelos al caminar, porque van pasando los años o porque recorrimos más que otro día.

Y si le preguntásemos a la camisa, nos hablaría de la sudoración de arrepentimiento al ver a ese alguien con quien no nos comportamos bien o el olor inundado de la colonia que se desvaneció, del aroma del beso que nos duró toda la mañana, de la calina de la sobremesa o de la luz que la atravesó en nuestra subida y bajada de escaleras para culminar algún trámite pendiente del día anterior.

Yo hablo con los zapatos y les pregunto si se sintieron cómodos, porque los pies están protestando por todas las esquinas, si quedó tierra amontonada de la playa o hierba de haber visitado los arrabales de la ciudad para algún proyecto de obra social, si se enfadaron porque no entendían las preguntas de quienes llevaban zapatos de la competencia o porque nos olvidamos sacarle brillo en la mañana.

Hay que hacerle algunas preguntas al pañuelo, para saber si estornudamos o si hubo sangre que brotó espontáneamente y necesitamos controlar nuestra presión arterial, si nos olvidamos del anti-histamínico para la alergia o si el aire que se exhala huele mal y eso nos está provocando un rechazo en la proximidad de las relaciones humanas.

Sería interesante preguntarle a nuestro reloj qué sintió a la hora en que nos declaramos, la hora en que me desperté o en el momento en que saludaba a personas con las que tenía que entrevistarme, dónde guardó la cita que tenía pendiente con la persona que quiero y que se me olvidó acudir o porqué no puedo mirarlo sino cuando hay algo que no interesa, si se paró por algún movimiento brusco o si sonó el despertador porque comprobó que estábamos agotados en la noche.

Los calcetines necesitan entablar una conversación profunda, pues nos van a aclarar si hay un olor que transmita los kilómetros recorridos o tiene envidia porque caminamos despacio, si sabe que es verano porque usamos más zapatillas que zapatos y si huelen a playa para que reconozcamos que estamos de vacaciones, después de regresar del baño y Del paseo por la orilla del mar.

Pregúntale a tu sombrero si hizo mucho sol, si te hace falta peinarte o si los piropos se quedaron a la sombra, si sudas más que los demás porque tienes algún tipo de anemia o si se te cae tanto pelo porque puedes tener un cáncer oculto.

A veces, pienso que si lográsemos que los pacientes con amnesia oliesen y hablasen con su ropa estaríamos invitándoles a que se descubran a sí mismos y si pudiésemos provocar en los niños que hablasen con su ropa dedicarían más tiempo al juego y al deporte, para evitar que el sedentarismo les condicione enfermedades cardio-vasculares, así estaríamos con un dato adicional para decirle al médico y así condicionar un diagnóstico más rápido.

Me imagino hablándole a mi cinturón si el vientre se hinchó mucho después de comer, porque pueda tener un problema de hígado o los triglicéridos me estén jugando una mala pasada, que me diga si ha tenido que bajar dos agujeros para abrocharlo porque esté perdiendo peso muy rápidamente.

De igual manera, reconozco el interés de escuchar al vestido de una profesora, a la bata de un médico o la sotana de un sacerdote, el casco de un ingeniero o la manga de la camisa, que está rozando el plano que tiene que presentar un arquitecto, para que opinen sobre nuestras actitudes y proyectos en la vida.

Yo siempre intento detenerme un rato, cuando me quito la ropa, no sé si llego a hablarles y mantener un silencio de encuentro, pero no hay que olvidar que la ropa no está para ponérsela y quitársela y nada más, sino que debiera tener otro sentido para encontrar el verdadero mensaje en nuestra vida en cosas tan sencillas como la ropa que llevamos puesta todos los días.

Tu amigo, que nunca te falla.


JUAN 

domingo, 26 de julio de 2015

ESTÁ PROHIBIDO CUMPLIR AÑOS

Vivimos en un mundo pendiente de los años que se cumplen y nos acostumbramos a ver el envejecimiento como un proceso sin retorno y que tiende al desastre, pero la vida es algo más que cumplir años.

Todos tenemos que cumplir etapas en nuestras vidas y se nos debe notar en la cara los días recorridos y los minutos que ya dejamos atrás, pero nadie nos pregunta si tuvimos algún proyecto de cambio interior y cómo está el proceso de modificación para que vayamos creciendo acorde a nuestros propósitos y las aspiraciones de todos los que nos conocen, desde dentro y fuera de nuestra propia familia.

No valoramos el valor que tiene un ser humano que se ha propuesto cambiar por los demás y constantemente da señales de vuelco hacia la satisfacción de inquietudes por quienes, en lugar de felicitar por un cumpleaños, agradecen a la vida que durante una larga etapa tengan que decir "un año más de suerte por contar con gente como tú".

Si la felicitación se convirtiese en un simple agradecimiento a la vida por contar con alguien, sano o enfermo, se podría estar satisfecho de seguir mirando el calendario, año tras año.

No  creamos que el paso de los años nos da experiencia y madurez, pues es la tarea inconclusa, basada en objetivos plausibles y bien estructurados, la que nos debe impulsar a caminar sin miedo al peso de los años ni a las arrugas.

Es posible que salgan menos arrugas si somos capaces de alcanzar una madurez en nuestro proyecto de vida y el bastón puede que no fuere tan necesario si hemos sido capaces de caminar sirviendo y apoyando, construyendo nuestra ruta de crecimiento propio.

Las fiestas de cumpleaños, por tanto, deben transformarse en momentos de descubrimiento de lo que hemos sido capaces de diseñar para nosotros y para los demás, orgullosos de nuestro empuje y aventureros del apoyo que nos queda por entregar, en un esfuerzo máximo por convencerse que seguimos contribuyendo a la construcción de un mundo más igualitario y cargado de oportunidades para los demás.

Yo, personalmente, me doy cuenta de los años que pasan y lo que aún nos queda por alcanzar, porque nuestra propia exigencia es el deseo de estar más tiempo aportando y colaborando mejor en las ilusiones y estrategias de esos otros que nos ha permitido llegar a sus vidas.

No organicemos fiestas sino llamemos a muchas personas, en la familia o la comunidad a la que nos debamos, ya que en las veces que veamos al mismo niño en una clase más avanzada, a una madre con menos pesadumbre, a un empresario reestructurar sus ofertas, a un padre vender una oveja para un momento muy especial, a una abuela tejer un jersey (chompa) nuevo, a un hermano estrenar ropa de su hermano mayor, a unos libros que se renuevan en un hogar, a una mujer salir de una sala de partos, a un vagabundo rezar entre la nieve que cubre el portal donde duerme, a unos polìticos armar una conferencia anual o a un telediario reseñar que de nuevo están los campos en flor, sabremos que la vida sigue y que todos debemos apresurarnos a cumplir, un año más con nuestros propósitos.

Cada propuesta se convierte en un reto y, al mismo tiempo, en un limitante, pues por momentos intentamos armar nuestra batalla para superarla y por ello mismo se nos viene encima una tarea que creemos tan difícil que nos sentimos con pesadumbre y pesar porque los complejos de inferioridad nos invaden y abruman, nos coartan libertad y nos mantienen con el miedo usual de seguir cumpliendo años.

La sociedad nos debiera poner tareas, para que fuésemos capaces de hacer las cosas bien con quien se nos asignase y donde se nos ubicase, porque esta es la mejor manera de cumplir años, sin la vanidad de ocupar los mejores lugares ni el orgullo de ubicarse por encima de los demás.

En este año próximo, y gracias por las felicitaciones, mi propuesta es luchar por seguir siendo

TU AMIGO QUE NUNCA TE FALLA. Podré cumplir un año más si así se cumple y seguiré teniendo la misma edad si no he puesto todo mi empeño por alcanzar mi objetivo. Mi felicitación será el reconocimiento que no he fallado a nadie y mi tarta de cumpleaños será la alegría de saber que así fue todo.


JUAN

domingo, 7 de junio de 2015

SI PUDIERA...

Si pudiera llegar a ser una persona que pueda comer momentos de esperanza porque en este mundo se queme el odio y las cenizas permitan brotar chispas que den lugar a relaciones más honestas y complementarias.

Si pudiera ser un ser humano que pueda ver cómo se alejan los apelativos y calificativos más cargados de injurias y alcancemos todos la oportunidad de reivindicar nuestra propia razón de ser como hermanos.

Si pudiera tener la oportunidad de ser uno más entre los más necesitados de presencia y compañía para que me transforme en un revolucionario frente a los despojos de miradas que arruinan la existencia de quienes no alcanzan a tener voz en una sociedad de desiguales.

Si pudiera considerarme un afortunado por atravesar el río de las diferencias, mojándome de calumnias y sinsabores húmedos, para colgarlos al sol y ver cómo se secan las provocaciones y las intenciones denigrantes.

Si pudiera quedarme quieto y observar a cuantos creen que son capaces de llegar a donde lo consideren oportuno, perdiendo el apoyo de los demás, para que comprueben en propia carne que las aspiraciones se construyen a partir de un impulso multitudinario de quien se convence que ese es el camino más correcto y donde nunca ha encontrado desilusión ni angustia.

Si pudiera convertirme en el último de los hermanos y reconocer si las sobras son el pan de cada día y los sueños se deben supeditar a las manías de los mayores.

Si pudiera transformarme en un domador de mis arrebatos y aprender a apaciguar el dolor lanzando garras al aire para arañar ese vacío que tanto daño hace a quienes no tienen nada más.

Si pudiera volver a las raíces de mis objetivos y forjar una actitud más solidaria, saboreando la enseñanza de los demás que buscan en mi un ser humano transformado y acondicionado al espíritu de mi generación más reaccionaria.

Si pudiera sentir el calor de la paz en el tumulto y la brisa de la honda agonía en el silencio, donde se descubre la verdadera valentía en los seres humanos.

Si pudiera arrinconar mis pesadillas y aliarme con mis sueños no soñados, esas verdades que escondemos y reprimimos, para que los sueños se tiznen de verdad,  color esperanza.

Si pudiera oler la tierra recién cultivada y la calle recién mojada, para que aprenda a integrar en mi vida todo lo que sale impregnado a naturaleza pura y sin impacto.

Si pudiera correr y discurrir como el río que no tiene cauce, buscando que el torrente salve escollos y pedruscos, aunando las fuerzas de las gotas para erodar la tierra más dura y pedregosa.

Si pudiera vestirme de payaso y alegrarme con la alegría más infantil y la carcajada más madura, porque llegó el mensaje en forma de sonrisa.

Si pudiera almacenar agua en mi interior como el recipiente que recoge el agua de manantial, con la frescura y pureza de la tierra que soporta su libre tránsito, desprendiendo salpicaduras de humedad y tolerancia.

Si pudiera atender a mis impulsos como las miradas se ajustan a la luz del día, cerrando y abriendo compuertas para que dejen pasar lo inocuo y estrechen el paso de lo dañino.

Si pudiera aprender a ser yo mismo, sin nubarrones ni tormentas, porque el cielo tiene que expresarse a través de nuestro comportamiento.

Si pudiera ser el que otras personas necesiten para cargarse el depósito de sosiego y reflexión, porque es el único camino para transformar la realidad que nos abrume y acongoje, la que nos condicione y explote, la que nos duerma y agote.

Tu amigo, que nunca te falla.


JUAN

martes, 2 de junio de 2015

SOY MEJOR SI PIENSO EN TÌ

Va a cumplirse el primer año desde que nos dijiste "adiós" para siempre y quiero decirte, papá, que "soy mejor si pienso en ti",  porque así entiendo que nunca hubo una despedida definitiva y seguimos mirándonos y hablando, como lo hacíamos después de la siesta de los veranos, con un buen vaso de gazpacho fresco en la mano y brindando por muchos cumpleaños como aquellos.

"Soy mejor si pienso en ti" y en tu soledad, por eso creo que alguien te pondrá los canales que te gustaban y podrás ver al "hombre del lápiz" para planificar tus jornales del día siguiente y levantarte temprano para mirar al cielo y agradecer algunas gotas de agua que también venían del cielo, como los abrazos que me das hasta el día de hoy.

"Soy mejor si pienso en ti" y en tus paseos por las rondas que debe haber donde descansas en paz, porque también te encontrarás con los amigos que Dios va llamando para que entre vosotros os contéis los chascarrillos propios del pueblo y su vida diaria.

"Soy mejor si pienso en ti" y el peso de esos años que se cumplían cada vez con más dolor y carga, arrinconado por cualquier malestar y buscando el abrigo de las nagüillas y la candela, mientras se veía pasar a la gente por la ventana del comedor.

"Soy mejor si pienso en ti" porque sé lo importante que es la Universidad de la familia a pesar de los títulos que se tengan y la trascendencia de los consejos a pesar de las experiencias vividas.

"Soy mejor si pienso en ti" porque sé que llevabas la Iglesia en tu interior, así como yo la llevo también hoy y se te llenaba la boca hablando de los tuyos como a mí se me llena hablando de ti.

"Soy mejor si pienso en ti", aunque no estoy seguro si habrá que ir bien vestido por las avenidas del cielo o manteniendo la prudencia conduciendo algún vehículo de esperanza en el que sigues los movimientos de todos los tuyos para que nunca nos pase nada y por eso nos sentimos tan vigilados y protegidos sin ver a nadie a nuestro alrededor.

"Soy mejor si pienso en ti" y espero que tengas quien te de las pastillas que sigas necesitando, las que te ponía mamá delante del plato y que, donde te encuentres, también necesitarás de esas càpsulas que deben estar hechas de ilusiones por vernos con ganas de luchar y seguir batallando por ti.

"Soy mejor si pienso en ti" y en los espacios que ocupabas en la casa, en tu sillón escogido y tu sitio en la cama, en tu silla preferida en la cocina y en tu espacio del tranquillo, para saludar a todos los que pasaban por la calle y aprovechar para arrebatarle una colilla al paquete y seguir inhalando humo de estar vivo porque era tu mejor aliado y tu incondicional enemigo.

"Soy mejor si pienso en ti" porque así también pienso en mamá y su coraje, ese sabor a casa que lo hace con sus manos benditas y los pasos que balancea, los mismos que daba cuando iba a darte una vuelta para saber cómo estabas a toda hora.

"Soy mejor si pienso en ti" porque así también pienso en mis hermanos y sé que estamos unidos por la herencia del compromiso con el ejemplo y la tristeza compartida de tu marcha , aunque haya sido a un lugar más tranquilo y silencioso.

"Soy mejor si pienso en ti" porque espero seguir haciendo todo en esta vida para que siempre te sientas orgulloso de mi y mis actitudes, imaginándome esa cara de alegría que ponías cuando sabías que habíamos dejado todo el empeño para que el cariño y los besos brotasen desde el alma.

"Soy mejor si pienso en ti" porque también tendrás que vivir todas las estaciones y te pondrás ropa de entretiempo, porque habrá algún cine para que disfrutes de las corridas de toros y porque ya serás parte de una peña de fútbol.

"Soy mejor si pienso en ti" y por eso te seguiré escribiendo cartas aunque pase el tiempo, porque quiero que sepas que nunca nos olvidaremos de ti.

Gracias por todo lo que hiciste siempre por todos nosotros en la casa y sólo por eso, que no es poco, "seguiré siendo mejor, cada día de mi vida, si sigo pensando en ti".

Un abrazo grande. Tu hijo


Juan.

jueves, 21 de mayo de 2015

MI APELLIDO SE VE POR LA VENTANA

Siempre he creído que los apellidos son palabras que siguen a los nombres de pila y se transmiten de generación en generación, correspondiéndose con una casa y unas costumbres que también pasan de generación en generación.

Sin embargo, los apellidos maltratan las relaciones humanas porque crean distancias y generan abismos en los procesos de comprensión e interrelación, lo que momifica las culturas y aísla a los seres humanos en minúsculas agrupaciones que se disputan el origen del apellido, con la única excusa de no pertenecer al mismo clan que el vecino de enfrente.

Todos fuimos creados del mismo modo y a todos se nos debiera llamar de la misma manera, pero el apellido ayuda a identificar y a evaluar, nos señala la ubicación exacta de un despacho y está en todas las tarjetas de presentación.

Un apellido nos hace sentir fuertes o nos catapulta a la más triste soledad, porque hay una trayectoria que no ha sido aceptada ni asumida por la sociedad, porque hay algo incomprensible en el color de la piel que acompaña al apellido o denota morbo o jocosidad que no se tolera por algunos.

Por ello, hemos de convencernos que los apellidos debieran ver por una ventana al mundo y deberíamos procurar que cada uno tuviese una ventana definida, procurando limpiarla diariamente para que estemos mirando el mundo de la calle, conociendo lo que pasa, porque todos tenemos el mismo derecho a ver por una ventana similar.

Al mismo tiempo, nuestra preocupación por ver más allá de nuestras narices es una oportunidad para que los demás te vean con claridad, acierten a saber quién eres y te cataloguen porque la transparencia del cristal de tu ventana permita ver a tus padres y familiares a tu lado y así sabrán quien eres, algo mejor que negarse a pronunciar un apellido.

Y no sólo ver a los seres humanos sino ser capaces de observar a toda una familia, la que es propietaria actualmente del apellido con el que se pretende marginar y aislar, marginar o desplazar a algún ser humano por su condición física o psicológica, pues a su lado tiene una historia de vida de personas que son parte de su sangre, tan nobles como entusiastas, que han contribuido a crear espacios para una sociedad ahogada por la densidad de los maltratos físicos y verbales.

Un apellido, por tanto, debiera ser un motivo de transparencia para que todos filtrásemos nuestros rayos de luz, a veces pesados por la herencia de sufrimiento y, en otros casos, llenos de un vivo reflejo de bondad y apoyo, condicionando así que la ventana de Manolo se vea igual que la de Esteban o Marisol.

El hecho de que todos nos llamásemos por el nombre que la vida nos otorgó al nacer y con el que nos bautizamos y llegásemos a mirar por la misma ventana, con su apellido, nos permitiría saber que debemos tener una casa para vivir y dispondríamos de una familia que nos representase, con lo que los derechos fundamentales estarían garantizados durante nuestra infancia y adolescencia.

Creo que la ventana no dejaría pasar las ironías y vergüenzas y el cristal se empañaría con los epítetos que intentasen acobardar y herir, con lo que el apellido estaría protegido de la sociedad vinculante y alienante.

Ya me imagino a un Juan Ventana y a una Maribel Ventana, para que por el apellido todos tuviésemos las mismas oportunidades y se nos exigiesen los mismos deberes, pudiésemos reclamar los mismos derechos y disfrutáramos de todos los requisitos más elementales para satisfacer nuestras necesidades básicas.

Nadie sabría quién tiene un televisor de más pulgadas que el vecino por el apellido ni tampoco nadie sabría si hay orgullo en ese otro apellido, pues la ventana no es chismosa con la calle.

Me agradaría que hubiese amor sin apellidos y primeras comuniones sin apellidos, convocatorias sin apellidos y cartas sin referencias a apellidos, porque todo sería más blanco y manifiestamente igualitario, contribuyendo a crear un mundo con un principio más hondo de igualdad de oportunidades para todas las ventanas.

Tu amigo, que nunca te falla.


JUAN


domingo, 17 de mayo de 2015

ESCUCHAME UN RATITO

Cuando alguien no nos presta la atención que solicitamos nos enfrascamos en creer que vivimos aislados y sin despertar el interés preciso en nadie más, con lo que se profundiza nuestro sentimiento de soledad más honda y triste.

A veces, si hacemos una pregunta a alguien caemos en la incertidumbre de reconocer si mereció la pena hacerla por cuanto estamos a la deriva, ya que siempre hay otros intereses que pueden permitirle a otras manos alzadas lanzar la pregunta prefabricada para una respuesta meditada y elaborada, con lo que a vista y paciencia de todos hubo una capacidad de respuesta adecuada al interés general.

Hay momentos en que el ruido de la calle no nos permite escuchar atentamente la llamada de atención del vecino y nos mantenemos absortos en la conversación que mantenemos con el más cercano, por lo que evitamos responder excusándonos en el estrépito ambiental y el jolgorio.

Cuando rezamos pedimos que se nos escuche atentamente, aunque nosotros no hayamos escuchado al que nos solicitaba apoyo, de manera urgente, porque es más fácil pedir que dar cuando se tiene y mucho más difícil aún pedir que dar cuando no se tiene.

Se responde con facilidad a una solicitud de amistad en las redes sociales, pero ya nos vamos midiendo en responder favorablemente porque siempre se esconde una duda detrás de un impulso necesario de tener un amigo más.

Sin embargo, cuando se le pide tiempo disponible a una fotografía, porque un familiar o amigo está lejos y quien se quedó necesita confesarse, comentarle, hablarle o acariciar su voz por un momento, la comunicación es pura y sensata, se sabe que está escuchando aunque no haya un cableado entre tú y la fotografía.

En ocasiones, rehacemos una foto antigua y la colocamos bien en el álbum y le dedicamos unas palabras, porque confiamos en que nos esté escuchando más allá de las tapas y de los plásticos que la protegen, del polvo o hasta del maltrato por el paso del tiempo.

Pero la manifestación más real y entrañable, la que creo que trasciende todo modo de comunicación, es aquella que se entabla entre un ser humano que perdió un ser querido y la persona que se fue, como puede ocurrir entre los hijos y la madre que partió, entre la esposa y el esposo que está descansando eternamente, ambos al lado de la paz más eterna y confortable posibles.

Me imagino que en la temática abierta habrá momentos para plantear más dudas y para recordar, para saber si sigue habiendo cariño más que virtual, quizás espiritual, el más etéreo y al mismo tiempo menos frágil, el que sigue perdurando porque se sembró mucho más de lo que nunca se pudo esperar.

Y cuando se habla con la figura del retrato, con la fotografía o el recuerdo, se le pide que abra su comunicación con una frase muy sencilla "Escúchame un ratito", porque los diminutivos perduran más allá de la muerte y ahí es donde la franqueza hace acto de presencia y se confía todo lo que nunca se fue capaz de decir y transmitir y los abrazos saben a verdadera gloria.

En la respuesta de la persona contactada, la que se nos fue para siempre, están las fuerzas que adquirimos para seguir luchando, como le ocurre a un carro eléctrico y el cambio de ánimo tan radical, volviendo a presentarnos a la vida como si hubiésemos recibido el mejor de los consejos y hasta el esfuerzo rinde más porque nos cansamos más.

Sigue pidiendo a las fotografías de quienes se fueron de tu vida que te escuchen un ratito y no dejes de hablarles porque ahí está la esencia de las relaciones humanas, en mantenerlas vivas por siempre, más allá de la misma muerte y su despedida.

Yo, a veces, hablo con las fotos de mi abuela y de mi padre y les pregunto si les falta algo que yo pueda darles desde aquí y también hablo con el recuerdo de mi tito Antonio, un ser especial en mi vida.

Te aconsejo que no pierdas el contacto hasta que las redes sociales nos permitan, algún día conectarnos directamente con ellos y ellas.

Tu amigo, que nunca te falla.


JUAN

jueves, 14 de mayo de 2015

PASO A PASO

A veces, el corazón nos juega malas pasadas al querer hacerlo todo en caliente, tal y como sale del horno del corazón, como si no hubiese tiempo para reflexionar sobre los pasos que vamos a dar y los tropiezos que podríamos tener. En pocas palabras, actuamos como adolescentes arriesgados, convencidos de su auto control y su capacidad para emprender en lo que sea.

Convendría, estoy seguro, confiar más en la actitud de los recién nacidos inseguros y con temor al fracaso en el primer intento o de los abuelos, cargados de sabiduría y templanza, con la paciencia necesaria para construir sus aspiraciones paso a paso, apoyándose en sus propias críticas y analizando el terreno para no caer en el intento, aunque fuere para llevarse un bocado de comida a la boca, empujado por una mano temblorosa y con una visión muy apagada.

Los consejos se administran poco en la madurez temprana, pues se regalan a prisa, como si quisiésemos que los demás no los aprovechasen en su totalidad y que tuviesen un impacto mediocre. Sin embargo, la abuela nos sienta a su lado y nos pregunta por nuestro estado de ánimo, nos mantiene serenos para que captemos mejor la frase y la interioricemos con prontitud, para finalmente lanzarnos el compendio de experiencias que nos van a saber al mejor consejo del mundo, pero siempre paso a paso.

No es raro ponerse el delantal y querer preparar una comida con toda la premura del mundo, esperando comerla tal y como salga del horno, pero cuando todo se huele y se saborea, se mueve y se adorna con la elegancia del trato del mejor chef del mundo, estamos listos para degustar un verdadero manjar, aunque a veces olvidemos lo del paso a paso y pretendamos darle a todo un toque de verdadera prisa.

Miramos conforme pasamos por delante del otro y saludamos por obligación, sin mirar y casi sin gestos, pero al final del día y sentados en la cama antes de conciliar el sueño nos arrepentiremos de no haberlo hecho paso a paso, como correspondía al trato hacia un amigo, vecino o familiar.

Opinamos por compromiso y nos despreocupamos del ejemplo que podríamos haber arrastrado al emitir un criterio, ya que a veces nuestras palabras pudieron haber arrancado otro gesto de cercanía en el saludado y se hubiese propiciado un acercamiento, tan necesario como diario en el trato de la vida de la calle.

Escribimos rápido y así resulta a veces la ortografía, por no haberlo hecho paso a paso, dándole la oportunidad a todos los puntos y coma, las comas, los puntos y seguido y los acentos para que estén presentes en nuestros pensamientos y relatos, sin derramarlos en el párrafo con una escopeta de sal y sin sentido.

Abrazamos y nos despegamos como si nos hubiese dado la corriente, sin haber aprovechado los segundos de dos cuerpos unidos por un amor de pareja, fraternal, familiar o de pura y llana amistad, evitando ese paso a paso del saludo, la comprensión, los recuerdos y las añoranzas que, siempre, debieran ir colgadas de un simple abrazo.

Nos enfermamos y queremos recuperarnos rápidamente, sin darle tiempo a la medicación para que lleve a cabo su acción farmacológica, ahondando nuestro mal y precipitándolo a la unidad de cuidados intensivos de las relaciones con prisa, o sea, al olvido más manifiesto, por el simple hecho de no haber ido paso a paso.

Nos despegamos del núcleo familiar y nos independizamos y lo hacemos a la prisa, sin haber comprometido nuestro esfuerzo para mantener viva la llama y la fotografía del ambiente más cercano y el que nos dio la vida en el regazo más parecido al nido, en los brazos de los padres, por no ir paso a paso.

Nos enamoramos y vamos rápidamente buscando la mayor satisfacción posible en la relación más intensa que podamos alcanzar, con lo que el encanto de las miradas empieza a dar paso a la intensidad del roce y se pierde ese paso a paso que hace más intensa una relación humana, la que hubiese tenido más adelante un roce más maduro y unas miradas más compartidas.

Nos despreocupamos de las miserias de un mundo que dice estar en cambio y procuramos darle vida a nuestro bolsillo de la forma más aireada y veloz posible, pero en nuestra propuesta quedan otros absortos y sin comprender la razón verdadera de haber venido a este mundo, porque no todo se hizo paso a paso y pensando en los demás.

Enseñamos a nuestros hijos el arte de imprimirle velocidad a sus movimientos y sus deberes, sin darles tiempo para que el paso a paso les permita comprender y criticar, desde sus edades más tempranas y luego encontramos seres humanos con una carga de contenidos que no saben gestionar y sin capacidad de emprender en la lucha de abrir oportunidades en un mundo que debe ser cuestionado desde el alba y hasta el anochecer con el mejor de los deseos, para que los demás disfruten de las mismas oportunidades que nosotros tuvimos en nuestro propio peregrinar.

Ir paso a paso no significa ser lento ni mantenerse aturdido, sino aprender a ser un investigador de nuestro propio ambiente y un luchador comprometido en el reconocimiento de que todo tiene un verdadero sentido en nuestro propio existir y de donde debe irrradiar esa sabiduría capaz de invertir en consejos y ejemplos, con lo que se aportaría a la construcción de un mundo más justo y democrático.

Tu amigo, que nunca te falla


JUAN